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11 de septiembre de 2025

Sarmiento ya está en el bronce…

EN ESTE DÍA TAN ESPECIAL QUIERO ABRAZAR A
QUIENES  SIENDO NIÑO, FUERON MIS MAESTRAS


   Desde  la tarima de los tiempos, ahora que puedo al menos intentar lucir mis 86 flamantes añitos, con más de seis décadas y media de ejercicio ininterrumpido de este vicio -el periodismo al que muchos le llaman “profesión”- intento revivir aquellos tiempos de nuestra grandeza como país, del casi mágico “granero del mundo”, de los dichos europeos que aseguraban que Argentina tenía una de las mayores reservas de oro y otras riquezas en el mundo; de lejanos entonces que salíamos de casa y teníamos la certeza de regresar sin que nos asaltaran, del asado de cada mediodía dominguero, del fanático que podía ir con su esposa y los niños a ver un clásico de fútbol sin tener que resignarse a terminar en un hospital o en la comisaría, de ir al almacén del barrio y con cinco pesos comprar azúcar y yerba, de cuando dejábamos la bici apoyada en un árbol  en la vereda frente a nuestra casa y nos íbamos a dormir y al otro día esa bici todavía estaba allì, en fin, me refiero a tiempos idos, en los
que al cantar “Aurora” mientras el lienzo celeste y blanco alcanzaba las alturas, dudábamos si “…alta en el cielo un águila guerrera” se refería a
la Bandera Nacional o a nuestra maestra.
   Mi admiración, mi respeto y mi cariño por ellas.
   Por las de ahora y por las otras, las que quedaron allá lejos pero muy dentro de mí, atesoradas en un rincón de mi alma de niño.
   Porque al activar esa caprichosa parte del cerebro y del alma que se empeña en manejarme la memoria y viajo hacia mi escuela primaria, llego a una especie de bloqueo porque a una de las que fui, ahora es un coqueto shopping y la otra, el Pio Décimo de los salesianos, es como si se me hubiera traspapelado en esa añosa bruma que atesoran los almanaques.
   No creo que aunque el prócer lo merezca sea momento de ocuparme del Sarmiento. La historia ya lo llevó al bronce merecido porque  evocar tiempos pretéritos, asumo de venir de años en que la maestra, hasta segundo grado, era en verdad nuestra segunda mamá.
   De tercero a quinto se transformaba en  la persona que más sabía de la vida y sobre todo la que no perdonaba los horrores de ortografía, mi desequilibrio matemático o los equivocados tiempos de los verbos.
   Ya en sexto cuando teníamos otros ojos para verla,  dejaba de ser la segunda mamá, la peor de nuestras censoras, la que nos convencía que el Everest  era más alto que el Cerro de las Rosas, y que San Martín había cruzado los Andes.
   Y ya frente a nuestra explosión hormonal casi inmediata, se transformaba en un precoz objeto de deseo.
   Por eso no olvido mis primeros viajes imaginarios a los más recónditos rincones del planeta, la importancia del Pi 3,1416 o aquella fantasía de las
frases que según la edulcorada y poco documentada historia, habían pronunciado nuestros próceres y mártires al morir.
   No por una reacción tan humana como oportuna para la edad y el desarrollo, olvido las torneadas piernas de Marta Ceballos, los ojazos y la ternura de Gloria Perla Grimaut de Milich quien partió casi centenaria pero siempre lúcida y memoriosa.
  Debo confesar como “enfermo de sincericidio ineludible”, que también me resulta inolvidable el fervor etílico de un par de maestros “mangines”, uno cura obviamente gordo y el otro civil y macilento,  que tenía en los salesianos y hurgando en aquellos ayeres, tomo como ejemplos a la Mima, Rosalba, Lucy Scanferlatto y muchas otras.
   Ahora, desde el “observatorio” que  generosamente me dan los años, valoro mucho más el sacrificio y el compromiso de la vocación por enseñar, al menos en aquellos tiempos que la maestra desde su sabiduría, era ejemplo a imitar y no compinche para sus alumnos,
porque asumía el valioso y patriótico compromiso de educar y formar a varias generaciones; era la docente que se pelaba las pestañas en el aula y llevaba tareas a su casa y era el arquetipo, la consejera integral porque nos instruía para el aula y para la vida, a diferencia de la actualidad que son cocineras, confidentes, enfermeras, asesoras en materia de sexo y administradoras.
   Antes si el niño tenía malas notas, el culpable era el niño, como nunca debió ser de otra manera.
   Ahora la modernidad la transformó de tan injusta manera que si el niño no pasa de grado a la culpa se la endilgan a la maestra, muchas veces obligada a soportar agresiones del grupo familiar de algún descarriado.
   En los penosamente recientes, complicados e inciertos tiempos de pandemia la entrañable figura de ella, la maestra, adquiere dimensión monumental por su ausencia, aunque se busque asignarle presencia cósmica que no es lo mismo porque no reprende cuando alumnos lo merecen ni los abraza o los consuela cuando desesperadamente lo necesitan.
   Mi homenaje que cada año les rindo, no va dirigido tan solo a quienes
tuvieron la dura tarea de intentar desburrarme, sino a las que me marcaron un camino de decencia, de honestidad, de respeto y de compromiso con el prójimo.
   Aquellas maestras, mis maestras, siguen siendo iguales a las maestras de hoy, con los cambios lógicos que sobrevinieron con la llegada del progreso en las comunicaciones, la televisión, la cibernética, internet,  la naciente “inteligencia artificial” y otras evoluciones, o no poder tenerla cerca por culpa de la peste patentizada por  un minúsculo bicho más pequeño, muchísimo más pequeño que el ojo de una ita.
   Porque si hablamos de vocación, cada maestra sabe cuál es la cuota de entrega que ha puesto al servicio de sus alumnos estando presente o aislada por la exagerada cuarentena que por culpa de su manejo político más que científico y humano, no logró disminuir los miles y miles de casos que terminaron en una gigantesca fatalidad que aún lloramos.
   Mi admiración, mi respeto y mi cariño por todas ellas.
   Por las de ahora que cargan nostalgias por no ver a sus endiablados alumnos y por las otras, las que quedaron allá lejos pero muy dentro de mí, atesoradas en un rincón de mi alma de niño.
GONIO FERRARI
 

