9 de junio de 2024

S.L.B.: TRANSPORTE URBANO SIGUE EN DEUDA CON SUS SOSTENEDORES – EL PERIODISMO (PROFESIÓN INVADIDA) CONMEMORÓ SU DÍA – EL INFAME DELIRIO DE PARALIZAR AL PAÍS – OXIMORÓN EN LA MEGACAUSA DEL REGISTRO – SEGUIRÁ REINANDO EL HAMPA FRENTE A LA IMPOTENCIA DEL PODER – FALSA INCAPACIDAD, MAL JUEGO DEL POPULISMO, ETC.

Desgrabación de los comentarios del periodista Gonio Ferrari en su programa “Síganme los buenos” edición nº 834 del domingo 9 de junio de 2024, emitido por la AM580 Radio Universidad Nacional de Córdoba.

 
El servicio está lejos de optimizarse
TRANSPORTE  URBANO: PESE AL MAQUILLAJE
SIGUE  ENDEUDADO CON SUS SOSTENEDORES
 
   Ya es vieja, casi pasada de moda pero suele rendir buenos dividendos políticos, eso de mostrar las cosas que se hacen, dejando de lado todo aquello que falta por concretarse o que murieron siendo proyectos, y en esa mala costumbre han sucumbido los gobiernos de todos los colores a lo largo de nuestra historia como país, como provincia y en la ciudad maravillosa -pese a todo- que generosamente nos cobija.
   Ya superó los límites de la credibilidad esa vetusta maña de alinear patrulleros, formaciones de uniformados, exhibición de armamento, tecnología en comunicaciones, todo un escenario idealizado para hacernos creer que así dominarán al reinado del hampa, y lo que se consigue es un crecimiento de la delincuencia, el fortalecimiento de ciertas impunidades y el desencanto de la gente, ya harta de remar en un mar de promesas, intenciones, discursos y otras expresiones privativas de la demagogia que se fortalece desde el variopinto marco de la política.
   Aunque en otro escenario, lo mismo viene ocurriendo con el transporte urbano de pasajeros, que vive en crisis a la que sus responsables intentan superar, con magros y ocasionales beneficios, como por ejemplo lo de tantos y tantos coches nuevos mientras las frecuencias siguen distanciándose, el boleto se encarece y se olvidan que aún estamos utilizando algunos vetustos trolebuses rusos que invierno y verano circulan como saunas ambulantes.
   Al precio que ahora se paga el viaje, que seguramente en pocos días superará los mil pesitos, es para imaginar que tendríamos un servicio acorde con su costo, su expansión y concordante con todo lo que se anuncia como beneficio, pero la realidad nos muestra un rostro distinto.
   Es hora que el problema se tome con seriedad, lo que ocurrirá, ¡vaya pretensión! cuando veamos que algunos funcionarios viajen en tal sistema y tengan que soportar las prolongadas esperas, los apretujones y el absurdo de esperar 30 minutos en una parada, para que lleguen dos unidades juntas, de la misma línea, como si hubieran estado esperando que los usuarios agotaran su paciencia y los tomaran como salvadores de una situación que no merecen.
   Con el precio actual del boleto, es injusto que el sistema muestre tantas grietas que nadie se ocupa de subsanar.
 
El infame delirio de paralizar al país
SALVO  EL ESFUERZO DE TODOS, NO  EXISTEN
FÓRMULAS PARA LOGRAR LA RECUPERACIÓN
 
   Imaginación, creatividad, compromiso ciudadano, abandonar la burbuja de aislamiento con la sociedad y otros atributos, son parte de las carencias, del por muchos envidiado posicionamiento de la conducción sindical del país, frente a las privaciones, expectativas malogradas y esperanzas, que son algunos de los sentimientos o consecuencias que prevalecen en la mente del argentino común.
   Me refiero a tantos de a pié, del de la calle, de la familia, del transpirar en la fragua del laburo y de los que llegado el fin de cada mes, deben padecer la injuria del salario que no alcanza, y que su esfuerzo ha sido provechoso para otros, que entregaron su dignidad a la limosna institucionalizada que son las becas de las que tantos se sirven, sin transpirar, aunque sean miles -pero no tantos-  los casos que están justificadas.
   La columna vertebral del peronismo, bien lo sabemos es el conglomerado sindical, que cuando les tocan la chequera o las obras sociales ponen el grito en el cielo porque no son escasos los beneficios que se logran a través de ambos mecanismos, y con sólo conocer el enorme poder de ahorro y el dispendioso nivel de vida de muchos de sus vitalicios dirigentes, cualquier discusión en tal sentido sería innecesaria.
   Una de las intenciones peor disimulada es esa tarea de socavar al poder político, cuando la manija está en manos y responsabilidad de la oposición y basta con hacer algo de memoria, apelando a la cantidad de paros generales ordenados por la CGT nacional durante los mandatos de todos los que no coincidían partidariamente con la conducción cegetista.
   Ahora la tarea en tal sentido ha vuelto a llevarse a la práctica y a nivel internacional, con desplazamientos de la dirigencia al exterior que como viejas chismosas, busca desacreditar todo lo que se intenta hacer desde el poder para que nos salvemos todos, menos ellos porque no lo necesitan, ya que hace tiempo tienen asegurado su próspero futuro y el de sus descendencias tanto sindicales como familiares.
   No es posible que aparte de la clase dirigente con sus históricas prebendas y privilegios, el resto de la población desde la llamada clase media hacia abajo,  colisionen con el obstáculo de trabajar, porque los popes de la vagancia con enriquecimiento y del ocio como política, busquen la paralización del país, en instancias que debiéramos destinar el esfuerzo productivo para honrar con el crecimiento todas las riquezas naturales que poseemos y la solidez como república que patrióticamente se intenta restaurar.
   Salir del país para hablar mal de lo que es también el país de ellos, no deja de ser una bajeza, aunque la costumbre de su práctica nos viene enseñando que con el esfuerzo común y la toma de conciencia ciudadana, serán los elementos con los que podremos salír a flote.
   Más que nada y es válido reiterarlo hasta el cansancio, porque luego de padecer tanta ignominia y privaciones, ampliamente lo merecemos.
 
