7 de junio de 2024

Hoy es el Día del Periodista

LA  PROFESIÓN MÁS INVADIDA  QUE  TAMBIÉN
TIENE DERECHO A FESTEJAR EN HERMANDAD
 
   Este viernes se conmemora el Día del Periodista, instituido en recordación de un nuevo aniversario de la aparición de La Gazeta de Buenos Ayres, inspirada por Mariano Moreno, primera expresión criolla de acuñar ideas en libertad, con el nacimiento de la Patria. No son muichos los que conocen que la institución de esta fecha surgió en Córdoba durante el gobierno de Amadeo Sabattini, cuando en 1938 deliberó aquí el Primer Congreso Nacional de Periodistas, en cuyo seno nació esa iniciativa. Para quienes no lo sepan, es bueno anoticiarlos que un periodista es el hilo conductor entre el suceso y su estado público. 
   El periodista de raza no es fiscal, defensor, juez ni verdugo y solo muestra una realidad, a veces descarnada, que no puede modificar y es asimismo un inductor de la toma de conciencia y orientador de opiniones; es quien hurga e indaga; es quien parte de la crítica para ayudar a construir. 
   Pero no son todas delicias las que jalonan la vida del periodista, al menos de aquellos amantes de la libertad. Son las primeras víctimas de los autoritarios, de los dictadores y de aquellos que los someten a barrotes o a mordazas y muchas veces son destinatarios de presiones de conciencia. Son -somos-también víctimas, en los conflictos armados que nos muestran actuando en el frente, junto al máximo peligro.
   Entre nosotros, la libertad de expresión no es ni ha sido la graciosa concesión de ningún gobierno, sino el respeto hacia el ejercicio de la tarea periodística al amparo de la Constitución, de las leyes y del sentido ético.
 Los periodistas de ley no necesitamos que nadie nos indique lo que debemos decir o nos impongan lo que debemos callar y menos todavía aquella pretensión no tan lejana de intentar enseñarnos a pensar, porque tenemos pensamiento y criterio propios, siempre que por la pauta publicitaria o por conservar el puesto no vendamos nuestra honestidad.
    Los periodistas sabemos que mientras impere el respeto a los preceptos básicos, y el pensar distinto no nos transforme en enemigos, no habrá sombras que perturben la certeza absoluta de libertad.
Una libertad que no necesita padrinos ni leyes que la regulen, la condicionen o la impongan, porque el único reaseguro de gozarla radica en el simple e innegociable respeto por la Constitución y todo lo demás es inútil y disociante pirotecnia.
   Bien sabemos los periodistas, que formamos parte de una profesión casi salvajemente invadida. Invadida por médicos, deportistas, curas, rabinos, vedettes, manosantas, dietistas, funcionarios, actores, actrices, travestis, pitonisas, empresarios, modelos, abogados, economistas, corredores de autos, políticos en decadencia o cocineros. Son ellos, los invasores, los que reivindican la vigencia discepoleana de la biblia junto al calefón. 
  Porque la base moral y profesional es el mejor reaseguro para edificar desde allí la honestidad de informar, de opinar, de criticar o de aplaudir. Solamente quienes la poseen se sienten libres y están en condiciones de transmitir esa convicción de libertad que se fortalece día a día, solo en la fragua del trabajo y no en las filas de los partidos políticos, o en ese patético engendro que fue dado en llamar periodismo militante, de donde surgió el falso profesionalismo solamente interesado y fogoneado para imponer autoritariamente su ideología y el discurso único, por encima del sano equilibrio y del saludable disenso.
    En este día, vale la pena recurrir al archivo para reiterar una posición formal con respecto a lo que íntimamente siento como periodista. A toda persona que ejerce el periodismo pero tiene colgado en alguna pared el diploma que lo acredita como tal que le fuera entregado en una solemne ceremonia académica y social, le asiste el legítimo derecho al orgullo de haber plasmado una vocación o una meta vital.
   Pero estamos los otros, los que abrazamos si, una fuerte propensión a informar, a analizar, a dar a conocer lo oculto, encubierto o ignorado sin pensar en la notoriedad o en la fama propia ni con delirios de marquesinas ni tumultos callejeros por firmar autógrafos. Somos -y descaradamente lo confieso- los que sin estudiar estilos, poses, silencios o elegir ropa de última moda, el mejor peinado y más cinematográfico maquillaje, nos lanzamos a esta cotidiana aventura de sentirnos útiles a la sociedad.
   Muchos somos el resultado -o la consecuencia- de habernos iniciado en esta atrapante pasión a mediados del pasado siglo, cuando el periodismo no se estudiaba sino que se
ejercía por vocación y compromiso.
   Somos -porque en verdad no somos pocos- los que hacemos periodismo procurando las reacciones hacia afuera, hacia la gente y no hacia adentro como parte de esas sórdidas batallas mediáticas internas que desgastan a la persona humana y pretenden transformarnos en objeto negociable.
   Venimos del tiempo en que el ejercicio de esta maravillosa actividad nació como una adicción; como un vicio porque escribíamos o hablábamos desde el alma, sin antes hacer pasar la opinión por los bolsillos, en una actitud más emparentada con lo romántico que con el compromiso laboral que era dentro de todo prolijamente respetado.
   No deja de ser una piadosa mentira eso de la vieja bohemia, de las cabareteras trasnochadas al fiado o las interminables y amanecidas cafeteadas, sino una verdad de aquellos tiempos en que el periodismo era casi hermano de la literatura y no una parte esencial del marketinero divismo actual.  
   Somos de los tiempos del archivo, de la memoria, de recorrer bibliotecas y de andar las calles en el diario sacrificio de informar; de aquellos ayeres de vigilias y de temores, a diferencia de algunas jóvenes generaciones más hijas de Google y de las “redes sociales” que del esfuerzo.  
   Es por eso seguramente y no porque tenga vocación de eternidad que más allá del diploma, prefiera esforzarme cada día en ser periodista.   
   Renueva entonces su vigencia la cita del genial Goethe, cuando sostuvo que “Solo es digno de libertad aquel que sabe conquistarla cada día”. Quienes nos sentimos como periodistas, salvajemente libres, lo compartimos plenamente.
   Los periodistas comprometidos -todos menos aquellos a los que prefiero ignorar- que hacemos lo nuestro como un mimo para el espíritu y un virtuoso desenfreno para la propia intimidad, sabemos que nunca se llega a la meta y la desaparecida colega Oriana Fallaci definía magistralmente esa actitud: “Yo quiero caminar, no quiero llegar. Llegar es morir”.

