La “gran familia” de los SRT, investigadaNO
FUE EXAGERACIÓN SOSTENER QUE LOSS.R.T.
DE LA UNC ERA “EMPRESA FAMILIAR”
La búsqueda de la Justicia, dicha y escrita
con mayúsculas, suele ser una simple cuestión de confianza en las instituciones
y paciencia en cuanto a su concreción, que es cuando comienza el camino hacia
la reivindicación de los ofendidos frente a esa manía que abrazaron muchos
argentinos de “familiarizar” conducciones de instituciones estatales o con
alguna otra dependencia del Estado, buscando el propio beneficio con la simple
y reiterada costumbre de rodearse de parientes y/o allegados en la conducción de
esos organismos, para lo cual comprometen presupuestos, soslayan licitaciones,
realizan compras directas y otras maniobras que lejos están de ser cubiertas
con el lógico y saludable manto del respeto por la ley. Ahora resulta que hilando fino, existen
elementos como para sostener que alguna razón teníamos en este espacio radial
que los escamoteara “entre gallos y medianoche” la conducción de los SRT,
Servicios de Radio y Televisión de la respetable y cuatrisecular Universidad
Nacional de Córdoba que se llamó durante más de 15 años “Síganme los buenos” y
que se instalara con buenas mediciones dentro de la población cordobesa,
provincias vecinas y algunos cercanos y también remotos países del exterior. Nos censuraron malamente, por la espalda y
sin aviso, cuando se nos ocurrió -éste periodista en particular- sostener que
los SRT se habían convertido en una “empresa familiar” y existen ahora detalles
como para confirmar plenamente aquella revelación que fue tomada por artero
motivo para desplazarlo de su espacio, al igual que otros emprendimientos
periodísticos porque esos espacios -también lo señalamos en su momento- fueron
liberados para albergar allí a su “propia tropa” y disponer de ellos con miras a
futuras elecciones. Resulta ahora que desde el exilio obligado,
que no consiguió acallarnos, vemos con satisfacción que la Justicia se ocupa de
ventilar aquella certeza de la “empresa familiar” a la que hacíamos mención y
que fuera tomada en su momento a chanza, exageración, equivocación o fruto de
alguna “mala entraña” sobreactuada en la defensa de sus auténticos derechos. A los efectos de expandir tal actualización
de la situación, considero oportuno, en lo personal, la lectura de la página18, sección “Ciudadanos” del diario La Voz del Interior de este domingo 24 deagosto, donde aparecen los detalles de las maniobras perpetradas desde los SRT
en beneficio de parientes cercanos y no tanto, de la conducción renovada unos
meses atrás, “remanente” del kirchnerismo y que se venían dando con alguna
anterioridad. Frente a esa situación callaron tanto el
gremio de Prensa como legisladores y políticos de todos los colores en una
dolorosa actitud de silencio e indiferencia, que incluso comprendió a los casos
fatales de Roxana Menéndez, Claudio Ferrer y otras curiosas “inversiones”
concretadas que fueron a parar al rincón de las anécdotas y los olvidos. Celebramos con mi tenaz y eficiente equipo de trabajo y
producción, esta revelación periodística que coloca las cosas en su lugar, con
el ruego personal de no ceder frente a las presiones que seguramente
sobrevienen con quienes cometen “el error” de hurgar en las arcanas entrañas de
los “errores” perpetrados. En tanto para cerrar este capítulo inicial de
lo que se supone será un largo proceso de dimes y diretes, este periodista opta
por hacerlo con una sentencia de un gran pensador como lo era Eurípides, para
que en los SRT procuren instalar hacia la Justicia un ruego de no aflojar,
hasta las últimas consecuencias: “A las personas con las que hemos sido
injustos, raramente solemos mirarlas con buenos ojos. Al contrario, despiertan en
nosotros el deseo de ser todavía más despiadados la próxima vez, aunque sólo sea