Pasó tibiamente el Día del Periodista
LA  PROFESIÓN MÁS INVADIDA  QUE  TAMBIÉN
TIENE DERECHO A FESTEJAR EN  HERMANDAD
 
   El viernes último, precisamente antes de ayer, se conmemoró el Día del Periodista, instituido en recordación de un nuevo aniversario de la aparición de La Gazeta de Buenos Ayres, inspirada por Mariano Moreno, primera expresión criolla de acuñar ideas en libertad, con el nacimiento de la Patria. No son muchos los que conocen que la institución de esta fecha surgió en Córdoba durante el gobierno de Amadeo Sabattini, cuando en 1938 deliberó aquí el Primer Congreso Nacional de Periodistas, en cuyo seno nació esa iniciativa. Para quienes no lo sepan, es bueno anoticiarlos que un periodista es el hilo conductor entre el suceso y su estado público. 
   El periodista de raza no es fiscal, defensor, juez ni verdugo y solo muestra una realidad, a veces descarnada, que no puede modificar y es asimismo un inductor de la toma de conciencia y orientador de opiniones; es quien hurga e indaga; es quien parte de la crítica para ayudar a construir. 
   Pero no son todas delicias las que jalonan la vida del periodista, al menos de aquellos amantes de la libertad. 
Son las primeras víctimas de los autoritarios, de los dictadores y de aquellos que los someten a barrotes o a mordazas y muchas veces son destinatarios de presiones de conciencia.
 Son -somos- también víctimas, en los conflictos armados que nos muestran actuando en el frente, junto al máximo peligro.
   Entre nosotros, la libertad de expresión no es ni ha sido la graciosa concesión de ningún gobierno, sino el respeto hacia el ejercicio de la tarea periodística al amparo de la Constitución, de las leyes y del sentido ético.
   Los periodistas de ley no necesitamos que nadie nos indique lo que debemos decir o nos impongan lo que debemos callar y menos todavía aquella pretensión no tan lejana de intentar enseñarnos a pensar, porque tenemos pensamiento y criterio propios, siempre que por la pauta publicitaria o por conservar el puesto no vendamos nuestra honestidad.
    Los periodistas sabemos que mientras impere el respeto a los preceptos básicos, y el pensar distinto no nos transforme en enemigos, no habrá sombras que perturben la certeza absoluta de libertad. Una libertad que no necesita padrinos ni leyes que la regulen, la condicionen o la impongan, porque el único reaseguro de gozarla radica en el simple e innegociable respeto por la Constitución y todo lo demás es inútil y disociante pirotecnia.
   Bien sabemos los periodistas, que formamos parte de una profesión casi salvajemente invadida. Invadida por médicos, deportistas, curas, rabinos, vedettes, manosantas, dietistas, funcionarios, actores, actrices, travestis, pitonisas, empresarios, modelos, abogados, economistas, corredores de autos, políticos en decadencia o cocineros. Son ellos, los invasores, los que reivindican la vigencia discepoleana de la biblia junto al calefón. 
  Porque la base moral y profesional es el mejor reaseguro para edificar desde allí la honestidad de informar, de opinar, de criticar o de aplaudir. Solamente quienes la poseen se sienten libres y están en condiciones de transmitir esa convicción de libertad que se fortalece día a día, solo en la fragua del trabajo y no en las filas de los partidos políticos, o en ese patético engendro que fue dado en llamar  periodismo militante, de donde surgió el falso profesionalismo solamente interesado y fogoneado para imponer autoritariamente su ideología y el discurso único, por encima del sano equilibrio y del saludable disenso.
    En este día, vale la pena recurrir al archivo para reiterar una posición formal con respecto a lo que íntimamente siento como periodista. A toda persona que ejerce el periodismo pero tiene colgado en alguna pared el diploma que lo acredita como tal, que le fuera entregado en una solemne ceremonia académica y social, le asiste el legítimo derecho al orgullo de haber plasmado una vocación o una meta vital.
   Pero estamos los otros, los que abrazamos, si, una fuerte propensión a informar, a analizar, a dar a conocer lo oculto, encubierto o ignorado sin pensar en la notoriedad o en la fama propia ni con delirios de marquesinas ni tumultos callejeros por firmar autógrafos. Somos -y descaradamente lo confieso- los que sin estudiar estilos, poses, silencios o elegir ropa de última moda, el mejor peinado y más cinematográfico maquillaje, nos lanzamos a esta cotidiana aventura de sentirnos útiles a la sociedad.
   Muchos somos el resultado -o la consecuencia- de habernos iniciado en esta atrapante pasión a mediados del pasado siglo, cuando el periodismo no se estudiaba sino que se ejercía por vocación y compromiso.
   Somos -porque en verdad no somos pocos- los que hacemos periodismo procurando las reacciones hacia afuera, hacia la gente y no hacia adentro como parte de esas sórdidas batallas mediáticas internas, que desgastan a la persona humana y pretenden transformarnos en objeto negociable.
   Venimos del tiempo en que el ejercicio de esta maravillosa actividad nació como una adicción; como un vicio porque escribíamos o hablábamos desde el alma, sin antes hacer pasar la opinión por los bolsillos, en una actitud más emparentada con lo romántico que con el compromiso laboral que era dentro de todo prolijamente respetado.
   No deja de ser una piadosa mentira eso de la vieja bohemia, de las cabareteras trasnochadas al fiado o las interminables y amanecidas cafeteadas, sino una verdad de aquellos tiempos en que el periodismo era casi hermano de la literatura y no una parte esencial del marketinero divismo actual.  
   Somos de los tiempos del archivo, de la memoria, de recorrer bibliotecas y de andar las calles en el diario sacrificio de informar; de aquellos ayeres de vigilias y de temores, a diferencia de algunas jóvenes generaciones más hijas de Google y de las “redes sociales” que del esfuerzo.  
   Es por eso seguramente y no porque tenga vocación de eternidad que más allá del diploma, prefiera esforzarme cada día en ser periodista.   
   Renueva entonces su vigencia la cita del genial Goethe, cuando sostuvo que “Solo es digno de libertad aquel que sabe conquistarla cada día”. Quienes nos sentimos como periodistas salvajemente libres,lo compartimos plenamente.
   Los periodistas comprometidos -todos menos aquellos a los que prefiero ignorar- que hacemos lo nuestro como un mimo para el espíritu y un virtuoso desenfreno para la propia intimidad, sabemos que nunca se llega a la meta y la desaparecida colega Oriana Fallaci definía magistralmente esa actitud: “Yo quiero caminar, no quiero llegar. Llegar es morir”.
 