                                    Gonio Ferrari

2 de junio de 2024

S.L.B.: LA  C.G.T.  NACIONAL  ¿YA  PIENSA  EN  OTRO PARO?- PELIGRO DE  LA CICLOTIMIA Y LOS  APRESURAMIENTOS - ESTÁ VEDADO ACAMPAR EN  LA TERMINAL DE ÓMNIBUS – ES  COMO  SI  AL ”CORDOBAZO”  LO HICIERAN A UN LADO DE  LA HISTORIA – LA MEGACAUSA DEL REGISTRO Y SU VIGENCIA  ATEMPORAL - SENADORES  NACIONALES CON  EL SUEÑO DEL PIQUETE PROPIO - ¿HA PASADO DE MODA AQUELLA BUENA COSTUMBRE DE DEJAR EL CIGARRILLO?

 Desgrabación de los comentarios del periodista Gonio Ferrari en su programa “Síganme los buenos” que conduce por la AM580 Radio Universidad Nacional de Córdoba. En la edición nº 833 del domingo 03 de junio de 2024, estos fueron los principales temas abordados: 

¿Otro paro, con provocación incluida?
LA PRETENSIÓN CEGETISTA: NECESITAN UNA   
VICTIMA QUE LES HAGA SENTIRSE  MARTIRES
    El último fracaso de la columna vertebral del movimiento justicialista que es la CGT nacional es difícil de digerir para su dirigencia, por eso tan trillado de la combatividad frente a la injusticia y como protesta por la decadencia económica del país, situación de la que también son corresponsables, al lanzar una salvaje medida de fuerza de paralizarnos, cuando tal enfermedad se fue fortaleciendo en el vulnerable organismo nacional, sin que ellos, los ahora protestones, gritones, patoteros y amenazantes potentados que conforman su dirigencia, hayan hecho nada por enfrentarse al inoperante gobierno de entonces con los métodos mafiosos que ahora utilizan.
   Por suerte esa dinámica que se le impusiera a todo lo que significaba introducir cambios o novedades en la difícil gobernabilidad del país, acostumbrado alternativamente a los aires de la democracia con interrupciones por cuenta de la chantocracia; la improvisación, el saqueo y la autocrítica en grado cero, ha sido una especie de reposo de las inquietudes, temores, controversias tanto en el “uno contra todos”, el todos contra uno o esa desabrida salida cómoda y casi quirúrgica, donde triunfan las indefiniciones y las improvisaciones, a las que nos hemos tenido que ir acostumbrando al ritmo que le impusiera nuestra propia historia de bonanzas y frustraciones; de victorias y de fracasos; de felicidades y de angustias no tan sólo en lo económico sino también en lo social y en lo político o ideológico.
   A todo esto la cúpula de ex trabajadores devenidos en adinerados empresarios, con elevado sentido del ahorro, en lugar de centrar su dedicación a recuperar el bienestar de la masa laburante, y estimular el crecimiento de la demanda de mano de obra, siguió empecinada y cada día con mayor número de adictos  -dicho sea en el buen sentido del término- enfrascado en la protesta inútil, en las dañinas paralizaciones que a nada positivo conducen y en estimular luchas intestinas, siempre nocivas cuando lo que se procura es la unificación de acciones y propósitos dentro de la lucha para enfrentar el adversario común, que por lo general es la indiferencia del poder ante los reclamos.
   Y como no siempre se obtienen resultados positivos en la lucha callejera, más allá de los daños que se provocan y los riesgos de enfrentamientos que se acrecientan, quien paga el costo de las medidas adoptadas es siempre el asalariado quien pierde presentismo, puntualidad, estímulos a la producción y otros beneficios que suelen integrarse a la estacionaria y a veces inamovible mensualidad.
   Esa es la preocupante realidad que adorna a la inutilidad de medidas que deterioran el salario y la estabilidad, que se ensañan sobre el empleado raso aunque en algunos casos fortalezca a los sindicalistas que sin correr los riesgos que acompañan al obrero, suelen progresar en sus ansias de llegar a la conducción con todas las ventajas y gangas que ello representa.
   Hace pocos días, la central obrera decretó un paro general tan costoso como inoportuno que en definitiva fue más provechoso para las bases que para las conducciones, por la simple razón que la ciudadanía ya está harta de esa modalidad de protesta por lo inútil de sus resultados y por las indeseadas consecuencias y derivaciones que provoca esa gastada actitud dirigencial de escupir hacia arriba o de orinar contra el viento.
   El peligro que enmarca a esos fracasos radica en que la próxima medida de fuerza, aunque se decrete sin fundamentación de causas no moverá las agujas del poder que tiene otras preocupaciones más urgentes, dejando a la conducción gremial en la orfandad y obligada a instrumentar medidas más drásticas y efectistas que  la pachorrienta inactividad y en tal sentido, la experiencia y la memoria nos llevan a malpensar en la necesidad dirigencial que en la provocación, se genere violencia tal que culmine con algún desenlace fatal.
   Es como si la indiferencia ciudadana frente a esas medidas, se rompiera cuando en una protesta cegetista pasa a ser un mártir su principal protagonista que ingresa a la historia.
   Los argentinos no necesitamos más mártires, sino dirigentes probos por convicción, antes que guerreros por caprichos, angurrias, seducción por el bienestar sin sacrificio o vocación por el bronce.
 
