Desgrabación de comentarios del
periodista Gonio Ferrari en su programa “Síganme los buenos” emitido el domingo
10/02/13 por AM58 Radio Universidad de Córdoba.
LAS DIETAS DE LOS LEGISLADORES
Es claro que para
ellos, es absolutamente cierta y parte de nuestra realidad, una inflación que
en otros terrenos al menos los oficialistas se niegan a reconocer.
Nuestros preclaros
fabricantes de leyes al menos una vez se han puesto de acuerdo.
Sin pelearse, sin
insultarse, sin descalificarse ni acusarse de corruptos, hicieron coro
levantando sus manos que a veces son de yeso, para celebrar la algarabía de un
aumento … para ellos.
¡Qué gracioso!
A lo mejor siguen
creyendo que son servidores públicos del Estado, cuando en realidad se sirven
del Estado, públicamente y sin pudor.
Basta un solo y
doble ejemplo: dos de nuestros representantes en el Congreso Nacional, durante
las sesiones del año 2012 ni siquiera abrieron la boca.
Eso se llama, como
se lo aplicaron a los trasnochados genocidas del ‘76, el respeto por la
obediencia debida.
EL CONTROL DE PRECIOS
Una película
vieja, penosamente gastada, que tanto daño nos dejara como país y como
sociedad.
Las veces que se
aplicó esa nebulosa medida de controlar los precios, o declarar que se mantenían
por un tiempo determinado, el fracaso más estrepitoso fue el repetido
resultado.
Es cierto que por
ejemplo los fideos, el azúcar, el aceite, el pan, la yerba y algún otro
alimento, se mantendrán firmes en sus valores por dos meses.
Pero no es un invento
mío ni formo parte de una conjura desestabilizante ni antipatria, cuando les
comento ahora que en varios puntos de venta, ya desempolvaron el cartelito que
limita la compra de esos productos a uno por persona.
En un país
latinoamericano gobernado por el desgobierno, a fines del siglo pasado, se dictó una ley por la cual el precio de
venta de los automóviles se reducía a la mitad.
No fueron pocos
los que corrieron a las concesionarias, plata en mano, saboreando la ventaja
que les otorgaba la medida oficial.
Gran sorpresa
gran: les decían que no era una mentira, que los autos costaban la mitad.
Pero que
lamentablemente, no había.
Ya veremos que con
el azúcar, la yerba, el aceite o los fideos, comienza a suceder lo mismo.
Lo ideal sería que
eso no ocurriera.
VENEZUELA, ¿NUESTRO ESPEJO?
Ya desde tiempo
atrás veníamos viendo que las cosas, entre nuestro país y Venezuela, se iban
pareciendo peligrosamente, y no me refiero a las actitudes de la gente, sino al
estilo de sus gobernantes.
Chávez se reiteró
en episodios de autoritarismo, buscando ser la única voz, y desde aquí le
calcaron ese estilo que se multiplicó en el pensamiento y en las acciones de
ciertos militantes.
Ellos dejaron de
ser luchadores de una causa para transformarse en ciegos papeles carbónicos que
repetían un discurso del que no estaban convencidos, pero coincidía con sus
principios casi teológicos de imponer la fuerza.
El bolivariano
hizo de pac-man y poco a poco fue devorando todo aquello que le significara
oposición, avanzando sobre los medios de comunicación, cerrando diarios y
silenciando radios y canales de televisión que no coincidían con sus
postulados.
Aquí el gobierno,
también nacional y popular como en Venezuela, descubrió que una empresa privada
gigantesca había crecido de tal manera que por
su propio peso era más oposición que el campo disconforme o la
desdibujada oposición política e ideológica que encarnaban los partidos.
Y el objetivo
parece haber sido terminar con las dos: con los partidos y con el grupo
empresario.
Una a una se
fueron superponiendo las medidas tomadas allá y aquí, pese a la enorme
diferencia que existe en varios aspectos de uno y de otro pueblo.