Causa Registro de la Propiedad
EL TEMA QUE SE ELASTIZA EN DEMORAS QUE
DEMANDAN UNA DINÁMICA QUE NO SE APLICA
 
   Resulta curiosa situación el ruidoso silencio que existe y es casi palpable, de parte de la Justicia cordobesa para responder a cualquier reclamo de la causa del Registro de la Propiedad de la provincia mediterránea. Si se afinan los sentidos pueden percibirse las mudas voces que continúan gritando irregularidades, como la encarcelada libertad y la liberada condena utilizadas como irregular norma.
   O también reconocer a los inocentes culpables y a los culpables inocentes, mezclados todos bajo la oscura luz de la descabellada razón. 
   Y, además por si algo faltara, escuchar a los muertos vivos en sus denuncias y a los vivos inertes en sus condenas.  
   Se pueden identificar claras antítesis judiciales, como la independencia bastante dependiente, la imparcialidad demasiado parcial, la objetividad ampliamente subjetiva o los finales continuamente inacabados.  
   En un análisis teórico, podríamos definir en este texto la utilización de la figura de oxímoron, recurso lingüístico consistente en combinar términos contradictorios para enfatizar determinada idea o conseguir un nuevo significado. De esta manera cobran relevancia la sistemática prisión preventiva, la comisión especial juzgadora, la íntima convicción para sentenciar y la indiferencia ante dictámenes de arbitrariedad de Organismos autorizados, consiguiéndose como nuevo significado, el de injusta justicia.
   Otro oxímoron, para vergonzoso orgullo de la justicia local. Y lo más grave, es que tanto recurso, no es novela, cuento, ni poesía, sino pura, cruda y terrorífica realidad.
 
La emergencia no puede esperar
NO DERROTAREMOS  AL HAMPA APELANDO A
UN EXPERIMENTO LANZADO POR IMPOTENCIA
 
   Realmente es para pensar o suponer, en el peor de los casos, que alguien del poder provincial llegara a enojarse o descalificar cualquier comentario que se hiciera para pintar la realidad, no la dibujada ni la maquillada o negacionista, con respecto al crecimiento exponencial y llamativamente impune de la delincuencia en Córdoba, en todos sus matices y manifestaciones tanto urbanas como rurales.
   Los arrebatos aumentan, el narcotráfico es incontrolable en su práctica, las agresiones armadas se multiplican, los motochoros actúan en cualquier lugar y a toda hora, en fin, tenemos un panorama francamente desolador al respecto.
   Para colmo, las reacciones policiales desde un tiempo a esta parte se vienen reduciendo a los anuncios, las fotos tantas veces repetidas de patrulleros incorporados a la flota según se anuncia, el número creciente de efectivos, el armamento super moderno, la ayuda de las cámaras callejeras, la provisión de pistolas no letales y mil manifestaciones más, que integran ya para nosotros los cordobeses, como un tomo más de esa gigantesca biblioteca que es la que demuestra la realidad con el dominio del hampa por sobre los valores de la ley.
   Están alejados de sus funciones por sospechas o sumarios cientos de policías y el tembladeral sacude al servicio penitenciario, mientras desde las cúpulas reiteran las reacciones marketineras por encima del estudio, la legislación, la aplicación y el control de una auténtica y real política integral de seguridad que nos asegure vidas y bienes, para lo cual el Estado se remuerde actualizando impuestos y reclamando el cumplimiento de sus pagos.
   Y cuando desde hace tiempo y por las circunstancias conocidas se impone la mano dura, el control férreo, la prevención amplia que no se limite a oficiar de zorros grises en los puentes y en los peajes, y la ciudad se vea patrullada hasta el hartazgo, por los tantos vehículos que se incorporan pero que a veces no les alcanza el combustible, los cordobeses habremos recuperado la tranquilidad de sentirnos seguros y protegidos.
   Poco es lo que podrán hacer los 1.500 o más jovencitos lanzados a la calle para que allí se conviertan en veteranos impulsados por la desesperación, que es seguramente lo que agobia a los jefes que no le encuentran la vuelta al problema de la inseguridad que tanto nos afecta.
   Llevan a esos pibes a los barrios, dicen que con un instructor, y dan vueltas o se quedan en lugares fijos usando sus celulares o apreciando el paisaje y cuando avanzan las sombras del atardecer, que es cuando los cacos salen de ronda en lo que para ellos es un trabajo, se los llevan de regreso tengo entendido que a las comisarías o precintos en lugar de largarlos a caminar las calles, a demostrar presencia que es parte de la acción; a convencernos a los vecinos que están allí, cuidándonos como es su obligación.
   En buena hora que esos pibes tengan trabajo, pero es un clamor ciudadano que no actúen de estatuas, sino de efectivos en la prevención y en la lucha, que para eso los arman y les confieren autoridad y no sólo son empleados para las fotos y para algunos aislados éxitos que se logran en materia de prevención, más por casualidad que por inteligencia.
   Es para augurarles a esos jovencitos toda la suerte que van a necesitar porque con el hampa organizada como está, no se juega y cada día podemos comprobar que esa es la realidad que nos toca padecer.
   Es para reiterar entonces por enésima vez, que si la policía no sabe, no puede o no la dejan actuar sin compromisos políticos o partidistas, hora sería de cambiar la metodología visto el fracaso logrado o permitir que sean otros los que encaren una lucha protectora que nos haga recuperar la confianza y el respeto por la fuerza azul.
   No hacerlo, seguirá siendo, como hasta ahora, otro de los pecados imperdonables…
 