No existen las fórmulas mágicas…
LA  CICLOTIMIA DE  UNA SOCIEDAD TERMINA SI
SE LE MARCA UN CAMINO HACIA LA GRANDEZA
 

   Tampoco es una cuestión de alocadas premuras que suelen terminar en fracasos, sino de al menos iniciar un recorrido lento pero seguro, dejando de lado la demagogia que al derrapar en sus postulados, termina perjudicando a los menos afortunados y fortaleciendo posiciones de quienes han hecho de la promesa una base discursiva que hace agua por los cuatro costados, por lo que toda acción retardada u omisión, agrava sensiblemente una realidad que tan sólo por una cuestión humanitaria, debiera ser superada sin que necesite la justa demanda popular de acciones más que de promesas.
   Cuando lo más relevante es adelantarse en el camino, no faltan quienes equivoquen la metodología y aplican la prisa por encima del razonamiento de la situación y su tratamiento correcto, para evitar que los apuros jueguen en contra de la efectividad de planes sustentables, pero sin que existan de por medio los  apresuramientos ni las improvisaciones.
   En pocas palabras, lo trascendente en momentos de crisis es el correcto manejo de los tiempos, aunque la violación a tal concepto es casi una costumbre instaurada, precisamente por desesperación, presiones internas y externas y otros factores negativos que suelen aparecer de manera impensada, emparentados con la ciclotimia que bueno es saberlo así se califica a un trastorno mental caracterizado por presentar en forma alternada, períodos de excitación o agitación y de depresión.
   Nada mejor entonces que ajustarnos a la realidad que vivimos, sin pretender la brusquedad de ciertos cambios ni la siestera forma de postergar medidas que aparecen como necesarias y resumiendo, actuar en función de cada situación conflictiva sin adormecerlas en la burocracia ni hacerla estallar llevados por el apuro.
   No son tiempos de equivocaciones porque los errores que venimos pagando desde hace tantos años, son el lastre que todo lo retarda, lo hace más costoso y lo acerca peligrosamente al fracaso, cuando el país necesita ejecutividad sin remiendos y auténticas medidas de fondo que nos al menos nos acerquen a una normalidad funcional hace tanto tiempo perdida.
   Pretender ganarle a los tiempos llevados por la desesperación, es una irreparable como absurda tontera que debemos evitar, o al menos evitarla quienes tienen el poder.
 
Megacausa y prisiones preventivas
NO  SOMOS   FISCALES, DEFENSORES,  JUECES  NI
VERDUGOS, PERO DUELEN LAS CAUSAS INJUSTAS
 
   Una encuesta realizada no hace tanto tiempo en nuestra ciudad por nuestra cuatrisecular Universidad Nacional encontró que el 79 por ciento de los ciudadanos no cree en la independencia del Poder Judicial, y más aún, que el 49% de los agentes judiciales y el 51% de los abogados opinan que el Poder Judicial de Córdoba es independiente… en pocos casos. 
   En la causa del Registro de la Propiedad de Córdoba se produjo la curiosa situación del uso sistemático de prisión preventiva contra un grupo de trabajadores y personas comunes, mantenida a capa y espada en contra de todas las recomendaciones locales, nacionales e internacionales, mientras se ignoraba con el mismo fervor cualquier acusación, denuncia, relato o mención contra los funcionarios de alto rango, llegando al extremo de ordenar apagar la cámara de TV en una audiencia, cuando el testigo citado apuntó hacia las cúpulas. 
   La independencia judicial es siempre tema de debate, bien lo sabemos y la Fundación para el Debido Proceso, en un informe, reflexiona sobre la existencia de injerencias en las decisiones judiciales, que tienen origen desde el exterior y desde el interior del sistema de justicia, refiriendo incluso que, habiendo procesos disciplinarios por no haber aplicado la prisión preventiva, no se conocen procesos abiertos por haberla aplicado arbitrariamente.
   El documento agrega que cabe una especial responsabilidad a las ONG que ejercen vigilancia sobre el sistema de justicia en denunciar estos abusos de prisión preventiva.
   Y en la causa cordobesa del Registro de la Propiedad los dictámenes oficiales y la vigilancia de las ONG, establecieron la arbitrariedad de prisión usada.
   Ya cumplieron su parte.
   Y precisamente por eso cabe preguntarnos y preguntar ¿Cuándo asumirá su responsabilidad el Poder Judicial cordobés y accionará para reparar este abuso que pone bajo sospecha la legitimidad de todo lo actuado?
 