16 de julio de 2023

S.L.B.: A LA INSEGURIDAD SE LA DERROTA MÁS CON COHERENCIA Y PROFESIONALISMO – LA ECONOMÍA LUCE ARTIFICIAL COLOR “BLUE” EN UN ESCENARIO DE GALOPANTE INFLACIÓN – LA INSOSLAYABLE OBLIGACIÓN CÍVICA DE VOTAR – LA MEGACAUSA Y EL TEATRO – DEBEMOS RECUPERAR EL RESPETO POR NUESTRO IDIOMA – LAS MALAS PRÁCTICAS EN CAMPAÑAS PRECOMICIALES – DESPEDIDA CON SARMIENTO, ETC.

Desgrabación de los comentarios del periodista  Gonio Ferrari en su programa “Síganme los buenos” edición nº 786 del domingo 16/7/23 difundida por la AM580 Radio Universidad Nacional de Córdoba.
 
No basta con un oneroso presupuesto
A  LA INSEGURIDAD NO SE  LA  DERROTA  SÓLO  CON
ARMAS SINO CON COHERENCIA Y PROFESIONALISMO
 
    Para Córdoba, al menos para nosotros, la cuestión de la inseguridad se ha metido tanto en nuestra piel, en nuestra habitualidad pasando a formar parte del escenario natural de la vida, que hemos caído a un pozo parecido al que alberga las resignaciones y los destinos porque vemos con espanto que el poder camina de tropezón en tropezón, y las señales que le aporta la realidad a cada instante y en cualquier punto de la ciudad o del territorio provincial, no sirven de nada, salvo para llevarnos al camino de un espantoso padecimiento que no tiene remedio.
   Por eso no es mera casualidad la apelación a la demagogia tanto de los que dicen que gestionan pero viven de fracaso en fracaso, como de aquellos que han ubicado en el lugar privilegiado de sus plataformas, el abordaje de esa cuestión que desde al menos un par de décadas atrás o algo más, ninguno de los colores políticos consiguió resultados aunque fueran menores, en la lucha contra el hampa y el narcotráfico, cuyos referentes de esas ilegalidades se movieron a sus anchas y en ciertos casos ni siquiera molestados, porque al amparo de una curiosa y extraña impunidad se adueñaron de la ciudad y de todas las poblaciones, donde la excepción al contagio es tan pequeña como enorme es el desarrollo y el fortalecimiento de la ilegalidad.
   Y como si una vez más nos vendieran los mismos espejitos y cuentas de colores, pero con tecnología de avanzada y a elevado costo y en actitud de colocar parches y remiendos, pretenden que caigamos también por enésima ocasión en creer que los resultados serán óptimos como ellos los pintan desde su triunfalismo mentiroso y exagerado, que disimule sus improvisaciones, en lugar de optar de una buena vez por la seriedad de la aplicación formal de una auténtica política integral de seguridad, su implantación y control, que contemple desde su base la profesionalización de los cuadros policiales, para que el ingreso y la permanencia en la fuerza azul deje de ser bolsa de trabajo para la militancia del poder político de turno.
   No es posible que de tanto en tanto vayan apareciendo casos de efectivos, cuyos antecedentes no condicen con las exigencias de la responsabilidad de imponer la ley, como tampoco es saludable que la sociedad cordobesa siga esperando saber qué pasó, tomándolo como caso aislado, con las decenas de armas que desaparecieron de la mismísima Jefatura unos años atrás, algunas de ellas secuestradas en hechos delictivos posteriores, con lo que la conexión entre la policía y la delincuencia quedó penosamente demostrada.
   De poco sirven los cambios de nombres y los relevos y reemplazos que si los llevamos al ámbito hogareño, no pasaban del clásico “chas chas cola”, un tironcito de orejas o de un liviano laxante lo que pomposamente se anunciaba como “purga” en la institución.
   Los gastos desenfrenados continúan, las compras directas siguen en su esplendor, mientras la ciudadanía aun no toma conciencia que toda esa parafernalia de dudoso éxito como vemos, pasa a formar parte de la sideral deuda que sigue acumulando la provincia y que deberemos pagar todos, a través de los mecanismos impositivos, a menos que se nos ocurra emitir moneda propia y fabricar también nuestra propia inflación o la inevitable cesación de pago.
   La delincuencia no afloja, los casos se multiplican, aparecen nuevas formas de despojos, el ingreso a la violación de las leyes es cada día más precoz, las cárceles están colmadas y el componente droga ya pasó a formar parte de la generalidad, dejando a salvo sin caer en la trampa, de hacer sinónimos entre pobreza y delincuencia.
   No apreciaremos soluciones en lo inmediato, pues mientras el poder no sepulte esa malsana costumbre de los remiendos y las improvisaciones, nada lograremos como mejora superadora de nuestras angustias, si no se asume con seriedad y no sólo como ahora en tiempos de campaña proselitista, esa imperiosa obligación de instaurar una auténtica política integral de seguridad, que se inicie con una profesionalización seria de todos los cuadros, sin amiguismos ni presiones políticas.
   De lo contrario, es como si viviéramos en el horno y me encantaría saber que al menos un cordobés dijera que eso no es verdad.
 
