18 de noviembre de 2012
13 de noviembre de 2012
LA FELICIDAD DE LAS MASCOTAS Y EL RENACIMIENTO DEL AMOR
Un análisis primario, presidencial, interesado y sectorial sostiene que si comen más los animalitos domésticos es porque la gente también come y por ende está mejor, reflejando así la situación de bonanza por la que atraviesa el país.
Es muy probable que cuantitativamente el alimento para las mascotas hogareñas, entre las que podemos contar perros, gatos, loros y loras, canarios, pollitos, peces, arañas, ratas blancas, cuisis (ahora me dijeron que a algunos de ellos los extranjerizaron llamandolos "hamster's"), lagartijas, iguanas, conejos, vergonzantes ladillas o minúsculas y simpáticas itas, haya mostrado un notable incremento en la demanda.
Es que la gente considera por ejemplo, que como esos animalitos de Dios son indefensos y no tienen manera de expresarse -ni de votar- necesitan si o si la atención de sus amos. Por esa razón se entiende que a lo mejor al niño de la casa lo lleven al hospital público y peleen el precio de los medicamentos o lo compren con tarjeta en cuotas, y a la mascota la hagan atender en la mejor veterinaria que puedan encontrar.
Bien puede considerarse que es una actitud nacional y popular de amor hacia los irracionales, reforzada en ese viejo dicho: "Mientras más conozco a los humanos, más quiero a mi perro".
Evaluando entonces la situación y volviendo al comienzo, es absolutamente cierto que en algunos niveles de la población se atiende muy bien a las mascotas, pero a lo mejor le mezquinan alimentos a la doméstica, se quejan por los precios de todo, cuelgan los ganchos o leen los diarios que piden prestados al vecino.
No dejemos de ver la cantidad de perros abandonados por sus dueños ante la imposibilidad de atenderlos sin olvidarnos de los caballos de trabajo maltratados y famélicos. A ellos, aunque fueran bien alimentados, poco les importarían la corrupción, Ciccone, Moreno, De Vido, Jaime, Larroque, Boudou, D'Elia, Schoklender, Skanska, Aerolineas, Antonini Wilson, la inseguridad, los cepos, Moyano, los cacerolazos, La Cámpora o cualquiera de las otras lindezas nacionales.
Por eso, entonces, prefiero no traer a mi mente la imagen desgarradora de los niños desnutridos, subalimentados, acosados por la miseria y el olvido, que no son un invento mediático sino una realidad que se vive no tan solo en los grises confines de la Patria, sino que es una problemática -antes eran villas miseria, después asentamientos marginales y ahora poblaciones emergentes- que se instala cada vez más cerca de los grandes centros urbanos.
Esto de ninguna manera es una postura apocalíptica ni exagerada.
Solamente la relaciono a las recientes noticias y a las últimas declaraciones presidenciales: "Cuando se le puede dar de comer a las mascotas es porque está comiendo el Pueblo. Es una señal de cómo anda un país".
Me viene a la memoria, para reforzar esa afirmación, aquella situación del poderoso empresario que le confesaba a un amigo que tenía un gato que comía tierra.
El atribulado hombre de negocios recibió de ese amigo picado por la curiosidad, el consejo de llevarlo a la veterinaria y hacerlo atender, pero antes le preguntó qué tipo de tierra comía su minino.
--Me comió un terreno en Argüello, otro en Urca y un campo de 200 hectáreas con soja ...
La verdad, si es por ese índice basado en los alimentos para mascotas y otros incrementos de venta, estoy maravillado y enternecido: ¡Los argentinos hemos recuperado el amor!.
Al menos, siempre y cuando no me mienta un experimentado farmaceutico que me dijo que era notable el crecimiento de la demanda de viagra.
Tanto -me dijo- que hasta los jóvenes de 30 años la utilizan.
Amor para todos ... y para todas.
Gonio Ferrari
11 de noviembre de 2012
SLB-111112 EL 8N, ¿QUIEN MANDA EN EL PALACIO MUNICIPAL?, FAVIO SE FUE, GARRE Y SUS SENSACIONES, ETC.
Desgrabación de comentarios del
periodista Gonio Ferrari en su programa “Síganme los buenos” emitido por AM580
Radio Universidad de Córdoba el domingo 11/11/12.
LA
OBLIGACION DE ESCUCHAR
Pareciera que para la historia de los
argentinos serían necesarias varias expresiones populares como las del jueves
último en todo el país y en el exterior, si de sacudir la soberbia política de
la dirigencia nacional se tratara. Lo que más debiera alarmar a esa sorda y
ciega conducción, es el crecimiento de una convocatoria que no apeló a los
ómnibus fletados, a los subsidios, a la promesa de nuevos planes o a la presión
en sus mil formas. Nadie puede, ahora, adjudicar al 8N la paternidad formal de
ningún partido político, organizaciones sindicales o entidades parecidas.