por suavizar la primera injusticia que cometimos”. Reconforta saber, después de todo, que no
toda lucha es vana y puedo asegurar que ese es uno de mis más íntimos orgullos…GONIO FERRARIPeriodista censurado que todavía piensa… Millonarios del sindicalismo URGE
UNA “VACUNA” QUE IMPIDA ELENRIQUECIMIENTO
DE LA DIRIGENCIA No hace mucho tiempo y siendo tontos sin que
nos diéramos cuenta, nunca se nos dio por escudriñar en las súbitas y
desmedidas riquezas que muchas veces sin pudor, mostraban los “popes” de la
dirigencia gremial argentina y en un exceso de inexistente inocencia, llegamos
a pensar que la base de esas fortunas estaba en el sentido del ahorro que se
había posesionado de quienes a brazo partido luchaban a veces con desmedido
fervor que pasaba a ser violencia para encaramarse en las cúpulas y pasar de la
categoría “laburante” a la ansiada, apetecida y ya envidiada figuración de
“dirigente”. Ahora nos sorprende ver a muchos capitostes
sindicales marchar junto a los jubilados que protestan, cuando ellos, desde sus
conducciones, poco hicieron en favor de quienes se retiraban para acogerse a
todos los “beneficios” que supuestamente recibirían en el “jubileo” de sus
existencias terrenas, como jamás tampoco me enteré de la existencia de
laburantes ricos y sindicalistas en la pobreza extrema, aparte de conformar una
“elite” con vocación de eternidad en sus cargos, hasta el punto que hay algunos
casos con más de 30 años gozando del poder y de las chequeras, con las que
seguramente pudieron pasar a la gran vida con mansiones, viajes al exterior,
servidumbre, autos de alta gama, guardaespaldas y otras gangas, muy superiores,
entren otras, a las que resultan agraciados beneficiarios los legisladores
especialmente los nacionales. La enorme mayoría de los sindicalistas se
confiesa fanáticamente peronista y actuar siempre en defensa y apoyo de los
trabajadores aunque ahora, muchos de esos “conductores”, sin siquiera ponerse
colorados, han pasado a la calificación de “socialdemócratas”. ¿Quién los entiende? Llegará el día que la situación y las
revelaciones derroten a las complicidades y a los silencios, hasta que se
conozca toda la verdad y la historia de inexplicables riquezas alcanzadas por
ciertos dirigentes gremiales que pese a ser “lacra” dentro de sus
organizaciones, viven de reelección en reelección por dos razones aparte de eso
que le llaman “respeto” pero que no todos inspiran, que son las dádivas que
reciben privilegiados sostenedores de sus renovadas candidaturas. Llegará el día que de alguna manera los
trabajadores se vacunen contra esos personajes que tanto daño le hacen a la
masa de “seguidores” encandilados por sus propias ansias de llegar a tales
alturas con el menor de los esfuerzos. Que no se enojen entonces los capos” de esas
organizaciones, si muchos ya los tilden de “esquimales”, porque nunca, jamás,
han transpirado.GONIO FERRARI Desde
el Covid al Fentanilo ¿ES CULPABLE
DE FATALES NEGLIGENCIASEL ESTADO A LA HORA DE LOS CONTROLES? Es como si el paso implacable del tiempo hubiera tejido una cortina de
imperdonable olvido, transformando en penosa anécdota los miles de casos de
muertes evitables como consecuencias de la angurria que prevaleciera por encima
de la realidad, cuando desde la cúpula del
poder “nacional y popular” de entonces era un hervidero de intereses a la hora
de negociar la compra de vacunas en el exterior, mientras los funcionarios
encargados de brindarnos protección vivían más pendientes de los números que
manejaban en moneda extranjera, que del sufrimiento de tantos parientes que
despedían sin siquiera poder ver a sus familiares embolsados en el negro
plástico de lo irreversible. Cuando el poder se destaca por su ausencia
que es el disfraz de la indiferencia y la ineptitud, lo peor es que con tal