¿Terminal de ómnibus o campamento?
QUE NO SEA  UN CÁMPING  URBANO, PERO QUE
SUS “OKUPAS” RECIBAN TECHO Y CONTENCIÓN
 
   Realmente y por experiencias recogidas en algunos kilómetros de viajes que cargo en mis espaldas y en mis nostalgias, supe tomar como trascendente en cuanto a imágenes iniciales, los puntos de llegada a cualquier lejanía mundial así fuera un típico pueblito salteño, un rancho autóctono en nuestras serranías o un lugar turístico en Nueva York, en París o en el mundo árabe.
   Cada uno, silenciosamente muestra lo suyo, una especie de síntesis de la idiosincrasia y el alma de un pueblo; de un conglomerado humano, y Córdoba no puede ser la excepción, para lo que quiero ser extremadamente sintético.
   Ver a gente durmiendo en condiciones deplorables en una estación de micros o de ferrocarriles es deprimente para el visitante, e injurioso para quienes padecen ese estado.
   Voy al tema por eso de acomodar los trastos en nuestra coqueta terminal de ómnibus para que no pernocten allí los sin techo, ni hogar, ni familia ni un pichicho que les ladre.
   Frente a una situación social tan delicada, lo que se impone es que el poder, si piensa gastar como siempre, en lugar de erradicar a los que considera intrusos, que se ocupe de solucionarles la vida de otra manera digna y no con prohibiciones que los marginan más de lo que es parte de su penosa existencia.
   Se gastan millones y millones de dinero en obras vistosas, cuando se debieran asignar partidas imprescindibles para sostener a quienes no están en condiciones de valerse por sus propios medios.
   Ayudar al prójimo en desgracia, otro de los objetivos que alientan todos los credos religiosos, debiera ser una obligación para sus responsables y no como el caso actual, que necesitan que la misma sociedad les esté apuntando lo prioritario, que es la gente y no el maquillaje.
 
En el riesgoso borde de la injusticia
EL CORDOBAZO, A 55 AÑOS Y EN CAMINO A LA
DESMEMORIA, DILECTA  HERMANA DEL OLVIDO
 
   Medio siglo más un lustro y algunas horas atrás, la ciudad mostraba el aspecto de las grandes gestas populares, con el barrio Clínicas ocupado por los estudiantes y las fuerzas militares que se encaminaban a la represión.
   El centro era un caos total con la presencia de francotiradores, mientras las columnas de trabajadores ya habían ocupado lugares estratégicos como los principales puentes y las avenidas.
   Densas columnas de humo marcaban la vigencia de las barricadas y algunos bancos y empresas emblemáticas ya habían sido víctimas de daños y saqueos.
   La policía fue desbordada y ya no era cuestión de gases lacrimógenos ni balas de goma, que por entonces no existían, sino de pistolas, metralla, plomo y bombas molotov. Las primeras víctimas, entre civiles y uniformados, comenzaron a llegar a los hospitales, mientras que la avenida Colón desde el centro hasta Alto Alberdi exhibía las columnas de alumbrado primero derrumbadas y luego acostadas sobre el pavimento.
   Seguían llegando columnas de trabajadores, los tiroteos eran incesantes y la
gente desde los balcones alimentaba las fogatas, y de paso se desprendía de todo lo inservible que guardaba en sus desvanes.
   Muchos fueron los que se adjudicaron la paternidad de la gesta, en un enfermizo apresuramiento por conquistar espacios en la política o en el sindicalismo.
   Y pareciera que el tiempo no ha pasado, porque aún ahora el cordobazo tiene tantos padres como protagonistas tuvo 55 años atrás, Porque fue una reacción casi generalizada, que encontró en la unión de trabajadores y estudiantes, la manera de explotar frente a situaciones insostenibles.
   Eran los tiempos en que la dirigencia sindical no era parte de las apetencias partidistas, y la misión gremial no padecía la contaminación actual, por ese curioso virus que es la sensualidad del poder y la enfermiza vocación de ganar espacios a cualquier precio, incluyendo el bienestar de sus representados.
   El personalismo de la actual dirigencia, salvo muy pocas y honrosas excepciones, ha transformado lo que fue la lucha de las bases en tiempos no tan lejanos, en una confrontación destinada a lograr una banca, enriquecerse o eternizarse.
   Por eso, a más de medio siglo de aquel histórico día, mi fraternal abrazo a todos los que participaron desde el lirismo de su lucha, y a los colegas con los que compartimos las angustias de la represión, los simulacros de fusilamiento o la dulce fraternidad de los estudiantes.
  Por ellos y con ellos, el brindis vale la pena.
  Pero las cosas mucho han cambiado, sobre todo porque a quienes nos tocara cubrir aquellos acontecimientos, es como si nos quisieran borrar de la memoria todo lo vivido entonces, con una inédita intención de implantar amnesias o modificar la historia, que es el penoso resultado de los olvidos impuestos.
   No quiero entrar en tantos detalles, pero virtualmente desapareció aquel grupo de románticos memoriosos, 29 éramos, sobrevivientes de aquella cobertura, que iniciamos un camino reivindicatorio de evocar para atesorar en los tiempos aquellos duros días de lucha.
   Intentamos y comenzamos la patriada de rescatar de los olvidos todo lo que nos tocó vivir tan de cerca para ofrecerlo a la sociedad cordobesa, a veces proclive a seleccionar aconteceres acomodándolos a intereses alejados de la realidad.
   No pudo ser. Las promesas desde  el poder fueron demasiadas, las interferencias fueron notorias y no es que atesore en el alma nada parecido al odio o al rechazo de la música cuartetera, pero el mismo poder optó por honrar a esa actividad, en lugar de priorizar y alentar recuerdos de lo que fuera una gesta de proyección mundial como lo fuera el Cordobazo.
   El cuarteto tendrá a pleno su museo.
   Nosotros, cada uno de quienes sobrevivimos a esos años de plomo, tendremos la íntima satisfacción de ser coherentes con el pasado, que no fue precisamente una fiesta bailable…
 