Serían más de 1.200.000 casos
FALSA DISCAPACIDAD, INSTRUMENTO QUE FUE
PARTE  DEL  MALIGNO JUEGO  DEL POPULISMO
 
   Tarea delicada sería definir al populismo de lo que tanto se habla, se improvisa y se desconoce y por tal razón nada mejor que acudir a un diccionario consultor político, que tras algunas consideraciones técnicas sostiene que “es necesario clarificar que en política esta denominación -el populismo- ha sido aplicada a movimientos muy dispares como fascismo, comunismo o partido populista americano. Sus características entre sí son muy distintas y con respecto a las que poseen los partidos, grupos o actividades que en nuestros días son llamadas populistas”.
   Agrega luego la misma fuente que la aparición del populismo se remite a los países subdesarrollados, y más concretamente a algunos países latinoamericanos, señalando que una de sus formas aunque incompleta porque faltó un apoyo obrero urbano fuerte como en Bolivia y Perú, subrayando a continuación “los casos más definidos son el varguismo en Brasil y el movimiento peronista en Argentina”.
   Es mucho asimismo todo lo que se puede conocer del populismo, su práctica, efectos y consecuencias pero tomado sintéticamente los que saben aseguran que “es un movimiento político basado en los sectores obreros urbanos e industriales nacionales, que por medio de la redistribución del ingreso, se propone lograr la transformación de las estructuras sociales y económicas de un país”.
   Soy innegociablemente respetuoso de la sabiduría ajena, pero me veo en la obligación de plantear lo que nos ocurre a los argentinos, como una versión que no se ajusta a la definición técnica, porque entre nosotros hemos superado nuestro propio sentimiento de la indignación al advertir que esa “redistribución del ingreso” se practica hacia adentro de la dirigencia tanto política como gremial y las víctimas de tamaños desatinos y rapiñas son los mismos que desde hace años se vienen enriqueciendo amparados por la impunidad, a costillas de quienes se esfuerzan en el sacrificio, la entrega y el compromiso del esfuerzo.
   Aquí, a ese populismo sentencioso tan alejado de nuestra realidad argentina, lo practican algunos credos, sin excluir al católico y sus riquezas patrimoniales, que por una especie de necesidad vital necesita de los pobres para sacarlos de su estado de indigencia, necesidades y privaciones, una actitud que mucho desorienta al ver la acción de muchos curas que padecen junto al pueblo la inopia y la carestía, en contraste con las jerarquías que viven de otra manera y a un nivel tan superior como inalcanzable.
   Ha trascendido recientemente que cerca de 1.200.000 casos de falsos beneficios por discapacidades inexistentes, otorgados en los últimos años a expensas de todos nosotros, están siendo evaluados para luego actuar judicialmente en consecuencia
   Entre nosotros, seguramente se impone una definición más drástica que semántica, al advertir que para ciertas posiciones dominantes, no deja de ser una ventaja que los desalmados sigan fabricando pobres y discapacitados, más allá de sus propias definiciones ideológicas o de sus postulados religiosos.
   Extraña advertir que para ellos, los miserables, malvados y perversos, esos pecados de lesa humanidad no son punibles…
   Y es para rogar que el Supremo, como le quieran llamar a Dios, Visnú, Aláh, Jehová o como sea, no tengan con ninguno de aquellos crueles y retorcidos, la inmerecida bondad del perdón.
 
¡Hasta el próximo domingo!
NOS DESPEDIMOS CON  UNA  BREVE
Y GENIAL SENTENCIA DE
NIETZSCHE




7 de junio de 2024

Hoy es el Día del Periodista

LA  PROFESIÓN MÁS INVADIDA  QUE  TAMBIÉN
TIENE DERECHO A FESTEJAR EN HERMANDAD
 
   Este viernes se conmemora el Día del Periodista, instituido en recordación de un nuevo aniversario de la aparición de La Gazeta de Buenos Ayres, inspirada por Mariano Moreno, primera expresión criolla de acuñar ideas en libertad, con el nacimiento de la Patria. No son muichos los que conocen que la institución de esta fecha surgió en Córdoba durante el gobierno de Amadeo Sabattini, cuando en 1938 deliberó aquí el Primer Congreso Nacional de Periodistas, en cuyo seno nació esa iniciativa. Para quienes no lo sepan, es bueno anoticiarlos que un periodista es el hilo conductor entre el suceso y su estado público. 
   El periodista de raza no es fiscal, defensor, juez ni verdugo y solo muestra una realidad, a veces descarnada, que no puede modificar y es asimismo un inductor de la toma de conciencia y orientador de opiniones; es quien hurga e indaga; es quien parte de la crítica para ayudar a construir. 
   Pero no son todas delicias las que jalonan la vida del periodista, al menos de aquellos amantes de la libertad. Son las primeras víctimas de los autoritarios, de los dictadores y de aquellos que los someten a barrotes o a mordazas y muchas veces son destinatarios de presiones de conciencia. Son -somos-también víctimas, en los conflictos armados que nos muestran actuando en el frente, junto al máximo peligro.