El drama, barrera para el crecimiento
EN LA ECONOMÍA SE LUCE EL ESQUIVO COLOR BLUE
DENTRO DEL ESCENARIO DE INFLACIÓN GALOPANTE
 
   En la etapa de la vida que los recuerdos nos llegan como la más dulce, que fue la pre adolescencia, debo confesar que antes de aquellos años inolvidables me fascinaban los ojos dorados de las mujeres aunque años después me encandilaban los ojos azules y con el correr de los años esas preferencias que se alternaban volvieron a ocupar mis pensamientos y anhelos.
   Más o menos lo mismo puede que me hubiera sucedido con el dinero en su forma física de papel, porque el metálico dorado de las monedas era visualmente atractivo pero el valor monetario residía en el papel y al igual que miles, millones de mortales de esta Argentina sorprendente, nos rendimos ante el azul, vaya ironía, de los billetes verdes.
   Al igual que en la Venezuela actual es posible que te pasees por el centro haciendo trámites bancarios, llevando tus devaluados billetes nacionales y populares en una carretilla, mientras que los potentados de verdad frecuentan las cuevas donde el valor real del dinero tiene imaginario color azul, pero en realidad es verde como siempre lo han sido los dólares, ante los que rendimos la pleitesía de los ansiosos, por hacer alguna diferencia especulando con lo  bien o lo mal que nos vaya en las lacrimógenas gestiones que realizan quienes manejan nuestra economía, ante los universales usureros del Fondo Monetario Internacional que está allá lejos en la distancia, pero desde aquellas lejanías del Tío Sam manejan los hilos financieros de nosotros y de otros países a los que coincidieron al enrolarlos entre las naciones pobres pese a sus potenciales y desaprovechadas riquezas.
   Resumiendo, entre nosotros sabemos que el sufrimiento y la ganancia es siempre de ellos, porque les conviene nuestra ya histórica morosidad que les asegura nuestra callada dependencia, aunque algunos piquetes puteen contra yankilandia, quemen su bandera y juren que no pagarán lo que deben, aunque después pagan eso más la brutalidad que significa ser hijos putativos de la usura a la que nos estamos refiriendo en nuestra penosa, callada y silenciosa condición de vasallos y sometidos a la miseria que provoca el hecho de tanto deberles y tan pijoteramente pagarles.
   Todo esto que les comento es una madeja llena de nudos que siempre está al borde de cortarse y hacer que caigamos al abismo del “defol” que algunas veces debimos visitar, y tanto nos costó asomar la cabeza para que nos reventaran a patadones la frente y después ellos mismos nos vendieran las vendas y los antibióticos, para que de nuevo reiteráramos nuestra histórica vocación de deudores, súbditos y sometidos.
   Y todo este palabrerío que tanto me costó hilvanar, para encontrarle una causal valedera a ese fenómeno apestoso que se llama inflación, que entre nosotros es saber que padecemos cáncer pero tratamos de disimularlo diciendo hacia adentro que es un resfrío.
   Y así seguimos pedaleando en un vano intento de disfrazar la realidad mintiéndonos los números, en un pecaminoso onanismo del que somos íntimamente conscientes, pero nos averguenza reconocerlo.
   Todos los políticos debieran asumir su cuota de irresponsabilidad por haber sido instrumentos, unos más y otros menos, que determinaron nuestra inopia que en buen romance es indigencia, pobreza y escasez que atacó primero a las clases más postergadas y luego anidó en la clase media, empujándola hacia abajo.
   El mejor juez para estas situaciones tan destructivas ha sido siempre el tiempo, que se transforma en historia que alimenta a la memoria, y en estos casos, nada mejor que evocar situaciones apoyados por la infalibilidad de los números: mientras gobernó Néstor el dólar azul que es el corriente y marginal a casi todos sus efectos creció un 320 por ciento, de un peso a $ 3 mangos y 20 centavos; con ExElla de aquellos $ 3,20 a $ 17, un 466 por ciento; con el vapuleado “domador de reposeras” de 17 pesos a $ 48 o sea un 182,35 % y en lo que va del pulcro Dr. Fernández y sin actualizar al día de hoy que anda coqueteando cercano a los 525 pesos, cifra que partió desde los $ 48, nada más que llegando a un 935 y pico por ciento.
   Estos números son, en definitiva, los que alimentan a la inflación que se encarga de castigarnos, aunque las culpas nazcan en el seno del poder por su fracaso en la conducción.
   Confieso sin avergonzarme que no terminé el secundario por culpa de las matemáticas porque la situación familiar me obligó a trabajar y entonces, pero estos números no son míos, sino de lo que nos enseña la tecnología cibernética, tan obsequiosa hacia la desesperante realidad.
   Una realidad que desde el llano sólo podemos modificar a través del voto, porque en el poder todo indica que esos objetivos no son los que consideran preocupantes.
   Si lo fueran, viviríamos en el paraíso.
 