Si ellos están disconformes…
¿FUE PARA TANTEAR REACCIONES EL ANUNCIO
DE UN INOPORTUNO AUMENTO EN LAS DIETAS?
 
   No es un tema para tomarlo en el extremo del escándalo o reducirlo a la liviandad del chisme, pero haga la prueba y colóquese en la mente que es usted un afortunado que cada mes, sin demora y sin mayores descuentos, podrá disponer de alrededor de ocho, si, dije ocho millones de pesos para atender las necesidades de su hogar.
   Qué placer, ¿verdad?
   A lo mejor esa fue la intención de quien “se resfriara” en el Senado nacional y dejara escapar que esa pasaría a ser la dieta mensual de cada legislador de tal nivel, aparte de otras gangas como el almuerzo en el comedor del Congreso por una suma graciosamente ínfima, los pasajes aéreos como moneda corriente y algunas otras ventajitas, como facilidades especiales para la compra de vehículos de alta gama y otras lindezas.
   El tema es que al tomar estado público esa versión, la gente empezó a pensar en las ventajas de esos seres, que a veces se dan el lujo de no sesionar por semanas y semanas, que gozan de notorios privilegios y que por lo que se advierte poco les interesa eso tan declamado que lo justo es cobrar por lo que se produce…
   El tema es que cuando ganó notoriedad esa noticia la indignación popular fue en crecimiento y ebullición, hasta que se resolvió postergar “sine die” el regalo y las cosas habrían vuelto a sus valores anteriores o el incremento no sería para llegar a esos números, para muchos, escandalosos.
   Pocos legisladores se refirieron al tema, y en una de esas ese silencio se corresponde con el sigilo con el que estarían formalizando la integración de un piquete que les permita el sueño de la barricada propia siempre y cuando se aseguren de antemano, que no sufrirán ninguna represión, salvo algún cariñoso y cómplice tironcito de orejas.
   Porque los tirones, no precisamente de orejitas, son los que se reparten a todo aquel que ose protestar en demanda de mejorar su mensualidad.
   Y así estamos…
 
Anteayer fue el Día Mundial sin Tabaco
DEJAR DE FUMAR ES  UN DESAFÍO HACIA  ADENTRO Y LA
OPORTUNIDAD DE BENEFICIAR A LA SOCIEDAD ENFERMA
 