No se advertía la presencia de conspiradores, encapuchados, destituyentes o manipulados por los medios periodísticos que discrepan con las posturas oficiales. Tampoco había gente armada, símbolos nazis, estrellas de David ni banderas o estandartes rojos con la hoz y el martillo.
Porque su bandera -esa gigantesca e insobornable bandera de la gente- tenía los colores de la espontaneidad, del respetuoso reclamo por la bronca contenida, las frustraciones cotidianas, la impune corrupción que ampara a ciertos y encumbrados personajes, a los delirios de D'Elia y su prepotencia, a la desmemoria de Larroque, a la inmovilización y condicionamiento del dinero de los ciudadanos, a la creciente inseguridad, a la caida de nuestra imagen internacional y el crecimiento del riesgo país, al endeudamiento de la provincia, al caos de la ciudad, en fin, a todo lo que se viene transformando en un permanente y sintomático perjuicio hacia el pueblo.
No fueron "las clases dominantes", las señoras cogotudas, los sojeros ni los profesionales porque en las multitudes sobresalía por encima de cualquier consideración veladamente discriminatoria, la presencia de trabajadores, estudiantes, obreros y jubilados, todos hartos de la desidia; del maltrato, del atropello y del olímpico e injuriante desconocimiento, desprecio y avasallamiento a sus derechos.
Imprudente y exagerado sería considerar lo del 8N como una especie de plebiscito porque no fue tal ni por asomo y me animo a sostener que tampoco ese era el espíritu de quienes se daban el gusto de ejercer su democrática libertad de expresarse, aventando aquellos viejos miedos que se fortalecieran bajo el autoritarismo y el terror que sembraran los militares en su penosa y sangriencia experiencia de pretender gobernar. Aunque el miedo no fue patrimonio de esos genocidas, sino también de los que se autotitulaban "románticos luchadores" en la clandestinidad, que comenzaron a operar desde el seno mismo de un gobierno democrático y peronista.
No es ni siquiera una velada manera de reivindicar la devaluada teoría de los dos demonios, sino apelar a la memoria y no olvidar esos oscuros tramos de la historia de los argentinos, esa parte que ahora se pretende ignorar en un absurdo intento por santificar a ciertos protagonistas, responsables de la masacre de jóvenes y del desperdicio político de toda una generación.
Repudio aparte hacia la agresión a un periodista, hecho aislado que los medios kadictos se cansaron de multiplicar como ejemplo de violencia, olvidando la violencia acostumbrada que cae sobre los jubilados, los ahorristas, los empresarios o toda aquella provincia o entidad que no comulgue con el estilo y la ideología instalados desde hace casi una década en el gobierno nacional.
El 8N no fue tan solo un grito, un reclamo o la catarsis de una parte de la población, sino más bien un moderado -por ahora- pedido de auxilio en un intento por hacer cambiar algunas cosas y ciertos rumbos con futuro de abismo.
Pero por encima de cualquier especulación, ha sido un poderoso llamado de atención, un clamor por justicia independiente, un reclamo de igualdad ante la ley, un angustioso alarido de los que han dejado de creer.
Es una pena, una pena enorme y ominosa, que se cierren los oidos de la mayoría de los funcionarios nacionales, en una obsecada, lamentable y soberbia actitud de mirar hacia otra parte y negar -o disfrazar- una realidad agobiante que se instaló en casi todas las plazas del país y viajó raudamente a las principales capitales del mundo.
A eso se le llama arrogancia política, falta de respeto o deliberada ignorancia de los problemas que más nos afligen.
No deja de ser un síntoma alarmante de autoritarismo, cuando la grandeza impone la sinceridad de reconocer errores y tratar de solucionarlos partiendo de la saludable humildad de no negar una crisis instalada en distintos estamentos que a todos, en distinta medida, nos afecta.
"Vox populi, vox dei", la voz del pueblo es la voz de Dios.
Siempre y cuando la vocación atea no sea tan fuerte como la hipoacusia o la ceguera.
No se advertía la presencia de conspiradores, encapuchados, destituyentes o manipulados por los medios periodísticos que discrepan con las posturas oficiales. Tampoco había gente armada, símbolos nazis, estrellas de David ni banderas o estandartes rojos con la hoz y el martillo.
Porque su bandera -esa gigantesca e insobornable bandera de la gente- tenía los colores de la espontaneidad, del respetuoso reclamo por la bronca contenida, las frustraciones cotidianas, la impune corrupción que ampara a ciertos y encumbrados personajes, a los delirios de D'Elia y su prepotencia, a la desmemoria de Larroque, a la inmovilización y condicionamiento del dinero de los ciudadanos, a la creciente inseguridad, a la caida de nuestra imagen internacional y el crecimiento del riesgo país, al endeudamiento de la provincia, al caos de la ciudad, en fin, a todo lo que se viene transformando en un permanente y sintomático perjuicio hacia el pueblo.