Abstenerse es un acto de indiferencia
LA INSOSLAYABLE  OBLIGACIÓN DE VOTAR ES COMO
UN COMPROMISO CÍVICO NECESARIO DE ENALTECER
 
   Una marcada inquietud surgida de los números difundidos de las últimas elecciones en distintos puntos del país, no deja de ser una señal de alarma por la caída de los porcentajes de votantes con relación a similares acontecimientos anteriores.
   Las causas son un tema para que lo estudien y esclarezcan los sicólogos por una parte y la conciencia de los políticos por otra, a la que deben íntimamente consultar previo reconocimiento de las falencias propias y con sentido de honesta autocrítica, para encontrar una explicación a esa decrepitud del fervor de otros tiempos, a los que se solía definir como fiestas cívicas y los más optimistas las calificaban como el camino hacia el reencuentro de los argentinos.
   El hecho de votar, en lo personal, tiene el transparente significado de participar de nuestro común destino como República; en la integración individual a la masa popular, en la conformación de intervenir individualmente en la tarea de reconstrucción que también nosotros, aparte del poder, nos estamos debiendo.   
   Tengamos presente que al no participar, se adelgaza paralelamente nuestro derecho a cuestionar los resultados, por negarnos a ser una parte de ellos y si lo miramos desapasionadamente, no deja de ser un acto de cobardía cívica, imperdonable más aún en estos tiempos de crisis que tanto nos afecta.  
   Así como Jaime Barylco estima que las fiestas patrias para muchos sólo sirven para lavar el auto, tengamos la grandeza de participar en las históricas decisiones del pueblo y no limitarnos a esperar que otros sean quienes decidan por nosotros.
   Desde todos los sectores del amplio y variado arco ideológico han puesto en funcionamiento sus promesómetros, en un festival parecido al reino de la demagogia, porque todos aseguran bondades que siendo gobierno no las supieron instrumentar y allí debe estar el claro sentido de la participación a la hora de optar.
   No hacerlo, vendría a ser una especie de autocondena al silencio, precisamente en tiempos que el silencio es demostración de debilidad interior, cuando tenemos la posibilidad que la democracia nos regala, para pensar a través de las urnas.
   No hacerlo y sin que se trate de una ofensa, equivale a encriptar nuestro pensamiento y vulnerar una oportunidad de hacernos escuchar.
 
Megacausa del Registro de la Propiedad
EXPRESIÓN “TEATRAL” QUE DESNUDA ALGUNAS
CURIOSAS  MANERAS DE ADMINISTRAR JUSTICIA

   En una obra de teatro protagonizada en las puertas del Palacio de Justicia de la capital cordobesa un Juez vestido de larga túnica negra pregunta a un Fiscal: ¿De qué se acusa a este hombre? A viva voz el Fiscal responde que el acusado ha falsificado documentos en perjuicio de la Provincia. 
   El Juez pregunta entonces: ¿Cuáles son las pruebas? Contrariado, el Fiscal responde que en realidad no tiene pruebas, pero que eso es debido a la gran habilidad del delincuente para ocultarlas. El Juez insiste: ¿Y cómo sabe que es un delincuente si no tiene pruebas, hay alguien que lo acuse? El Fiscal visiblemente fastidiado replica: ¿Pero no le ve la cara? Por supuesto que hay testigos, pero no se quisieron identificar.
   En ese momento el abogado defensor del acusado levanta su mano para pedir al Juez que cite a declarar a esos supuestos testigos, a fin de confrontarlos como marca la ley, pero recibe como contundente respuesta: ¡Eso es Imposible, si nadie sabe quiénes son!
El Fiscal agrega: Su personalidad indica que es culpable, y aunque no tenemos pruebas, hay grandes indicios: habló por teléfono con sus compañeros de trabajo y además tiene sus números en la agenda del celular.
   Entonces el Juez concluye: Eso es gravísimo, no quedan dudas, es culpable como ha dicho el Fiscal, ¡que permanezca en prisión preventiva hasta que lo condenemos en el juicio!
   Los guardias se llevan al hombre y concluye la obra. 
   Cualquier parecido de esta puesta en escena con la causa del Registro de la Propiedad de Córdoba, bien vale asegurar que no es pura coincidencia.
 
El respeto por nuestro riquísimo idioma
DESNATURALIZAR SU ESENCIA ES SÍNTOMA DE SERES
PORTADORES DE UNA CURIOSA E INFANTIL LIVIANDAD
 