   Si se me ocurriera simplificar el consejo para sugerirle a cualquiera que abandone el vicio de fumar tabaco, lo reduciría a un simple detalle: puedo asegurar con certeza matemática que a lo largo de mi vida de fumador -más o menos medio siglo- hice humo un auto Mercedes Benz nuevito, confortable, nunca taxi, seductor y envidiable.
   Dejar de fumar es lo más simple, me decía un amigo, porque lo había intentado como diez veces.
   Existen variados métodos para superar la adicción al cigarrillo, tales como hipnosis, parches, control mental, acupuntura, abstinencia progresiva y una sarta de milagros que prometen los inescrupulosos chantas de siempre.
   A mi modesto entender y aplicando la propia experiencia, he comprobado que el único método eficiente para dejar esa dañina porquería no es otro que la autoestima y esa certeza de tomar conciencia que resulta positivo reconocer que uno se está suicidando, lentamente y a un elevado costo.
   Con quererse un poquito es que se toman las grandes decisiones y se llega a la convicción, luego de tantos años echando humo, que nos hemos fumado un emblemático auto último modelo.
   Cuando uno deja de fumar por determinación propia, sin la participación de sicólogos, acupunturistas, médicos, manochantas, gurúes o especialistas de cualquier otra disciplina, la satisfacción es mayor porque se trata del resultado del propio convencimiento; de la sinceridad interior; de caer en cuenta que te estás suicidando y para colmo, pagando para ello.
   Todas las campañas de diversa índole que se han realizado, inexorablemente son aventajadas por la exacerbación del consumo de cigarrillos, en una acción que desde siempre practican las grandes tabacaleras del mundo gastando en sus promociones mucho más de lo que demandaría recuperar la salud de sus víctimas.  
   Este sano consejo es para gente mayor que vanamente lucha contra su dependencia del tabaco, para dejar de ser, en muchos casos, una bomba de tiempo dentro de la propia familia, condenada al consumo pasivo que es tan pernicioso como seguir transformado en una envenenadora chimenea. Córdoba debe ser la ciudad del país que más lucha contra el tabaquismo, y muchos creían que prohibirlo en bares, shoppings,  boliches y recintos cerrados sería una medida que no respetaría nadie y quedaría disuelto por el paso del tiempo.
   Por fortuna se equivocaron.
   Aunque pase casi desapercibido un ingenioso e imaginativo anuncio de una empresa de servicios fúnebres -incluido en esta nota y sin sentido comercial-  que debiera viralizarse al país y más allá.
   Pero mientras el cigarrillo junto con el alcohol sean de venta libre e indiscriminada, aunque quieran hacerme creer que no se les vende a menores, pocos serán los avances porque la dependencia adictiva a uno u otro de estos consumos, suele ser el umbral para el acceso a sustancias más peligrosas y dañinas.
   Dejar de fumar es una cuestión íntima y personalísima; es un gesto de grandeza y valentía que cada vicioso debe enfrentar, lo reitero, desde la autoestima al reconocer el daño que se hace al propio organismo y al entorno de convivencia que pasa al silencioso sufrimiento de los fumadores pasivos.
   Seguramente es por eso que los que dejamos de fumar, probablemente golpeados por una culpa genuina e insoslayable, no nos creemos apóstoles del bien ni modelos de nada.  
   Anteayer fue el Día Universal sin tabaco y quien lo instituyó y los motivantes son lo de menos, porque su vigencia no deja de ser un preventivo llamado de atención en torno del cigarrillo y otros humos, el aire puro, la autoestima y la imperiosa necesidad de dejar ese vicio que tanto viene dañando a la Humanidad.
   Basta tomar conciencia que siempre hay tiempo para dejar el tabaco al darnos cuenta que, por sobre todos los consejos, es una evitable actitud suicida.
   En lo personal, no me molesta que fumen en el ambiente donde estoy.
   Por eso de mi respeto salvaje a las determinaciones ajenas, no se me ocurriría, por nada del mundo, coartarle a nadie su libertad de metástasis.

26 de mayo de 2024

S.L.B.: A VECES ES BUENO Y OPORTUNO PEDIR DISCULPAS ANTICIPADAS – LOS CORDOBESES EN UN ESCENARIO DE PAZ, FRENTE A LO APOCALÍPTICO DE LOS AGOREROS – EL SENTIDO DE PATRIA PASADOS YA 214 AÑOS Y QUE LOS DESENCUENTROS NO SIGAN SIENDO TAN RÁPIDOS NI TAMPOCO IMPLACABLES COMO LOS RELOJES – LA MEGACAUSA DEL REGISTRO ENFRENTA LAS DUDAS ACERCA DE LA TRANSPARENCIA., ETC.

 Desgrabación de los comentarios del periodista Gonio Ferrari en su programa “Síganme los buenos” edición nº 832 del domingo 26 de mayo de 2024, emitido por la AM580 Radio Universidad Nacional de Córdoba.


Una anticipada y necesaria aclaración

MI  OBLIGACIÓN  PROFESIONAL  ME  IMPULSA

PEDIR A LOS OYENTES, SEPAN DISCULPARME

 

   Siempre he sido coherente con mis principios en cuanto al ejercicio de esto que es más un vicio que una profesión y me refiero al periodismo.

   Y uno de los detalles que destaca en la actividad es el respeto por el lector, el televidente o el escucha, merecedores de todas las consideraciones posibles porque son el verdadero sostén de cualquier expresión que busque expandirse.

   Confieso y es complicado tan siquiera intentar disimular que no estoy en óptimo estado de salud, aunque mi mal actual no sea contagioso porque pondría en riesgo a tantos voluntariosos compañeros y compañeras, a los que sin necesidad de nombrarlos ustedes bien saben que se trata de locutores y locutoras, operadores y operadoras, técnicos en general y todo el personal que me rodea en esta patriada casi quinceañera que empujamos juntos, en esta casa madre de tantos profesionales como son los SRT de nuestra cuatrisecular Universidad Nacional de Córdoba.

   Intentaremos, lo quiero y necesito intentar en lo personal, por los trascendentales tiempos que estamos viviendo los argentinos, cumplir con esta edición nº 832 de S.L.B. con dignidad profesional, aunque el producto llegue a mostrar fallas, baches y otros detalles negativos que le quiten calidad o lo que dignamente pretendemos y perseguimos como objetivos desde siempre.

   Les agradezco tengan indulgencia a la hora del juicio, pero la intención es mostrar, pese a los errores que podamos exhibir hoy, que todavía conservamos una alta estima por nuestra dignidad periodística.

   Hoy tendremos más música que palabras y eso a veces es necesario.

   Mil gracias a todos y todas…

 

Lejos de lo apocalíptico que muchos querían…

ESCENARIO  DE PAZ: CORDOBESES Y UNA

DEMOSTRACIÓN QUE SOMOS CIVILIZADOS  

 

   Cuando a los argentinos nos toca vivir horas cruciales como las actuales, metidos de prepo por las circunstancias, en una calesita desenfrenada y loca, es que estamos obligados a demostrar nuestro cabal sentido cívico que recuperamos allá lejos, en 1983 cuando pudimos retomar el ejercicio de un estilo de vida tan maravilloso como lo es gozar la Democracia.