No fueron "las clases dominantes", las señoras cogotudas, los sojeros ni los profesionales porque en las multitudes sobresalía por encima de cualquier consideración veladamente discriminatoria, la presencia de trabajadores, estudiantes, obreros y jubilados, todos hartos de la desidia; del maltrato, del atropello y del olímpico e injuriante desconocimiento, desprecio y avasallamiento a sus derechos.
Imprudente y exagerado sería considerar lo del 8N como una especie de plebiscito porque no fue tal ni por asomo y me animo a sostener que tampoco ese era el espíritu de quienes se daban el gusto de ejercer su democrática libertad de expresarse, aventando aquellos viejos miedos que se fortalecieran bajo el autoritarismo y el terror que sembraran los militares en su penosa y sangriencia experiencia de pretender gobernar. Aunque el miedo no fue patrimonio de esos genocidas, sino también de los que se autotitulaban "románticos luchadores" en la clandestinidad, que comenzaron a operar desde el seno mismo de un gobierno democrático y peronista.
No es ni siquiera una velada manera de reivindicar la devaluada teoría de los dos demonios, sino apelar a la memoria y no olvidar esos oscuros tramos de la historia de los argentinos, esa parte que ahora se pretende ignorar en un absurdo intento por santificar a ciertos protagonistas, responsables de la masacre de jóvenes y del desperdicio político de toda una generación.
Repudio aparte hacia la agresión a un periodista, hecho aislado que los medios kadictos se cansaron de multiplicar como ejemplo de violencia, olvidando la violencia acostumbrada que cae sobre los jubilados, los ahorristas, los empresarios o toda aquella provincia o entidad que no comulgue con el estilo y la ideología instalados desde hace casi una década en el gobierno nacional.
El 8N no fue tan solo un grito, un reclamo o la catarsis de una parte de la población, sino más bien un moderado -por ahora- pedido de auxilio en un intento por hacer cambiar algunas cosas y ciertos rumbos con futuro de abismo.
Pero por encima de cualquier especulación, ha sido un poderoso llamado de atención, un clamor por justicia independiente, un reclamo de igualdad ante la ley, un angustioso alarido de los que han dejado de creer.
Es una pena, una pena enorme y ominosa, que se cierren los oidos de la mayoría de los funcionarios nacionales, en una obsecada, lamentable y soberbia actitud de mirar hacia otra parte y negar -o disfrazar- una realidad agobiante que se instaló en casi todas las plazas del país y viajó raudamente a las principales capitales del mundo.
A eso se le llama arrogancia política, falta de respeto o deliberada ignorancia de los problemas que más nos afligen.
No deja de ser un síntoma alarmante de autoritarismo, cuando la grandeza impone la sinceridad de reconocer errores y tratar de solucionarlos partiendo de la saludable humildad de no negar una crisis instalada en distintos estamentos que a todos, en distinta medida, nos afecta.
"Vox populi, vox dei", la voz del pueblo es la voz de Dios.
Siempre y cuando la vocación atea no sea tan fuerte como la hipoacusia o la ceguera.
MAS ACERCA DE LA MEGACAUSA
Por fortuna y con
relación a la megacausa del Registro de la Propiedad, que se tramita en los tribunales
provinciales de Córdoba, existen los archivos y los testimonios como para
reconstruir una penosa historia de abusos y desprecio por la ley. Vamos a
omitir los nombres, porque caeríamos en dos aspectos sumamente negativos:
volveríamos a victimizar a las personas afectadas, y caeríamos a un amarillismo
periodístico que no es mi estilo ni el de este espacio.
Hay muchos casos que
son dignos de divulgar, por la enorme gravedad que acerca a la justicia más al
ensañamiento, que a la dilucidación de la verdad.
Comenzamos con una
señora, escribana, que fue detenida en junio de 2007 a los 69 años de edad.
Los certificados médicos acreditaban estado depresivo agravado con
severos trastornos, Parkinson asociado a isquemia cerebral localizada,
artrosis, hipertensión y dislipemia, con múltiples medicaciones. Tenía un hijo
con enfermedad grave con alta dependencia de su madre. Estas razones
motivaron que 6 días después se le otorgara la libertad bajo caución, aclarando
los magistrados que era el estado de salud de la imputada y del hijo,
gravísimos, lo que motivaba la libertad.
Una señora que realizaba
trámites para una escribana imputada en la causa, se suicidó el 24 de febrero
de 2007 constando en la sentencia nº 4 del 2012 que su madre
expresó que sufría de depresión. En este caso, se le habían realizado dos
allanamientos.