ausencia se potencia la gravedad de cualquier situación conflictiva. El vértigo del dolor obró en un viraje a la
obligada resignación al menos por aquellos enlutados tiempos, hasta que se
conocieron las tramoyas en las que incurrieran -en beneficio propio y para
desgracia ajena- desde aquel penosamente inolvidable G.G.G. a quien le
confiaran la patriótica tarea de ocuparse de la provisión de vacunas con la
casi segura recomendación de manejar los números fatales para restarle
dramatismo a la situación que nos tocaba vivir. Por eso redondeaban las cifras
ocultando la dolorosa verdad de alrededor de cien mil casos fatales. Precisamente -tengo entendido- al bueno y
eficiente Ginés Gonzalez García no le quedó otra salida que renunciar y si mal
no recuerdo lo hizo desde la comodidad que pagamos los argentinos, del hotel
que lo alojaba en España y no faltaron los maledicentes que aseguraban que
G.G.G. se vio obligado a volverse apresuradamente de España por problemas con
el idioma… Las alarmas cundieron con los primeros
desenlaces fatales y es sorprendente que al menos dentro de lo que se conoce,
fueron muy reservados como recónditos y encubiertos secretos de Estado por
temor al pánico, pero más por el descrédito hacia la seriedad de un gobierno
que optó por el escondrijo a un gravísimo caso de intoxicación masiva. Y algo
tardíamente surge el interrogante: ¿se inició de alguna manera por parte del
poder central, una investigación seria -seriamente dicho- que terminara
adjudicando responsabilidades de tantas muertes, muchas de ellas evitables? Algo tardíamente aquella es la misma pregunta que ronda
seguramente en la intimidad de las conciencias de quienes primero escondieron y
después “descubrieron” los casos de muertes por Fentanilo o como le quieran llamar,
que hasta ahora ronda superando un centenar de desenlaces fatales, y la raíz de
tantos crímenes por ahora impunes está
entre las tinieblas del origen y de las complicidades que comparten los
verdaderos irresponsables, cultores del “yo no fui”. Allá por los confines de la historia,
Cervantes supo decir que “necio es y muy necio el que, descubriendo un secreto
a otro, le pide encarecidamente que le calle”, aplicando cierta analogía con
una inocente pregunta que solía plantear por entonces Lope de Vega: “No guardas
tú tu secreto ¿y quieres que otro le guarde?” aunque sin embargo y como
culminación de lo que se consideraba arcano, muchos optaron por seguir a
Confucio: “El silencio es un amigo que jamás traiciona”. Aquello que alguna vez nos tocó afirmar que
era un maligno juego de intereses, celos, envidias, codicias y ambiciones viene
lentamente caminando por la relajación en su ruta hacia la amnesia y de lo que
se conoce, es como si no existieran quienes tienen la desgraciada culpa y la
impostergable misión de hurgar a fondo, “hasta el hueso” porque al tamaño costo
político que nos reclama la realidad que debemos pagar por inacciones o
maniobras dinerariamente redituables para ”los elegidos”, alguien tiene que asumirlo. Y uno de los detalles que asoma desde los
silencios consagrados, es que aquello de “cero autocrítica” y la memorable
maniobra de que “las culpas son todas ajenas” no será para la historia una
exclusividad que se cansaran de recitar los responsables de una parte
importante de la postración, que al irse del poder desalojados por las urnas,
nos dejaran los que ahora sueñan y amagan con volver. Y ya que vamos de dicho en dicho fue nadie
menos que Juan Perón quien descerrajó en su momento algo que fue tomado como un
desafío a la ley: “Para los amigos, todo; para los enemigos, ni justicia” aunque
a título personal y por haber soportado una que otra injusticia, me inclino por la enorme sabiduría de San
Agustín, dicha como si en sus tiempos hubiera conocido a los argentinos: “Sin