   Entre nosotros, la libertad de expresión no es ni ha sido la graciosa concesión de ningún gobierno, sino el respeto hacia el ejercicio de la tarea periodística al amparo de la Constitución, de las leyes y del sentido ético.
 Los periodistas de ley no necesitamos que nadie nos indique lo que debemos decir o nos impongan lo que debemos callar y menos todavía aquella pretensión no tan lejana de intentar enseñarnos a pensar, porque tenemos pensamiento y criterio propios, siempre que por la pauta publicitaria o por conservar el puesto no vendamos nuestra honestidad.
    Los periodistas sabemos que mientras impere el respeto a los preceptos básicos, y el pensar distinto no nos transforme en enemigos, no habrá sombras que perturben la certeza absoluta de libertad.
Una libertad que no necesita padrinos ni leyes que la regulen, la condicionen o la impongan, porque el único reaseguro de gozarla radica en el simple e innegociable respeto por la Constitución y todo lo demás es inútil y disociante pirotecnia.
   Bien sabemos los periodistas, que formamos parte de una profesión casi salvajemente invadida. Invadida por médicos, deportistas, curas, rabinos, vedettes, manosantas, dietistas, funcionarios, actores, actrices, travestis, pitonisas, empresarios, modelos, abogados, economistas, corredores de autos, políticos en decadencia o cocineros. Son ellos, los invasores, los que reivindican la vigencia discepoleana de la biblia junto al calefón. 
  Porque la base moral y profesional es el mejor reaseguro para edificar desde allí la honestidad de informar, de opinar, de criticar o de aplaudir. Solamente quienes la poseen se sienten libres y están en condiciones de transmitir esa convicción de libertad que se fortalece día a día, solo en la fragua del trabajo y no en las filas de los partidos políticos, o en ese patético engendro que fue dado en llamar periodismo militante, de donde surgió el falso profesionalismo solamente interesado y fogoneado para imponer autoritariamente su ideología y el discurso único, por encima del sano equilibrio y del saludable disenso.
    En este día, vale la pena recurrir al archivo para reiterar una posición formal con respecto a lo que íntimamente siento como periodista. A toda persona que ejerce el periodismo pero tiene colgado en alguna pared el diploma que lo acredita como tal que le fuera entregado en una solemne ceremonia académica y social, le asiste el legítimo derecho al orgullo de haber plasmado una vocación o una meta vital.
   Pero estamos los otros, los que abrazamos si, una fuerte propensión a informar, a analizar, a dar a conocer lo oculto, encubierto o ignorado sin pensar en la notoriedad o en la fama propia ni con delirios de marquesinas ni tumultos callejeros por firmar autógrafos. Somos -y descaradamente lo confieso- los que sin estudiar estilos, poses, silencios o elegir ropa de última moda, el mejor peinado y más cinematográfico maquillaje, nos lanzamos a esta cotidiana aventura de sentirnos útiles a la sociedad.
   Muchos somos el resultado -o la consecuencia- de habernos iniciado en esta atrapante pasión a mediados del pasado siglo, cuando el periodismo no se estudiaba sino que se
ejercía por vocación y compromiso.
   Somos -porque en verdad no somos pocos- los que hacemos periodismo procurando las reacciones hacia afuera, hacia la gente y no hacia adentro como parte de esas sórdidas batallas mediáticas internas que desgastan a la persona humana y pretenden transformarnos en objeto negociable.
   Venimos del tiempo en que el ejercicio de esta maravillosa actividad nació como una adicción; como un vicio porque escribíamos o hablábamos desde el alma, sin antes hacer pasar la opinión por los bolsillos, en una actitud más emparentada con lo romántico que con el compromiso laboral que era dentro de todo prolijamente respetado.
   No deja de ser una piadosa mentira eso de la vieja bohemia, de las cabareteras trasnochadas al fiado o las interminables y amanecidas cafeteadas, sino una verdad de aquellos tiempos en que el periodismo era casi hermano de la literatura y no una parte esencial del marketinero divismo actual.  
   Somos de los tiempos del archivo, de la memoria, de recorrer bibliotecas y de andar las calles en el diario sacrificio de informar; de aquellos ayeres de vigilias y de temores, a diferencia de algunas jóvenes generaciones más hijas de Google y de las “redes sociales” que del esfuerzo.  
   Es por eso seguramente y no porque tenga vocación de eternidad que más allá del diploma, prefiera esforzarme cada día en ser periodista.   
   Renueva entonces su vigencia la cita del genial Goethe, cuando sostuvo que “Solo es digno de libertad aquel que sabe conquistarla cada día”. Quienes nos sentimos como periodistas, salvajemente libres, lo compartimos plenamente.
   Los periodistas comprometidos -todos menos aquellos a los que prefiero ignorar- que hacemos lo nuestro como un mimo para el espíritu y un virtuoso desenfreno para la propia intimidad, sabemos que nunca se llega a la meta y la desaparecida colega Oriana Fallaci definía magistralmente esa actitud: “Yo quiero caminar, no quiero llegar. Llegar es morir”.