   Nuestro idioma, según sostienen los entendidos, es el más rico en cuanto a cantidad de vocablos, lo que de por sí hace más fluida y detallada la conversación, al igual que su escritura por la enorme cantidad de sinónimos de cada término -apreciación personal- que hace a la lengua española como la más amplia y permite hacer de un relato, por ejemplo, un cuadro pintado al óleo, un dibujo a lápiz y quiero también incluir a la narración de los detalles de una una fotografía.
   Todo este preámbulo para sostener con firmeza la inutilidad o mi rechazo liso y llano a eso que dieron en llamar “lenguaje inclusivo” institucionalizado en algunos ámbitos, que altera la comprensión tanto de lo escrito como de lo manifestado de manera oral.
   Muchas personalidades se han opuesto a ese remedo de integración idiomática asexuada, neutra, que muchas veces es como si la frase o la oración no terminaran, con la contundencia que tienen las manifestaciones en nuestro idioma normal.
   Por eso me tomé el atrevimiento de elegir ejemplos que pusieran claridad en la disputa generada, especialmente cuando la aplicación de esa novedad traída de los pelos, pretende instalarse en la educación primaria.
   Al respecto, una educadora dio en el clavo a mi entender, que puede ser considerado como un poquito por encima de lo elemental, pero escúchelo, analice, y después seguramente tendrá mucho en qué pensar.
   No se escandalice, ni se lo pierda…
  El atractivo audio al que se hace referencia puede ser ubicado buscándolo en el sitio respectivo, parte superior de la columna a la derecha de este blog.
 
No son nuevas y siempre existieron…
MALAS  PRÁCTICAS EN  CAMPAÑAS  PRECOMICIALES
O EL PELIGROSO AGOTAMIENTO DE LA INTELIGENCIA
 

   De ningún modo vayan a pensar que dudo de la honestidad de nadie, pero tampoco es para ser callado cómplice o silente encubridor de ciertas travesuras, que de manera creciente se vienen perpetrando aquí muy cerca de nosotros, en las vísperas de cualquier acto comicial en que esté en juego el acceso a cierto poder.
   Es tradición por ejemplo hablar mal del adversario, desnudarle algunos secretos, fabricarle otros o embarrarlo al vincularlo con nuevas o vetustas causas judiciales, pero lo importante es ese metejón por enlodar, por ubicar al que piensa y promete distinto, como sea en la convicción que cada una de esas maniobras tendrá propio beneficio y ajeno desprestigio, porque cualquiera de los dos resultados es la ganancia o la pérdida en votos y está visto que ciertos objetivos se alcanzan en honor a la cantidad dejando de lado la calidad.
   Lejos en los tiempos quedaron los nocturnos y aporreados encuentros de militantes adversarios en las noches de pegatinas de carteles, porque ahora tal acción los políticos en su mayoría la tercerizan y bien remunerada, con lo que mucho de la magia ideológicamente combativa y especialmente su simpática apelación a la pintura y al engrudo pasó a la historia reemplazada por el laburo ajeno, el pago en las redes sociales, la alevosa publicidad oficial de la que abusaron todos los colores pero nunca tan escandalosa como en este presente, que para colmo pagamos todos porque después hay que recaudar impuestos, en lugar de escudriñar qué gastos se realizan con fondos partidarios.
   El debate ya pasó de moda porque como están las cosas, debieran hacerlo en un ring reemplazando a los estudios de TV con un agregado: se preguntarán en este caso por una mirada a la igualdad de géneros, cuando la modernidad nos muestra que también ellas en muchos cuadriláteros del mundo, también se cagan a trompadas en nombre del boxeo y en ofensa a la tersa femineidad.
   Mezclar al contrincante con la droga no es nuevo sino que viene acentuado como maniobra, llamémosla desacreditatoria de honestidad, o vincular a familiares en delitos aunque sean leves porque lo importante es romper esa coraza de decencia que todo candidato se ve obligado a calzarse, algunos de ellos a sabiendas que esa coraza sea medio trucha.
   Sin embargo pispeando las declaraciones juradas así al voleo, que vendrían a ser el confesionario sacro donde van todos a parar, viéndose obligados a decir la verdad jurando por Dios aunque sean ateos, es cuando en estos tiempos donde todos nos conocemos, llegamos a sorprendernos y terminamos echándole la culpa a las amnesias, las equivocaciones, los errores conscientes o la criolla avivada por lo pícaros que son.
   Es sorprendente, en estos tiempos, que los autos incluyendo a los de alta gama sean tan baratos, que las propiedades inmuebles estén con valores de casi liquidación incluyendo en los barrios cerrados, que los terrenos por su precio declarado sean accesibles para todos y que los sueldos pelados, sin el agregado de los viáticos, pasajes, desarraigos y otras ventajas, virtualmente hayan desaparecido o estén prolijamente escondidos.
  Todo este panorama, que obviamente genera incógnitas y lleva a las preguntas en un encuentro público mano a mano, estimo que son los motivos para que haya naufragado esa maravillosa costumbre de ver a dos o más candidatos echándose culpas y esquivando cascotazos, pero de frente y sin distancias.
   No hay caso.
   Hasta en la política y más en las previas de elecciones, estamos viviendo la muerte de una mística que nos fortalecía como ciudadanos, ávidos de llegar a la verdad a través de quienes tienen la obligación de decir la verdad y atajar los trompadones como sea, incluyendo los golpes bajos, sea hombre, mujer, o de sexo intermedio.
   Pido disculpas por hacer mi catarsis evocando tiempos idos que por lo que se advierte, no volverán jamás…
   Se me ocurre que todo esto es la previsible fotografía que documenta la muerte de la inteligencia, apuñalada por la espalda por parte de la angurria de poder.