Y ahora, cuando la
economía que nos quieren vender como floreciente y propia de un paraíso,
tambaléa en su base sustentable, la inflación que venía carcomiéndonos el
cerebro y los bolsillos, quedó al descubierto hasta el punto de reclamar una
devaluación que en los hechos ya se concretó, diariamente y de manera
quirúrgica.
Agradezcamos que
aquí todavía tenemos una presidenta en ejercicio, a diferencia de Venezuela,
virtualmente gobernada desde la capital mundial del silencio que es Cuba, una isla
devenida en sala de terapia intensiva.
No conozco de qué
manera reaccionó el pueblo venezolano, frente al hecho consumado de ver
reducido tan drásticamente el valor de su moneda.
Aquí, entre
nosotros y como umbral, alguien inventó ese manotón desesperado que es el
control de precios, medida impracticable en un país de especuladores, tanto en
el gobierno como en la política y en los círculos empresariales.
SEGURIDAD EN LOCALES BAILABLES
El fantasma se
multiplicó, porque no hubo solo un Cromañón sino varios, aunque de menor
gravedad.
La seguridad en
los lugares de alta concentración de público debe ser controlada todas las
semanas, de manera permanente y sostenida, porque cuando dejen de hacerlo la
angurria de los empresarios de la noche, será el factor que genere una nueva
tragedia.
Y la seguridad
especialmente de los concurrentes jóvenes, no es tan solo el respeto por la
capacidad del local o los elementos que se utilizan en los decorados, sino la
venta de alcohol, la hora de funcionamiento y el entorno que rodea a esos
locales, a veces poco apropiados para la noche o para ciertos estados etílicos.
Por allí comentan
que la municipalidad no cuenta con cantidad suficiente de inspectores para
cumplir con un cometido tan importante, como lo es la prevención de desastres.
Basta recorrer el
Palacio 6 de Julio, para toparse con una realidad inocultable: la cantidad de
empleados que se andan chocando sin saber qué hacer.
Bueno sería que de
cada dependencia eligieran solo uno o dos, los capacitaran debidamente y les
encomendaran esa tarea que la sociedad viene demandando inútilmente: la de
prevenir para evitar lamentos.
Nada, nada es más
penoso, que las muertes evitables.
SUMARIOS A MUNICIPALES
En estos últimos
días he leido que están encajonados y con destino de olvido, muchos sumarios
administrativos que se iniciaron contra empleados municipales que
transgredieron las disposiciones internas o las leyes.
Es algo increible,
que desde el propio sindicato se alienten esos ocultamientos, porque solo
contribuyen a consolidar la imagen negativa que la sociedad tiene sobre este
segmento de servidores públicos.
Nada mejor que
depurar, para mejorar la calidad de las prestaciones.
Cuando se haya
hecho una limpieza profunda de los recursos humanos, se impondrá la
subsistencia de los más aptos, de los cumplidores, de los honestos, para evitar
que como ahora, paguen justos por pecadores.
La seriedad de una
gestión también se mide por la calidad de sus servidores.
Porque si a la
inacción le sumamos el enorme aumento de los impuestos, que luego no se
transforman en calidad de servicios, los vecinos seguirán cayendo más aún en
las profundidades del abandono.
El pacto de
silencio y misterio que sin dudas rige en esos sumarios escondidos, en nada
contribuyen a lo que más reclama la ciudadanía: seriedad, gestión y honestidad.
¿QUE PAREZCA UN ASALTO?
Realmente es para
preocuparse que un testigo de primer orden con relación a la tragedia
ferroviaria de Once, en Capital Federal, haya perecido en ocasión de un asalto,
si nos atenemos a lo que se conoce como información oficial.
Leandro Andrada
fue la víctima del supuesto atraco, el maquinista que entregó el tren a quien
finalmente lo estrellara, sin frenos, en la estación provocando 51 víctimas
fatales y cientos de heridos.
Andrada,
posiblemente quien mejor haya conocido el estado técnico de la formación, no
contó con la protección necesaria que como testigo, merecía haber tenido.