                                    Gonio Ferrari

2 de junio de 2024

S.L.B.: LA  C.G.T.  NACIONAL  ¿YA  PIENSA  EN  OTRO PARO?- PELIGRO DE  LA CICLOTIMIA Y LOS  APRESURAMIENTOS - ESTÁ VEDADO ACAMPAR EN  LA TERMINAL DE ÓMNIBUS – ES  COMO  SI  AL ”CORDOBAZO”  LO HICIERAN A UN LADO DE  LA HISTORIA – LA MEGACAUSA DEL REGISTRO Y SU VIGENCIA  ATEMPORAL - SENADORES  NACIONALES CON  EL SUEÑO DEL PIQUETE PROPIO - ¿HA PASADO DE MODA AQUELLA BUENA COSTUMBRE DE DEJAR EL CIGARRILLO?

 Desgrabación de los comentarios del periodista Gonio Ferrari en su programa “Síganme los buenos” que conduce por la AM580 Radio Universidad Nacional de Córdoba. En la edición nº 833 del domingo 03 de junio de 2024, estos fueron los principales temas abordados: 

¿Otro paro, con provocación incluida?
LA PRETENSIÓN CEGETISTA: NECESITAN UNA   
VICTIMA QUE LES HAGA SENTIRSE  MARTIRES
    El último fracaso de la columna vertebral del movimiento justicialista que es la CGT nacional es difícil de digerir para su dirigencia, por eso tan trillado de la combatividad frente a la injusticia y como protesta por la decadencia económica del país, situación de la que también son corresponsables, al lanzar una salvaje medida de fuerza de paralizarnos, cuando tal enfermedad se fue fortaleciendo en el vulnerable organismo nacional, sin que ellos, los ahora protestones, gritones, patoteros y amenazantes potentados que conforman su dirigencia, hayan hecho nada por enfrentarse al inoperante gobierno de entonces con los métodos mafiosos que ahora utilizan.
   Por suerte esa dinámica que se le impusiera a todo lo que significaba introducir cambios o novedades en la difícil gobernabilidad del país, acostumbrado alternativamente a los aires de la democracia con interrupciones por cuenta de la chantocracia; la improvisación, el saqueo y la autocrítica en grado cero, ha sido una especie de reposo de las inquietudes, temores, controversias tanto en el “uno contra todos”, el todos contra uno o esa desabrida salida cómoda y casi quirúrgica, donde triunfan las indefiniciones y las improvisaciones, a las que nos hemos tenido que ir acostumbrando al ritmo que le impusiera nuestra propia historia de bonanzas y frustraciones; de victorias y de fracasos; de felicidades y de angustias no tan sólo en lo económico sino también en lo social y en lo político o ideológico.
   A todo esto la cúpula de ex trabajadores devenidos en adinerados empresarios, con elevado sentido del ahorro, en lugar de centrar su dedicación a recuperar el bienestar de la masa laburante, y estimular el crecimiento de la demanda de mano de obra, siguió empecinada y cada día con mayor número de adictos  -dicho sea en el buen sentido del término- enfrascado en la protesta inútil, en las dañinas paralizaciones que a nada positivo conducen y en estimular luchas intestinas, siempre nocivas cuando lo que se procura es la unificación de acciones y propósitos dentro de la lucha para enfrentar el adversario común, que por lo general es la indiferencia del poder ante los reclamos.
   Y como no siempre se obtienen resultados positivos en la lucha callejera, más allá de los daños que se provocan y los riesgos de enfrentamientos que se acrecientan, quien paga el costo de las medidas adoptadas es siempre el asalariado quien pierde presentismo, puntualidad, estímulos a la producción y otros beneficios que suelen integrarse a la estacionaria y a veces inamovible mensualidad.
   Esa es la preocupante realidad que adorna a la inutilidad de medidas que deterioran el salario y la estabilidad, que se ensañan sobre el empleado raso aunque en algunos casos fortalezca a los sindicalistas que sin correr los riesgos que acompañan al obrero, suelen progresar en sus ansias de llegar a la conducción con todas las ventajas y gangas que ello representa.
   Hace pocos días, la central obrera decretó un paro general tan costoso como inoportuno que en definitiva fue más provechoso para las bases que para las conducciones, por la simple razón que la ciudadanía ya está harta de esa modalidad de protesta por lo inútil de sus resultados y por las indeseadas consecuencias y derivaciones que provoca esa gastada actitud dirigencial de escupir hacia arriba o de orinar contra el viento.
   El peligro que enmarca a esos fracasos radica en que la próxima medida de fuerza, aunque se decrete sin fundamentación de causas no moverá las agujas del poder que tiene otras preocupaciones más urgentes, dejando a la conducción gremial en la orfandad y obligada a instrumentar medidas más drásticas y efectistas que  la pachorrienta inactividad y en tal sentido, la experiencia y la memoria nos llevan a malpensar en la necesidad dirigencial que en la provocación, se genere violencia tal que culmine con algún desenlace fatal.
   Es como si la indiferencia ciudadana frente a esas medidas, se rompiera cuando en una protesta cegetista pasa a ser un mártir su principal protagonista que ingresa a la historia.
   Los argentinos no necesitamos más mártires, sino dirigentes probos por convicción, antes que guerreros por caprichos, angurrias, seducción por el bienestar sin sacrificio o vocación por el bronce.
 
No existen las fórmulas mágicas…
LA  CICLOTIMIA DE  UNA SOCIEDAD TERMINA SI
SE LE MARCA UN CAMINO HACIA LA GRANDEZA
 

   Tampoco es una cuestión de alocadas premuras que suelen terminar en fracasos, sino de al menos iniciar un recorrido lento pero seguro, dejando de lado la demagogia que al derrapar en sus postulados, termina perjudicando a los menos afortunados y fortaleciendo posiciones de quienes han hecho de la promesa una base discursiva que hace agua por los cuatro costados, por lo que toda acción retardada u omisión, agrava sensiblemente una realidad que tan sólo por una cuestión humanitaria, debiera ser superada sin que necesite la justa demanda popular de acciones más que de promesas.
   Cuando lo más relevante es adelantarse en el camino, no faltan quienes equivoquen la metodología y aplican la prisa por encima del razonamiento de la situación y su tratamiento correcto, para evitar que los apuros jueguen en contra de la efectividad de planes sustentables, pero sin que existan de por medio los  apresuramientos ni las improvisaciones.
   En pocas palabras, lo trascendente en momentos de crisis es el correcto manejo de los tiempos, aunque la violación a tal concepto es casi una costumbre instaurada, precisamente por desesperación, presiones internas y externas y otros factores negativos que suelen aparecer de manera impensada, emparentados con la ciclotimia que bueno es saberlo así se califica a un trastorno mental caracterizado por presentar en forma alternada, períodos de excitación o agitación y de depresión.
   Nada mejor entonces que ajustarnos a la realidad que vivimos, sin pretender la brusquedad de ciertos cambios ni la siestera forma de postergar medidas que aparecen como necesarias y resumiendo, actuar en función de cada situación conflictiva sin adormecerlas en la burocracia ni hacerla estallar llevados por el apuro.
   No son tiempos de equivocaciones porque los errores que venimos pagando desde hace tantos años, son el lastre que todo lo retarda, lo hace más costoso y lo acerca peligrosamente al fracaso, cuando el país necesita ejecutividad sin remiendos y auténticas medidas de fondo que nos al menos nos acerquen a una normalidad funcional hace tanto tiempo perdida.
   Pretender ganarle a los tiempos llevados por la desesperación, es una irreparable como absurda tontera que debemos evitar, o al menos evitarla quienes tienen el poder.
 
Megacausa y prisiones preventivas
NO  SOMOS   FISCALES, DEFENSORES,  JUECES  NI
VERDUGOS, PERO DUELEN LAS CAUSAS INJUSTAS
 
   Una encuesta realizada no hace tanto tiempo en nuestra ciudad por nuestra cuatrisecular Universidad Nacional encontró que el 79 por ciento de los ciudadanos no cree en la independencia del Poder Judicial, y más aún, que el 49% de los agentes judiciales y el 51% de los abogados opinan que el Poder Judicial de Córdoba es independiente… en pocos casos. 
   En la causa del Registro de la Propiedad de Córdoba se produjo la curiosa situación del uso sistemático de prisión preventiva contra un grupo de trabajadores y personas comunes, mantenida a capa y espada en contra de todas las recomendaciones locales, nacionales e internacionales, mientras se ignoraba con el mismo fervor cualquier acusación, denuncia, relato o mención contra los funcionarios de alto rango, llegando al extremo de ordenar apagar la cámara de TV en una audiencia, cuando el testigo citado apuntó hacia las cúpulas. 
   La independencia judicial es siempre tema de debate, bien lo sabemos y la Fundación para el Debido Proceso, en un informe, reflexiona sobre la existencia de injerencias en las decisiones judiciales, que tienen origen desde el exterior y desde el interior del sistema de justicia, refiriendo incluso que, habiendo procesos disciplinarios por no haber aplicado la prisión preventiva, no se conocen procesos abiertos por haberla aplicado arbitrariamente.
   El documento agrega que cabe una especial responsabilidad a las ONG que ejercen vigilancia sobre el sistema de justicia en denunciar estos abusos de prisión preventiva.
   Y en la causa cordobesa del Registro de la Propiedad los dictámenes oficiales y la vigilancia de las ONG, establecieron la arbitrariedad de prisión usada.
   Ya cumplieron su parte.
   Y precisamente por eso cabe preguntarnos y preguntar ¿Cuándo asumirá su responsabilidad el Poder Judicial cordobés y accionará para reparar este abuso que pone bajo sospecha la legitimidad de todo lo actuado?
 