El sanjuanino Domingo F. Sarmiento
DESPEDIDA CON LÍMPIDOS CONCEPTOS DE UNO DE NUESTROS PRÓCERES  ALOJADOS EN  LA HISTORIA
 
   Ejemplo de asistencia perfecta, pasión sin ausencias, lejos de preocuparse por ser agradable o simpático, febril escritor, educador vocacional y fanático de la enseñanza y un hacedor de Patria con la espada, la pluma y la palabra, nacido en San Juan el 15 de febrero de 1811, integrante luego de las fuerzas unitarias contra los federales y perseguido por Facundo Quiroga se exilia en Chile.
    Funda escuelas y edita diarios. Es un escritor empedernido, merodea en Montevideo, participa luego en la batalla de Caseros en la que Juan Manuel de Rosas sufre la derrota, trabaja en las reformas a nuestra Constitución Nacional, lo designan gobernador de San Juan  a lo que después renuncia, viaja como embajador a Nueva York, sufre la muerte de su hijo Dominguito en la batalla de Curupaytí, en 1868 asume la Presidencia de la Nación hasta que en 1874 le traspasa el cargo a Nicolás Avellaneda, luego Roca lo designa superintendente general de  escuelas, en 1888 se embarca a Paraguay donde pocos meses después, el 11 de septiembre de ese año muere de un ataque cardíaco.
  Su herencia política y educativa es de un valor incalculable y se me ocurrió, en homenaje a la síntesis, rescatar de su agitada vida, una sentencia que resume su condición de prócer cuando sostuvo “Las convulsiones políticas traen también la experiencia y la luz, y es ley de la humanidad que los intereses nuevos, las ideas fecundas, el progreso, triunfen al fin de las tradiciones envejecidas, de los hábitos ignorantes y de las preocupaciones estacionarias”.
   Todo un legado conceptual para no desperdiciar.
 
Gonio agradece: Final de la edición 786 de SLB y no
lo olvide:  pase  lo  que  pase y cueste  lo  que cueste,
jamás deje  de ser feliz.   Como  siempre, agradezco a
Mariela Kusik, a Conrado  Vicens, a Sabri Bustos, a  la
polifuncional Cele Pereyra y a Oji en la posproducción.
Siga en la 580, llega “La voz de la paz” con Lita y Lalo.
Gestión, modestamente:  Gonio Ferrari… ¡y equipazo!
Hasta el próximo domingo y muchas gracias…

 

12 de septiembre de 2021

S.L.B.: EVOCANDO A LOS MAESTROS DE AÑOS ATRÁS – SCALONI, SU VARITA MÁGICA Y “LA PULGA” MESSI – MEGACAUSA: EN LA ESPERA DE UNA AUTÉNTICA JUSTICIA – HEMOS GOZADO UNA VEZ MÁS DEL DERECHO A ELEGIR, MARAVILLA DE LA DEMOCRACIA, etc.

Desgrabación de los comentarios del periodista Gonio Ferrari en su programa “Síganme los buenos” edición nº 690 del domingo 12 de septiembre de 2021 en formato reducido ante la veda electoral y difundido en dúplex por AM580 y la 88.5FM ambas dependientes de Radio Universidad Nacional de Córdoba.

¡Feliz Día del Maestro!
ES FASCINANTE PODER EVOCAR UNA SUMA DE
INSTANTES  MÁGICOS, VOLVIENDO A  LA NIÑEZ
 
   Cuando activo la memoria lejana y esa inestable neurona me regresa hacia la primaria, me encuentro con que una de las que fui alumno ahora es el Patio Olmos y la otra, el Pío Décimo de los salesianos, se me traspapeló en la bruma de los almanaques. Soy de los tiempos en que la maestra, hasta primero superior, era nuestra segunda mamá.
   De tercero a quinto grado, la persona en el mundo que más sabía de la vida y sobre todo la que no perdonaba los horrores de ortografía, mi enemistad con todo lo matemático o los intrincados tiempos de los verbos.
   Ya en sexto, cuando empezábamos a saber lo que era el acné, no era tanto la segunda mamá, pero nos convencía que el Everest era más alto que el Cerro de las Rosas, y que San Martín había cruzado los Andes de a caballo.
   Y la maestra, frente a nuestra previsible y humana explosión hormonal, pasaba mágicamente a transformarse en un precoz objeto de deseo.
   Todavía atesoro en los recuerdos mis primeros viajes imaginarios a los más recónditos rincones del planeta, la importancia del Pi 3,1416 o aquella fantasía de las frases según la historia edulcorada, que habían pronunciado nuestros próceres al morir. ¿Es creíble eso de “muero contento …” dicho por un soldado atravesado por diez bayonetazos y cosido a balazos?
   Pero tampoco olvido las torneadas piernas de Marta Ceballos, los ojazos y la mirada tierna de Perla Grimaut de Milich y hoy me sonrojo como entonces, al evocar imágenes del indisimulable fervor etílico de un par de maestros que tenía en los salesianos. Y como íconos docentes por su entrega y sacrificio las evoco a la Mima y a Lucy Scanferlatto.
   Ahora valoro más allá del obvio ejemplo sarmientino, la dedicación y el compromiso de la vocación por enseñar, en aquellos tiempos que la maestra no era “la seño” sino un modelo a seguir, más que compinche para sus alumnos.    
   Educaba y no conforme con ello llevaba tareas a su casa.
   Nos instruía para el aula y para la vida, a diferencia de la actualidad que por imposición de circunstancias están condenadas a ser cocineras, confidentes, enfermeras, asesoras de sexo y administradoras.
   Ni hablemos de la escuela ni de la docencia en tiempos de pandemia porque ellas supieron y saben que no es lo mismo el ejercicio de su docencia en un escenario de angustias, incertidumbres, cercanos pesares y adioses sin abrazos ni despedidas enmarcado todo en lejanías y sin la tibieza de la presencia física pretendidamente reemplazada por una tecnología no accesible para todos.
   Por eso mi homenaje, no tan solo a quienes con su sentido de la generosa ofrenda tuvieron la dura tarea de intentar desburrarme, sino porque me marcaron un recto camino de decencia, de honestidad, de respeto y de compromiso con el prójimo.
   Aquellas maestras, mis maestras, siguen siendo iguales a las maestras de hoy, con los cambios lógicos que sobrevinieron con la llegada de la globalización y del progreso en las comunicaciones, que ampliaron el mundo, achicaron los mapas y pulverizaron distancias.
   Y para estas maestras, las actuales en los aciagos tiempos de barbijos, contagios, hisopados, terapias intensivas, muertes y aterradoras cremaciones, el reconocimiento por tanto que vienen dando, por tan poco que reciben -por tanto sacrificio- a la hora de entrar a considerar la anemia salarial que las castiga.
   Si hablamos de vocación, cada maestra sabe cuál es la cuota de sabiduría y amor que ha puesto al servicio de sus alumnos.
   Parece una tontera que después de tantos años, ellas me transmitan una maravillosa sensación de presencia; de entrar al aula, de pasar al frente, de borrar el pizarrón y aspirar lo que tanto se extraña, la bocanada de esa inquieta nube de tiza.
   Mi admiración, mi respeto y mi cariño por ellas.
   Por las de ahora y por las otras, las que se fueron y las que hoy están peleando a brazo partido contra todo lo negativo interno y externo que las acosa, que ocupan el lugar de las ternuras en ese rincón de mi alma de niño que supe ser porque al evocarlas, juro que es un placer sentir el amor, su calidez maternal y la justicia del agradecimiento que aún me inspiran.