Más aún, en una
causa compleja donde entre otros están involucrados Ricardo Jaime, Juan Pablo
Schiavi y otros tres funcionarios de la esfera nacional.
Es muy raro que un
asaltante balee a su víctima con cuatro disparos por la espalda y ni siquiera
le saque el dinero del bolsillo.
Cualquiera
pensaría, y en esto me incluyo, que algo raro ha sucedido.
Porque Leandro
Andrada, desprotegido testigo clave, se llevó su testimonio a donde nadie puede
escucharlo.
LA HISTORIA DE
WALLY (IV) FINAL
Los días eternos
de aquel otoño pasaron y justo una semana después de mirar esos ojazos color de
miel y escuchar en ellos a Mozart, Wally, el eterno laburante, el romántico que
escuchaba música en los ojos de las mujeres, la volvió a ver.
En el mismo lugar,
en la misma parada, con el mismo muchachito que la acompañaba estaba ella, la
pollera un poquito más larga y las piernas tan bonitas como las soñara la
semana entera.
No esperó que
llegara el ómnibus y venciendo su timidez casi de jardín de infantes, Wally se
animó a preguntarle, como al pasar, si le gustaba Mozart.
Sorprendida, ella
le dijo que si, que era su predilecto, que la acompañaba desde niña y era la
luz de sus sombras.
El, ya enamorado
hasta la médula, recién cayó en cuenta que Mozart era toda la luz que esos ojos
no tenían.
Por eso, desde
entonces, buscó la manera de hacerle escuchar lo que más amaba, cada domingo.
Cuando me lo
contó, la historia me pareció de novela.
Sobre todo, porque
hace cinco años que están juntos.
¿POR QUÉ LOS CHILENOS NO NOS QUIEREN?
Necesitaríamos varios tomos para referirnos
a nuestras relaciones vecinales con los trasandinos, más allá de los enfoques
sociológicos que puedan hacerse, porque ciclicamente con ellos tenemos un
cariño recíprocamente ciclotímico. El hecho que les hayamos prestado a nuestro
máximo héroe para que los liberara del yugo español parece que de poco sirvió
si de consolidar los afectos se trata: ellos nos devolvieron a su manera la
histórica gentileza.
Nos mojaron la oreja con las islas del Canal de Beagle y les perdonamos la vida, al borde del conflicto armado, cuando el referí Cardenal Samoré vino enviado desde el Vaticano, se metió en el centro del diferendo y aquietó las aguas y les puso una funda de racionalidad a los cañones.
Unos añitos más tarde nos enteramos que habían andado colaborando con los ingleses y contra nosotros, cuando los aventureros militares argentinos pretendieron perpetuarse en el poder, desencadenando una guerra tan inoportuna como desventajosa y sangrienta.
Lo aconsejable en esa instancia para responder a los desplantes y amenazas trasandinas era empujar la cordillera y obligarlos a nadar hasta su Isla de Pascua.
No lo hicimos, lo de la guerra de Malvinas medio como que se perdió en la bruma diplomática, y les llenamos sus playas en verano y permitimos que periódicamente vengan a Mendoza para comprar barato, porque ellos pueden sacar su dinero al exterior.
Me consta que en general no son simpáticos con los argentinos y a veces se esmeran en consolidar su fama universal de buenos carteristas: me bolsiquiaron violentamente en pleno centro, a la mañana, en Viña del Mar, y de esos casos conocí varios en pocos días.
Aquí les damos trabajo, les hemos cedido, aunque ellos compraron porque se la vendieron, buena parte de nuestra Patagonia y el argentino medio reconoce que están muy bien posicionados a nivel internacional, con una economía sólida y sin mayores sobresaltos.
Les permitimos que LAN cubra nuestras rutas. Amamos y admiramos a Neruda, Gabriela Mistral y Antonio Prieto.
Nos mojaron la oreja con las islas del Canal de Beagle y les perdonamos la vida, al borde del conflicto armado, cuando el referí Cardenal Samoré vino enviado desde el Vaticano, se metió en el centro del diferendo y aquietó las aguas y les puso una funda de racionalidad a los cañones.