   Pocas horas antes, cuando los agoreros de siempre y de manera especial quienes cobran por ser así, fantaseaban miserablemente con una fractura institucional, y se empeñaban en su vieja costumbre de disociar, la serenidad que poco a poco le fue ganando a la estupidez ponía las cosas en su lugar, posibilitando, con absoluto respeto, que pudiéramos transcurrir antes, durante y después de la fecha patria, en una paz lograda mediante previsión, mesura y cumplimiento de las advertencias oportunamente anunciadas, en el sentido que no se tolerarían los excesos o abusos de la fuerza bruta que provinieran de ningún sector.

   Pero como siempre, aquellos que tuvieron años para enriquecerse dentro de las crisis que soportamos todos los argentinos, hicieron todo lo posible para

malograr lo que debía ser y fue, una fiesta cívica donde la madurez y la prudencia, fueron elementos básicos para que no se transformara en el caos que proyectaron, fomentaron, pagaron y fabricaron, y de poco sirvió para enturbiar el doble festejo, que era la coincidencia con aquel día en Tucumán de 214 años atrás y este día en nuestra Còrdoba de hoy, corazón nacional.

   En el comienzo, allá en Buenos Aires donde atiende Dios, el arzobispo tuvo la serenidad de recitar su letanía de reclamos que fue recibida dentro de un ambiente normal frente a lo previsible de sus planteos.

   El presidente fue cauto, se ocupó de anunciar que bajaría impuestos condicionando tal medida, no muy casualmente que digamos, a que se aprobara la “ley bases” y reiteró su convocatoria a la amplitud de un acuerdo, con neta característica multisectorial.

   ¿Que se registraron algunas escaramuzas? Era inevitable,..

   Si tomamos seriamente en cuenta que al ir creciendo en la ciudadanía, esas humanas ansias de alcanzar una superación en todo lo que hace a la deteriorada calidad de vida de los argentinos del llano, porque no son pocos los que amasaron fortunas, muchos de ellos figurando como paladines de los trabajadores, que salieron al ruedo cuando les tocaron las obras sociales y las otras chequeras que manejan con descontrol e impunidad, olvidando su oprobioso silencio de varios años, cuando el salario de los trabajadores se deterioraba día a día mientras ellos viajaban por el mundo, trenzaban políticamente y atendían sus inversiones.

   Por supuesto y consecuentes con sus prontuarios en el capítulo de las censuras, se supone que fueron algunos desubicados  “guardianes de la ley” los que atacaron a dos periodistas de La Voz en la esquina del desaparecido Banco Social.

   Todos los otros detalles de la visita presidencial ya ocuparon generosos espacios tanto en radio como en televisión y también por la redes sociales tanto desde Buenos Aires como localmente, por lo que me parece prudente, en nuestro ánimo de no contribuir al caos, dar por sentado que la ciudadanía ya habrá tomado conciencia de la realidad tras analizar todo lo acontecido, como para aburrirlos ahora con el mismo tema.

   Por eso, nuestra decisión refrescante de apelar a la música maravillosa para que si existen todavía ánimos encrespados, serìa posible recapitular acerca de las más recientes horas en las que, presentes o ausentes del centro de las multitudes, hayan captado las enormes ventajas que para la conciencia ciudadana, contribuye la observancia del orden, del respeto, del silencio sin bombas y del ambiente sin esa ofensiva y dañina negrura que aportan, entre otros detalles, la quema de neumáticos y el daño que provocan.

   El aire es otro ¿verdad?

   Y el espíritu ciudadano, también…

 

Y pensar que han pasado 214 años…

QUE  LOS  DESENCUENTROS  NO  SIGAN SIENDO

RÁPIDOS E IMPLACABLES COMO  LOS  RELOJES

 

   Cada vez que el calendario nos acerca al 25 de mayo se me ocurren tantas cosas para decir, que a la vuelta de los años y recapitulando en la memoria, llego a la conclusión que no hay mucho que revelar sobre la Patria aunque mucho queda -y es la descarnada verdad- para hacer por ella, la recuperación de los valores cívicos, el regreso a la abundancia del trabajo, como asimismo y en sentido opuesto, al final del clientelismo que no es otra cosa que un incentivo a la vagancia y una imperdonable injuria a la dignidad del trabajo, la responsabilidad y el patriotismo.

   Si hacemos números veremos que ya superamos ampliamente los dos siglos como Nación y nos queda la desagradable impresión de haber desaprovechado las valiosas lecciones de nuestra propia historia y si le buscamos el origen a esta afirmación bastaría recordar que ya en la escuela primaria desde mediados del siglo pasado -por citar una fecha de referencia- nos vienen metiendo en la cabeza desde allá lejos, en algo parecido a la simpleza sin complicaciones, transformándonos en cómplices y encubridores de los desmemoriados o amnésicos, procurando hacernos entender que la Patria es la bandera, la escarapela, el Himno Nacional o los retratos sonrientes de candidatos o candidatas a gobernarla.

   Esto viene porque desde sus albores los políticos coinciden, pensando a la Patria como la construcción de una gigantesca obra para nuestro bienestar y para todos los hombres de buena voluntad que quieran habitar su suelo.