Una revancha merecida
LA VARITA MÁGICA DE SCALONI Y EL CONCIERTO
DE  TODO EL EQUIPO CON MESSI  COMO  SOLISTA
 
   Hacía tiempo que no me deleitaba viendo una apilada de cuatro defensores para pasar entre ellos como una luz, en escasos dos metros cuadrados y con la mirada fija en los tres palos y en el arquero, mientras las gambas interpretan un concierto como letanía celestial de esa religión que es el fútbol: ese fue uno de los goles de Messi.
   Imagino las caras y los gestos de las autoridades de su anterior club que pensaron seguramente que el rosarino empezaba a utilizar ese tobogán que se usa para bajar de una altura, pero el “Pulga” demostró que está en su mejor momento, con un elemento trascendente que seguramente no tenía en el Barcelona y que es algo así como más que una sensación, la certeza de pertenencia en este caso de nuestra selección nacional.
   El D.T. Scaloni ha sido sin dudas quien consolidó al grupo humano, lo llevó a la sana y para muchos olvidada aplicación de la solidaridad de equipo; del compañerismo casi fraternal, del jugar sin egoísmos aunque las estrellas sean conocidas y otros nombres nos resultaran casi extraños, pero seguramente tomarán notoriedad con el paso del tiempo y con los resultados deportivos.
   Más allá que la selección del Altiplano no es de las más fuertes ni temibles del circuito, la conquista de la Copa América es un impecable antecedente como para alimentar nuestras legítimas esperanzas con miras al cercano Mundial.
   Ahora resta superar y si es en la cancha mucho mejor, el escollo que representa Brasil, dejando de lado para no caer en el fanatismo ni en el exitismo, esa idea fuertemente localista de sospechar que las autoridades brasileñas pasaron factura por aquella cercana conquista nuestra en la final de la Copa América en el Maracaná.
   Volviendo a nuestra representación nacional nos dominan las ansias por ver su desempeño ante un rival más exigente que aquellos a los que ha venido superando y para el caso, Brasil sería el adversario más indicado y lo reitero: no en alguna oficina rectora del fútbol mundial, sino en la cancha…
   Reservemos entonces los aplausos, los vítores, las caravanas, los bocinazos y la pirotecnia para agasajar no tan sólo a Messi sino a todos, titulares y suplentes, pero sin marginar al artífice del cambio de actitud operado en el equipo, victoria que se le está debiendo a Scaloni.
 
Megacausa del Registro de la Propiedad
¿LLEGARÁ EN ALGÚN MOMENTO LA
 HORA DE LA AUTÉNTICA JUSTICIA?
 