Unos añitos más tarde nos enteramos que habían andado colaborando con los ingleses y contra nosotros, cuando los aventureros militares argentinos pretendieron perpetuarse en el poder, desencadenando una guerra tan inoportuna como desventajosa y sangrienta.
Lo aconsejable en esa instancia para responder a los desplantes y amenazas trasandinas era empujar la cordillera y obligarlos a nadar hasta su Isla de Pascua.
No lo hicimos, lo de la guerra de Malvinas medio como que se perdió en la bruma diplomática, y les llenamos sus playas en verano y permitimos que periódicamente vengan a Mendoza para comprar barato, porque ellos pueden sacar su dinero al exterior.
Me consta que en general no son simpáticos con los argentinos y a veces se esmeran en consolidar su fama universal de buenos carteristas: me bolsiquiaron violentamente en pleno centro, a la mañana, en Viña del Mar, y de esos casos conocí varios en pocos días.
Aquí les damos trabajo, les hemos cedido, aunque ellos compraron porque se la vendieron, buena parte de nuestra Patagonia y el argentino medio reconoce que están muy bien posicionados a nivel internacional, con una economía sólida y sin mayores sobresaltos.
Les permitimos que LAN cubra nuestras rutas. Amamos y admiramos a Neruda, Gabriela Mistral y Antonio Prieto.
Y para colmo, hasta les prestamos a un ex
presidente para que atendiera viagramente a su ex Miss Universo …
Entonces, si hemos sido y somos tan generosos y amables con ellos, ¿por qué nos agreden y amenazan?
Entonces, si hemos sido y somos tan generosos y amables con ellos, ¿por qué nos agreden y amenazan?
Trataré, humildemente, de poner en
claro tan escabroso asunto, más preocupante aún porque nace de un sector de sus
fuerzas armadas, pero sin caer en dramatismos ni temores que no van más allá
del hecho aislado (roguemos) y de la anécdota.
Ellos envidian tres componentes argentinos: las mujeres, los tenistas y el fútbol.
Ellas se desviven por los muchachos de nuestro país y no lo niegan.
Entonces, para recomponer relaciones y que sus bravos "marines" de cartón no nos maten a nosotros, no fusilen a los bolivianos ni degüellen a los peruanos, les enviemos via Cancillería diez o veinte ómnibus atestados de mujeres, incluyendo travestis para que no se sientan discriminados, y les prestemos algunos directores técnicos de fútbol de esos que están bajando por el tobogán.
Y que Nalbandián, cuando se retire en el 2025 se comprometa a dictar clínicas gratuitas tras la cordillera.
Lo que no podemos perdonarles a los chilenos es su desmemoria, porque si se hubiera cumplido aquella promesa de Luciano Benjamín Menéndez de “lavarse las bolas en las aguas del Pacífico después de derrotarlos", todavía estarían padeciendo la contaminación de sus playas. Y que eso no ocurriera se lo deben al Pueblo Argentino, como nos deben y no pagaron jamás, el enorme sacrificio que para la libertad de quienes ahora la deshonran, hizo nuestro Libertador con su epopeya andina.
De todas maneras, que un grupúsculo de militares chilenos bastardeen la historia, no debiera sorprendernos con solo pensar que ellos tuvieron su Pinochet. Lo peor de todo, es que no son pocos los chilenos que lo extrañan ...
Ellos envidian tres componentes argentinos: las mujeres, los tenistas y el fútbol.
Ellas se desviven por los muchachos de nuestro país y no lo niegan.
Entonces, para recomponer relaciones y que sus bravos "marines" de cartón no nos maten a nosotros, no fusilen a los bolivianos ni degüellen a los peruanos, les enviemos via Cancillería diez o veinte ómnibus atestados de mujeres, incluyendo travestis para que no se sientan discriminados, y les prestemos algunos directores técnicos de fútbol de esos que están bajando por el tobogán.
Y que Nalbandián, cuando se retire en el 2025 se comprometa a dictar clínicas gratuitas tras la cordillera.