   Y cada 25 de Mayo desde que me acuerdo, hoy a 214 años de aquella gesta, vuelvo a considerar oportuno pensar en voz alta y a mi modesto entender qué es la Patria, sin grietas ni odios; sin rencores ni venganzas, desde mi simple condición de ciudadano.

   Debe ser la Patria el paraíso donde podamos vivir en paz y en libertad porque representa decencia, trabajo, entrega y sacrificio.

   La Patria no es el bolsón, el subsidio o la beca para no trabajar.

   Es honestidad a ultranza; entrega, amor por las raíces y generosidad con nuestro prójimo.

   La Patria es construir y no mentir y es un compromiso con el futuro de todos, más allá de cualquier diferencia o distancia porque es buscar el bien común.

   Es gobernar y obrar sin soberbia ni autoritarismo.

   La Patria es administrar honradamente lo que tenemos y elaborar aquello que necesitamos.

   La Patria, por muchos burdamente devaluada en su concepto, es educación, seguridad, justicia, trabajo y salud para todos, sin elegidos ni marginados.

   La Patria también es el respeto a los que piensan distinto y a la Patria la hacemos en la ciudad y en el campo.

   La transpiramos en la calle, en las escuelas y en el surco.

   Más nos demandará llegar a gozarla, cuanto más tardemos en empezar a construirla.

   Peligrosamente nos estamos resignando a perder demasiado tiempo mientras seguimos aguardando la bonanza de aquella Revolución que se inició en 1810.

   La Patria no crece porque mediáticamente se lo declame.

   La Patria no es un reñidero para que desborden las pasiones y triunfe la intolerancia.

   La Patria es el diálogo, el debate, el disenso, la discusión.     No es de civiles ni de militares, sino de argentinos.

   La Patria no ha sido ni será el fútbol para todos ni el mundial cada cuatro años.

   La Patria no es Menéndez ni Videla, pero tampoco lo son Firmenich ni Grabois.

   No lo es de los ricos ni de los pobres, sino de los ciudadanos probos y honestos.

   La Patria no es de los enriquecidos dirigentes sindicales ni de los que se creen inteligentes por aparecer diariamente en la TV y que en lugar de  producir viven pensando paralizar el país por caprichos sectoriales o como apoyo a políticas equivocadas que impone el poder y eso no es patriotismo.

   Porque a la Patria la dignificamos con el trabajo, y cuando disminuye o no hay, es necesario crearlo, porque la Patria es producción más que dádivas.

   La Patria es también rebeldía ante la injusticia, cariño por lo nuestro y respeto hacia el prójimo.

   La Patria envilecida por la corrupción, solo se cura con justicia honestamente independiente y no con la obediencia debida de algunos jueces.

   Esta Patria será grande cuando estemos unidos, y juntos derrotemos a los fantasmas de la discordia y las miserias que se fortalecen con los resentimientos.

   Parece cosa de locos y para sociólogos, que la Patria todavía no tenga definida su identidad.

   La va a tener, cuando podamos coincidir pobres y ricos, ciudad y campo, profesionales y estudiantes, civiles y militares, peronistas y radicales, izquierda y derecha, rubios y morochos, para convencernos que la única bandera del país debe ser la celeste y blanca  del  esfuerzo y del sacrificio con decencia.

   Será el día maravilloso y mágico que marcará la verdadera fecha de nuestro alumbramiento como Nación.

   Trabajemos unidos, codo a codo y empecemos ya, desde arriba hacia abajo, para que la desunión y los desencuentros que nos reprocha la historia no sigan siendo -como ahora- más rápidos e implacables que los relojes.


Megacausa del Registro de la Propiedad

LA TRANSPARENCIA SEGÚN LO ESTIMAN EN

WASHINGTON LO QUE OSCURECE LA CAUSA

 

  Se dice que algo transparente es claro, evidente y se comprende sin duda o ambigüedad, agregando que un cuerpo transparente permite ver los objetos con nitidez a través de él. 

   En la causa del Registro de la Propiedad de Córdoba, donde se manejan demasiadas situaciones especiales, se pueden enumerar algunas de ellas bastante curiosas en las audiencias, como los casos de que testigos convocados por la misma fiscalía declaren no conocer los hechos motivo del juicio o no haber estado en el lugar, que no recuerden lo que habían declarado previamente, o que su testimonio se base en cosas que escucharon decir. 

   Resulta llamativo que a lo largo del proceso no se cite ni interrogue a ningún alto funcionario o responsable de la repartición y quizás inédito, que se ordenara apagar las cámaras de filmación en un juicio al mencionarse ciertos nombres, todo esto sumado al sello particular de la prisión preventiva sistemática, la condena anticipada y la comisión especial que la confirma, un tríptico convertido ya en su marca registrada o en una especie de ADN de este caso tan sugestivamente especial. 

   Este combo del accionar judicial configura situaciones poco claras, nada evidentes, dudosas, ambiguas y difíciles de comprender y poco nítido puede verse a su través.

   La Fundación para el Debido Proceso Legal, organización con sede en Washington, destaca que la transparencia es condición fundamental para la independencia judicial que garantiza la justicia, y a tenor de esta definición podría pensarse que algo empaña la transparencia judicial en este proceso y hasta tanto no se limpie, será bastante difícil hablar de justicia.