¿Terminal de ómnibus o campamento?
QUE NO SEA  UN CÁMPING  URBANO, PERO QUE
SUS “OKUPAS” RECIBAN TECHO Y CONTENCIÓN
 
   Realmente y por experiencias recogidas en algunos kilómetros de viajes que cargo en mis espaldas y en mis nostalgias, supe tomar como trascendente en cuanto a imágenes iniciales, los puntos de llegada a cualquier lejanía mundial así fuera un típico pueblito salteño, un rancho autóctono en nuestras serranías o un lugar turístico en Nueva York, en París o en el mundo árabe.
   Cada uno, silenciosamente muestra lo suyo, una especie de síntesis de la idiosincrasia y el alma de un pueblo; de un conglomerado humano, y Córdoba no puede ser la excepción, para lo que quiero ser extremadamente sintético.
   Ver a gente durmiendo en condiciones deplorables en una estación de micros o de ferrocarriles es deprimente para el visitante, e injurioso para quienes padecen ese estado.
   Voy al tema por eso de acomodar los trastos en nuestra coqueta terminal de ómnibus para que no pernocten allí los sin techo, ni hogar, ni familia ni un pichicho que les ladre.
   Frente a una situación social tan delicada, lo que se impone es que el poder, si piensa gastar como siempre, en lugar de erradicar a los que considera intrusos, que se ocupe de solucionarles la vida de otra manera digna y no con prohibiciones que los marginan más de lo que es parte de su penosa existencia.
   Se gastan millones y millones de dinero en obras vistosas, cuando se debieran asignar partidas imprescindibles para sostener a quienes no están en condiciones de valerse por sus propios medios.
   Ayudar al prójimo en desgracia, otro de los objetivos que alientan todos los credos religiosos, debiera ser una obligación para sus responsables y no como el caso actual, que necesitan que la misma sociedad les esté apuntando lo prioritario, que es la gente y no el maquillaje.
 
En el riesgoso borde de la injusticia
EL CORDOBAZO, A 55 AÑOS Y EN CAMINO A LA
DESMEMORIA, DILECTA  HERMANA DEL OLVIDO
 
   Medio siglo más un lustro y algunas horas atrás, la ciudad mostraba el aspecto de las grandes gestas populares, con el barrio Clínicas ocupado por los estudiantes y las fuerzas militares que se encaminaban a la represión.
   El centro era un caos total con la presencia de francotiradores, mientras las columnas de trabajadores ya habían ocupado lugares estratégicos como los principales puentes y las avenidas.
   Densas columnas de humo marcaban la vigencia de las barricadas y algunos bancos y empresas emblemáticas ya habían sido víctimas de daños y saqueos.
   La policía fue desbordada y ya no era cuestión de gases lacrimógenos ni balas de goma, que por entonces no existían, sino de pistolas, metralla, plomo y bombas molotov. Las primeras víctimas, entre civiles y uniformados, comenzaron a llegar a los hospitales, mientras que la avenida Colón desde el centro hasta Alto Alberdi exhibía las columnas de alumbrado primero derrumbadas y luego acostadas sobre el pavimento.
   Seguían llegando columnas de trabajadores, los tiroteos eran incesantes y la
gente desde los balcones alimentaba las fogatas, y de paso se desprendía de todo lo inservible que guardaba en sus desvanes.
   Muchos fueron los que se adjudicaron la paternidad de la gesta, en un enfermizo apresuramiento por conquistar espacios en la política o en el sindicalismo.
   Y pareciera que el tiempo no ha pasado, porque aún ahora el cordobazo tiene tantos padres como protagonistas tuvo 55 años atrás, Porque fue una reacción casi generalizada, que encontró en la unión de trabajadores y estudiantes, la manera de explotar frente a situaciones insostenibles.
   Eran los tiempos en que la dirigencia sindical no era parte de las apetencias partidistas, y la misión gremial no padecía la contaminación actual, por ese curioso virus que es la sensualidad del poder y la enfermiza vocación de ganar espacios a cualquier precio, incluyendo el bienestar de sus representados.
   El personalismo de la actual dirigencia, salvo muy pocas y honrosas excepciones, ha transformado lo que fue la lucha de las bases en tiempos no tan lejanos, en una confrontación destinada a lograr una banca, enriquecerse o eternizarse.
   Por eso, a más de medio siglo de aquel histórico día, mi fraternal abrazo a todos los que participaron desde el lirismo de su lucha, y a los colegas con los que compartimos las angustias de la represión, los simulacros de fusilamiento o la dulce fraternidad de los estudiantes.
  Por ellos y con ellos, el brindis vale la pena.
  Pero las cosas mucho han cambiado, sobre todo porque a quienes nos tocara cubrir aquellos acontecimientos, es como si nos quisieran borrar de la memoria todo lo vivido entonces, con una inédita intención de implantar amnesias o modificar la historia, que es el penoso resultado de los olvidos impuestos.
   No quiero entrar en tantos detalles, pero virtualmente desapareció aquel grupo de románticos memoriosos, 29 éramos, sobrevivientes de aquella cobertura, que iniciamos un camino reivindicatorio de evocar para atesorar en los tiempos aquellos duros días de lucha.
   Intentamos y comenzamos la patriada de rescatar de los olvidos todo lo que nos tocó vivir tan de cerca para ofrecerlo a la sociedad cordobesa, a veces proclive a seleccionar aconteceres acomodándolos a intereses alejados de la realidad.
   No pudo ser. Las promesas desde  el poder fueron demasiadas, las interferencias fueron notorias y no es que atesore en el alma nada parecido al odio o al rechazo de la música cuartetera, pero el mismo poder optó por honrar a esa actividad, en lugar de priorizar y alentar recuerdos de lo que fuera una gesta de proyección mundial como lo fuera el Cordobazo.
   El cuarteto tendrá a pleno su museo.
   Nosotros, cada uno de quienes sobrevivimos a esos años de plomo, tendremos la íntima satisfacción de ser coherentes con el pasado, que no fue precisamente una fiesta bailable…
 
Si ellos están disconformes…
¿FUE PARA TANTEAR REACCIONES EL ANUNCIO
DE UN INOPORTUNO AUMENTO EN LAS DIETAS?
 