la justicia ¿qué son los reinos sino una partida de salteadores?” Algo se avanzó desde menos que la nada para
la identificación, búsqueda y resguardo de riguroso y controlado encierro, con algunos de los implicados en lo
que derivaran el espanto de llanto, luto, pesar e impotencia, ahora que podemos
llegar a sostener que las cárceles están llenas de atrasados mentales; la
mayoría de los criminales inteligentes están libres paseando por las calles o
con alguna cuota de poder político, y muchos de ellos están convencidos de ser
personas respetables. Para esos casos, bien y oportunamente, sin
más pérdidas de valioso tiempo en inútiles idas y vueltas que facilitan un
visible “trabajo” aplicado a la limpieza de pruebas condenatorias, para esos
sátrapas hambrientos de poder y de dinero, enemigos de la vida, cuadraría aquel
poco sutil y aplicable pensamiento de Juan Domingo Perón referido a la
Justicia.GONIO FERRARIPeriodista censurado Más allá del triunfazo
de ayerFÚTBOL Y RUGBY, ENORMES DIFERENCIASQUE ES PRECISO TOMARLAS EN CUENTA Es muy cierto que el más popular de los
deportes sea una muestra de habilidad, juego en equipo, táctica, jugadas
preparadas, rigor de entrenamientos, vida sana, control de los romances,
desborde muscular, más de dos pulmones por jugador y otras exigencias, impone
una conducta para enfrentar algunas de las alternativas del fútbol pero de
manera especial lo atinente a las lesiones que se llegan a padecer, por parte
de quienes han hecho de ese deporte una forma de vida y una escalera hacia la
fama y la fortuna, sobre todo si sobresalen entre nosotros y luego son
“comprados” por equipos extranjeros especialmente europeos, lo que no difiere
entre las dos disciplinas porque para el fútbol somos desde hace años un
“mercado internacional” de buenos exponentes del balompié así sean avezados
practicantes o entrenadores. En cuanto
al rugby y más allá de la trascendental victoria lograda ayer por Los Pumas en
su encuentro en casa propia frente a los temibles neozelandeses, quienes ya los
vencieran más 30 veces contra dos o tres victorias de los nuestros y un empate,
es bueno establecer algunas diferencias entre fútbol y rugby, para que poco a
poco sea mayor la cantidad de seguidores con los que cuenta el deporte de la
pelota ovalada. Empezando
por lo inmediatamente anterior a un encuentro internacional, la ceremonia de
los himnos es eso: una ceremonia plena de respeto porque los jugadores de rugby
no mascan chicle, no se acomodan los flequillos, no se sacan los mocos ni hacen
“fonomímica” y “playback” con sus canciones patrias mientras los rugbiers se
desgañitan y muchos lagrimean entonando sus himnos. Durante
los encuentros se advierten otras enormes diferencias porque el fútbol es
habilidad, creatividad, estado físico, teatralización como de esas lesiones
inexistentes pero reacciones aparatosas
como de recibir tres puñaladas en el pecho y dos disparos de revólver en la
nuca. Párrafo
aparte para los árbitros, atados a un viejo concepto del rugby que reza “El
árbitro siempre razón y más cuando no la tiene” y nadie osa protestar cintra un
fallo del soplapitos aparte que se posee tecnología de apoyo similar al Var
para las jugadas confusas. En el
rugby advierto que existe mayor respeto por el rival y su “barra” en un juego
de alto y riesgoso contacto, a fuerza de habilidad y fuerza que muchas veces se
confunde con casos de extrema gravedad como producto de la mala intención del
adversario. Por
último, el “tercer tiempo” en el fútbol es por esa pésima costumbre de
tomárselas en “estado de guerra” con el adversario en las tribunas, con escenas
de violencia, pugilato, tenencia y uso de armas blancas y de fuego y otras
lindezas, a diferencia del rugby que al dar por finalizado el enfrentamiento