   En la causa del Registro de la Propiedad de Córdoba el uso sistemático de la prisión preventiva, el encierro prolongado sin juicio y las decisiones en manos de una comisión especial única, motivaron que miembros del Colegio de Abogados de la Provincia de Córdoba y también de la Federación Argentina de Colegios de Abogados, reclamaran al Poder Judicial cordobés el cumplimiento de los derechos y garantías establecidos en la Constitución Nacional. 
   En idéntico sentido se pronunciaron el Servicio de Paz y Justicia de Adolfo Pérez Esquivel, el Centro de Estudios Legales y Sociales, el Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales y Sociales (INECIP) de Córdoba, el Programa Nacional de Lucha Contra la Impunidad y el Grupo de Trabajo contra la detención arbitraria de la ONU.       Muchos. 
   El diccionario de la Real Academia Española, al que nuevamente tenemos que acudir, define como garantía el efecto de afianzar lo estipulado, la seguridad de que una cosa va a realizarse, la protección contra algún riesgo y el compromiso de reparación.
   Ninguno de estos claros conceptos se cumple en la causa, dado que no se afianza el principio de inocencia ni la libertad estipulados en la Constitución; no se asegura el juicio previo al encierro, no se protege contra el riesgo de la mirada parcial y subjetiva y no se repara la prisión injusta.  
   Puede concluirse en consecuencia que en los tribunales cordobeses las garantías se incumplieron en forma casi unánime y, de hecho, así lo marcó la Corte Suprema de Justicia de la Nación.
   ¿Quién debe asumir entonces el compromiso, no sólo de reparar, sino también de investigar con seriedad las raíces de tanta irregularidad?
 
Consolidarla entre todos…
UNA VEZ MÁS GOZAMOS LA MARAVILLA DE
VOTAR QUE NOS REGALA LA DEMOCRACIA
 
   Estamos a pocos minutos del cierre de otro histórico capítulo en el devenir argentino, cuando el pueblo ha expresado su voluntad, sus sentimientos, las simpatías que inspiran sus líderes o el rechazo hacia quienes no coinciden con la propia línea de pensamiento.
   Fue una campaña ardua, pesada, cargosa, con ciertas particularidades aunque ya ni siquiera sorprendan, como por ejemplo la participación de tantos encumbrados funcionarios promoviendo a sus candidatos o la intervención directa de algunos que ya se fueron y no figuran en las huestes de los gobernantes.
   Intercambiaron más acusaciones e insultos que propuestas superadoras; olímpicamente se dejaron de lado las necesarias autocríticas y hubo expresiones de autoritarismo desde el poder. No se instruyó debidamente a la gente ni se dispuso del tiempo necesario para dominar el intrincado mecanismo de sufragar frente a un desmedido número de boletas y de postulantes, aunque una de las disculpas será que la inactividad escolar fue un escollo para alcanzar tal objetivo.
   En plena y rigurosa crisis se gastaron dinerales en propaganda y como siempre, como ocurrió con cualquier signo político en el poder, se maquilló de divulgación de actos de gobierno a una publicidad realmente desembozada, gravosa y por momentos hartante, con el agravante que a esa avivada la pagamos todos, pensemos como pensemos.
   Si la libertad algo significa, es el derecho a decirle a los demás lo que no quieren oír, según sentencia de George Orwell y me permito considerar que le asiste la razón. Muchas veces un resultado electoral, síntesis del pensamiento popular, esperanzador para algunos y nefasto para otros, es un mensaje que en ciertas ocasiones y así lo certifica nuestra historia, algunos no quisieron escuchar.
   Y como si estuvieran en un gigantesco ring urbano, sin árbitros ni jurados, se cometieron tropelías tan baratas como repudiables, acusaciones sin sustento, siembra de dudas, golpes bajos, amenazas de juicios y otras acciones en muchos casos inéditas por lo intelectualmente violentas.
   No me entra en la cabeza discernir si estamos frente a inmadurez política o en el reino de la hipocresía, porque los que tenemos un cierto apego a la sinceridad vemos como absurdo eso de atacarse internamente, insultarse, desvalorizarse y luego los vemos -ya sin asombro por ser costumbre- festejando con sus manos unidas en una falsa actitud fraternal.
   Toda manifestación popular consagrada por la Democracia debe tomarse como positiva, salvo en los casos en que la realidad de un pueblo aconseje y más aún en tiempos de excepciones, tomar otros caminos dentro del sistema, pero sin malgastar los dineros públicos en consultas que bien pudieran evitarse o modificarse de acuerdo con las circunstancias.
   Como siempre las reales prioridades se dejan de lado y las lamentaciones, ya inútiles, llegan con el paso del tiempo.
   Y cuando todo termine y para otros algo comience, que no me vengan con el verso de “ni vencedores ni vencidos”, porque esa es una de las más históricas burlas que venimos padeciendo y así lo certifican las heridas sin miras de cicatrizar, que todavía nos abruman en ambos costados de una grieta que lejos de superarse, tiende a crecer.
   Macri buscó, sin conseguirlo, disipar dudas y sospechas sobre turbios manejos durante su gestión; Schiaretti impuso el slogan “con ellas” pero se olvidó de la Mamá de Blas, asesinado por su policía; Llaryora acrecentó el caos urbano pero mostró obras no prioritarias; el Sr. Presidente tiñó de amnesia sus intervenciones en la campaña y ex ella en el cierre descalificó la condición de independientes de algunos periodistas, menos los de su círculo íntimo y agravió a miles de los que Perón calificó como “los únicos privilegiados” quitándoles una ilusión que creíamos inviolable.
   Lo peor de todo, vale recalcarlo, es que ninguno de ellos era candidato a nada pero con muchas pretensiones a futuro.
   Por allí me invaden las dudas porque no alcanzo a entender cierto grado de la estupidez humana, que viendo el problema miran hacia otro lado o dicen que no existe: es cuando debemos resignarnos a sostener que la imbecilidad puede llegar a ser más grave que la pandemia.
   Aunque la mejor vacuna sea el ejercicio, el fortalecimiento y el respeto por la Democracia, no faltan los que mueven el traste para esquivar el pinchazo.