   No es un tema para tomarlo en el extremo del escándalo o reducirlo a la liviandad del chisme, pero haga la prueba y colóquese en la mente que es usted un afortunado que cada mes, sin demora y sin mayores descuentos, podrá disponer de alrededor de ocho, si, dije ocho millones de pesos para atender las necesidades de su hogar.
   Qué placer, ¿verdad?
   A lo mejor esa fue la intención de quien “se resfriara” en el Senado nacional y dejara escapar que esa pasaría a ser la dieta mensual de cada legislador de tal nivel, aparte de otras gangas como el almuerzo en el comedor del Congreso por una suma graciosamente ínfima, los pasajes aéreos como moneda corriente y algunas otras ventajitas, como facilidades especiales para la compra de vehículos de alta gama y otras lindezas.
   El tema es que al tomar estado público esa versión, la gente empezó a pensar en las ventajas de esos seres, que a veces se dan el lujo de no sesionar por semanas y semanas, que gozan de notorios privilegios y que por lo que se advierte poco les interesa eso tan declamado que lo justo es cobrar por lo que se produce…
   El tema es que cuando ganó notoriedad esa noticia la indignación popular fue en crecimiento y ebullición, hasta que se resolvió postergar “sine die” el regalo y las cosas habrían vuelto a sus valores anteriores o el incremento no sería para llegar a esos números, para muchos, escandalosos.
   Pocos legisladores se refirieron al tema, y en una de esas ese silencio se corresponde con el sigilo con el que estarían formalizando la integración de un piquete que les permita el sueño de la barricada propia siempre y cuando se aseguren de antemano, que no sufrirán ninguna represión, salvo algún cariñoso y cómplice tironcito de orejas.
   Porque los tirones, no precisamente de orejitas, son los que se reparten a todo aquel que ose protestar en demanda de mejorar su mensualidad.
   Y así estamos…
 
Anteayer fue el Día Mundial sin Tabaco
DEJAR DE FUMAR ES  UN DESAFÍO HACIA  ADENTRO Y LA
OPORTUNIDAD DE BENEFICIAR A LA SOCIEDAD ENFERMA
 
   Si se me ocurriera simplificar el consejo para sugerirle a cualquiera que abandone el vicio de fumar tabaco, lo reduciría a un simple detalle: puedo asegurar con certeza matemática que a lo largo de mi vida de fumador -más o menos medio siglo- hice humo un auto Mercedes Benz nuevito, confortable, nunca taxi, seductor y envidiable.
   Dejar de fumar es lo más simple, me decía un amigo, porque lo había intentado como diez veces.
   Existen variados métodos para superar la adicción al cigarrillo, tales como hipnosis, parches, control mental, acupuntura, abstinencia progresiva y una sarta de milagros que prometen los inescrupulosos chantas de siempre.
   A mi modesto entender y aplicando la propia experiencia, he comprobado que el único método eficiente para dejar esa dañina porquería no es otro que la autoestima y esa certeza de tomar conciencia que resulta positivo reconocer que uno se está suicidando, lentamente y a un elevado costo.
   Con quererse un poquito es que se toman las grandes decisiones y se llega a la convicción, luego de tantos años echando humo, que nos hemos fumado un emblemático auto último modelo.
   Cuando uno deja de fumar por determinación propia, sin la participación de sicólogos, acupunturistas, médicos, manochantas, gurúes o especialistas de cualquier otra disciplina, la satisfacción es mayor porque se trata del resultado del propio convencimiento; de la sinceridad interior; de caer en cuenta que te estás suicidando y para colmo, pagando para ello.
   Todas las campañas de diversa índole que se han realizado, inexorablemente son aventajadas por la exacerbación del consumo de cigarrillos, en una acción que desde siempre practican las grandes tabacaleras del mundo gastando en sus promociones mucho más de lo que demandaría recuperar la salud de sus víctimas.  
   Este sano consejo es para gente mayor que vanamente lucha contra su dependencia del tabaco, para dejar de ser, en muchos casos, una bomba de tiempo dentro de la propia familia, condenada al consumo pasivo que es tan pernicioso como seguir transformado en una envenenadora chimenea. Córdoba debe ser la ciudad del país que más lucha contra el tabaquismo, y muchos creían que prohibirlo en bares, shoppings,  boliches y recintos cerrados sería una medida que no respetaría nadie y quedaría disuelto por el paso del tiempo.
   Por fortuna se equivocaron.
   Aunque pase casi desapercibido un ingenioso e imaginativo anuncio de una empresa de servicios fúnebres -incluido en esta nota y sin sentido comercial-  que debiera viralizarse al país y más allá.
   Pero mientras el cigarrillo junto con el alcohol sean de venta libre e indiscriminada, aunque quieran hacerme creer que no se les vende a menores, pocos serán los avances porque la dependencia adictiva a uno u otro de estos consumos, suele ser el umbral para el acceso a sustancias más peligrosas y dañinas.
   Dejar de fumar es una cuestión íntima y personalísima; es un gesto de grandeza y valentía que cada vicioso debe enfrentar, lo reitero, desde la autoestima al reconocer el daño que se hace al propio organismo y al entorno de convivencia que pasa al silencioso sufrimiento de los fumadores pasivos.
   Seguramente es por eso que los que dejamos de fumar, probablemente golpeados por una culpa genuina e insoslayable, no nos creemos apóstoles del bien ni modelos de nada.  
   Anteayer fue el Día Universal sin tabaco y quien lo instituyó y los motivantes son lo de menos, porque su vigencia no deja de ser un preventivo llamado de atención en torno del cigarrillo y otros humos, el aire puro, la autoestima y la imperiosa necesidad de dejar ese vicio que tanto viene dañando a la Humanidad.
   Basta tomar conciencia que siempre hay tiempo para dejar el tabaco al darnos cuenta que, por sobre todos los consejos, es una evitable actitud suicida.
   En lo personal, no me molesta que fumen en el ambiente donde estoy.
   Por eso de mi respeto salvaje a las determinaciones ajenas, no se me ocurriría, por nada del mundo, coartarle a nadie su libertad de metástasis.