deportivo, todos actúan como buenos amigos, se abrazan y en los vestuarios por
lo general comparten birras, scotch y algún vinito con “choris” y otras
vituallas. Sólo eso,
para que alguna vez se comprenda que el rugby, deporte de alto contacto y el
fútbol, muestrario de habilidad, equipo, fervor y gambeta, permitan ser desvirtuados
por algunos loquitos que nunca faltan y creen que la maldad es un distintivo
que los resalta como héroes. ¿Algunos
delitos graves, perpetrados por jugadores de rugby borrachos y lejos de las
canchas? Existieron, pero en mínima comparación con los que protagonizan
activos y ex exponentes del fútbol encumbrados o no, incomparables por su
gravedad, con los que suelen “distinguirse” algunos rugbiers. Porque si
es por patotas, existen como “final de fiesta” para muchos, de distintas
actividades no tan sólo deportivas. Megacausa del Registro, infaltableVARIOS “CUANDO”
ENSOMBRECEN UNPANORAMA QUE RECLAMA CLARIDAD Enseña la Real Academia
Española que el absurdo es algo contrario y opuesto a la razón, que no tiene
sentido, resulta contradictorio, arbitrario y disparatado. Esta definición trae
de inmediato a la mente la causa del Registro de la Propiedad de Córdoba y sus
curiosas situaciones. Como ejemplo de ello: Cuando un
juez dice que no tiene ninguna prueba contra un imputado, pero igual lo
encierra en prisión preventiva por su convicción. Cuando se acusa a personas
por figurar en una agenda, en un contacto de teléfono, por ser compañero,
familiar, vecino o cercano a otro imputado. Cuando se encarcela
sistemáticamente a estas personas durante tres años sin llevarlas a juicio.
Cuando los imputados llegan a juicio con la condena ya cumplida. Y seguimos con los “cuando”: Cuando
se designa una comisión especial para juzgar los casos, algo prohibido por la
Constitución, en lugar de los jueces que por sorteo corresponden. Cuando se
sostiene que la causa es una sola y que son distintas a la vez (así como se
escucha) a fin de que la comisión se haga cargo de todos los
juicios. Cuando se juzga repetidamente a los mismos imputados. Cuando
la fiscalía cita las palabras de testigos anónimos que nadie puede ver,
conocer, citar, ni mucho menos confrontar. Cuando se acusa de confabularse
y ser una banda a personas que no se conocen ni se comunican entre sí. Casi es el último “cuando”, sin
ninguna certeza: Cuando se ignoran las acusaciones de los testigos contra altos
funcionarios. Estas situaciones reúnen varios
requisitos del absurdo, un atributo que ejercido por un Poder Judicial debiera
ser motivo de profundo y severo análisis. No es “adiós”. Es ¡hasta
pronto!ÍNTIMO
MENSAJE DESTINADO ANUESTROS FIELES SEGUIDORES Giácomo
Leopardi, poeta y filósofo italiano, supo sentenciar años atrás -muchos- que
“Siempre oprime dolorosamente el corazón humano, aunque sea extraño, el que se
va y dice adiós para siempre”. No es mi caso porque nunca me fui de donde
estuve feliz y respetado hasta que… Por eso opto, en esta instancia, inclinarme
por un proverbio árabe que posee la fuerza de una verdad enorme: “Sólo el que
tiene el pié sobre la brasa sabe lo que es la quemadura”. Con mi
enorme agradecimiento…GONIO FERRARIPeriodista en reposo
El vértigo del dolor obró en un viraje a la
obligada resignación al menos por aquellos enlutados tiempos, hasta que se
conocieron las tramoyas en las que incurrieran -en beneficio propio y para
desgracia ajena- desde aquel penosamente inolvidable G.G.G. a quien le
confiaran la patriótica tarea de ocuparse de la provisión de vacunas con la
casi segura recomendación de manejar los números fatales para restarle
dramatismo a la situación que nos tocaba vivir. Por eso redondeaban las cifras
ocultando la dolorosa verdad de alrededor de cien mil casos fatales.
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