Lo que no podemos perdonarles a los chilenos es su desmemoria, porque si se hubiera cumplido aquella promesa de Luciano Benjamín Menéndez de “lavarse las bolas en las aguas del Pacífico después de derrotarlos", todavía estarían padeciendo la contaminación de sus playas. Y que eso no ocurriera se lo deben al Pueblo Argentino, como nos deben y no pagaron jamás, el enorme sacrificio que para la libertad de quienes ahora la deshonran, hizo nuestro Libertador con su epopeya andina.
De todas maneras, que un grupúsculo de militares chilenos bastardeen la historia, no debiera sorprendernos con solo pensar que ellos tuvieron su Pinochet. Lo peor de todo, es que no son pocos los chilenos que lo extrañan ...
Por supuesto, debe ser horrible que te agredan públicamente,
porque se asemeja al ataque de una patota que aprovechándose de la superioridad
numérica, te abruma con insultos y alaridos, exigiendo que te retires de un
lugar público que elegiste en uso de tu libertad de optar.
Más o menos esas han sido las coincidencias que unieron en el infortunio a dos relevantes funcionarios nacionales, atacados cada uno por una turba incontenible y desagradable que los sometió a la violencia verbal del escarnio.
Reprobable desde donde se lo mire, aunque hay que reconocer el derecho individual a la protesta que constitucionalmente asiste a todos los ciudadanos de este país.
Tampoco es para escandalizarse y pensar que fueron actos movilizadores de un "efecto dominó" que se puede llegar a multiplicar.
Pero en la misma medida, a la hora de censurar con dureza lo acontecido, que quienes lo hagan recuerden el escrache continuo y permanente que nace de personeros del gobierno, que sin gritarle a nadie en sus orejas multiplican sin ninguna sutileza sus ofensas y descalificaciones a través de medios oficiales que sostenemos todos, así sean el casi gracioso 678, la cadena nacional o las declaraciones hirientes y ofensivas que ocupan espacios mediáticos.
Es lo mismo en sus efectos la patota callejera que manifiesta de alguna manera su indignación y su impotencia, que aquellos dueños del aire que se aprovechan autoritariamente de esa ventaja.
Ninguna de esas expresiones llegaría a ocurrir, si viviéramos en el imperio del respeto, una práctica bilateral que cuando se quiebra provoca reacciones impensadas.
Los que se creen intocables dejan de serlo, porque ese respeto de ida y vuelta se ha interrumpido, desplazado unilateralmente por la impunidad y la soberbia.
Más o menos esas han sido las coincidencias que unieron en el infortunio a dos relevantes funcionarios nacionales, atacados cada uno por una turba incontenible y desagradable que los sometió a la violencia verbal del escarnio.
Reprobable desde donde se lo mire, aunque hay que reconocer el derecho individual a la protesta que constitucionalmente asiste a todos los ciudadanos de este país.
Tampoco es para escandalizarse y pensar que fueron actos movilizadores de un "efecto dominó" que se puede llegar a multiplicar.
Pero en la misma medida, a la hora de censurar con dureza lo acontecido, que quienes lo hagan recuerden el escrache continuo y permanente que nace de personeros del gobierno, que sin gritarle a nadie en sus orejas multiplican sin ninguna sutileza sus ofensas y descalificaciones a través de medios oficiales que sostenemos todos, así sean el casi gracioso 678, la cadena nacional o las declaraciones hirientes y ofensivas que ocupan espacios mediáticos.
Es lo mismo en sus efectos la patota callejera que manifiesta de alguna manera su indignación y su impotencia, que aquellos dueños del aire que se aprovechan autoritariamente de esa ventaja.
Ninguna de esas expresiones llegaría a ocurrir, si viviéramos en el imperio del respeto, una práctica bilateral que cuando se quiebra provoca reacciones impensadas.
Los que se creen intocables dejan de serlo, porque ese respeto de ida y vuelta se ha interrumpido, desplazado unilateralmente por la impunidad y la soberbia.
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