Una abogada, iniciales
T.F: Su cuerpo apareció colgado con una sábana en su celda de Bouwer el 7 de
diciembre de 2009. Se encontraba con prisión preventiva desde hacía más de un
año sin sentencia firme.
Una señora de 62 años
jubilada por invalidez por cáncer de mama, a quien se le realizó radio y
quimioterapia. Padecía también neurosis depresiva mayor.
De la pericia médica de
agosto de 2010, surge que al momento del
examen la interna puede permanecer alojada con el mínimo de actividad física
posible y con control médico permanente. Detenida previamente al juicio,
después se le dictó prisión preventiva en esas condiciones.
Otra señora de 64 años
que estando detenida debió ser internada más de tres meses en un
neuropsiquiátrico por depresión y llegó a juicio después de 2 años y 8
meses detenida.
Una mujer de 55 años, a
quien en diciembre de 2010 le diagnosticaron cáncer de mama, estuvo detenida
ocho meses y registra un intento de suicidio. Tenía diagnóstico de
depresión. Compareció a las audiencias mientras estaba realizando las
sesiones de quimioterapia.
Fue derivada durante el
juicio para una pericia sobre su enfermedad al Instituto Oncológico Provincial,
estudio que permitió confirmar su mal irreversible: un carcinoma Invasor de mama
Izquierda localmente avanzado desde noviembre de 2010.
Resultó condenada en el
juicio, realizado en julio de 2011 y mantenida en prisión. Se le concedió
prisión domiciliaria un mes antes de su muerte, acaecida el 25 de febrero de
este año. Tenía dos hijos de 21 y 13 años.
Otra mujer que fue empleada
del Registro, se suicidó y una compañera imputada declaró que sufría de
depresión por este tema.
A una abogada se le practicó un allanamiento
en su estudio jurídico mientras se realizaba el debate en el que participaba
como defensora, secuestrándosele en ese acto la caja con las pruebas de la
defensa, en una acción considerada ilegal, y con soberano desprecio por la ética.
Un mes después fué
detenida e imputada en la misma causa que defendía. Permaneció dos meses
internada en un neuropsiquátrico por la gran descompensación que le provocó esta situación e intentó
suicidarse.
Pese a estar todo
acreditado con certificados médicos se le negó repetidas veces la libertad y
sólo se le concedió prisión domiciliaria. Lleva 14 meses de prisión preventiva.
Una escribana que estuvo
4 años y 9 meses preventivamente presa. En un momento solicitó la prisión
domiciliaria para poder acompañar y ayudar a su hija adolescente a salir de la
adicción a drogas en que había caído. Esto le fue constantemente denegado y además,
usado por un camarista de la causa, en un reportaje periodístico como anécdota,
sobre las excusas de los imputados para salir de prisión.
He referido solamente
los casos de mujeres.
No todo termina aquí;
faltan los hombres.
¿QUIEN MANDA EN EL PALACIO MUNICIPAL?
Con una nueva expresión de su gataflorismo,
el sindicato de los municipales rechazó ahora la posibilidad que los ganadores
de un concurso para ingresar, pasen a revistar como planta permanente.
Sostienen que ese derecho es prioritario
para otros empleados, que están en condición de monotributistas desde tiempo
atrás, y que sería injusto dejarlos de lado.
Curiosa actitud la de los danielistas, o al
menos un alarde de pésima memoria.
¿Por qué no adoptaron el mismo temperamento cuando
Juez les encajó más de 4.000 empleados a la planta permanente?
¿Fue aquel un acuerdo que consolidara una
pausa en las protestas crónicas?
¿Fue el resultado de una negociación
política para asegurarle a Juez una gestión sin mayores sobresaltos?
¿Fue acaso la angurria de contar con más de
4000 nuevos aportantes a las arcas sindicales?
Resulta que ahora, por ocho empleados que se
ganarán el derecho a trabajar, han reactivado ese perverso estado de conflicto
permanente, porque hoy las asambleas son en una dependencia y mañana saltan a
otra.
La consigna es molestar a las autoridades y
desatender a los vecinos que con sus impuestos, les están pagando los sueldos
más altos del país.
Además, reaparece el fantasma tan temido
como absurdo del cogobierno, cuando los que mandan están para mandar y los que
trabajan, para ganarse el sustento sin pretender erigirse en funcionarios.
Pero si los que mandan todavía abrigan
temores de reacciones violentas y no ejecutan su plataforma, estarán defraudando
las expectativas de los vecinos, que los pusieron en sus cargos para ordenar de
una buena vez todo el desquicio de tantos años.
Y si los que deben trabajar siguen añorando
sus tiempos de cogobierno, displicencia y abandono de la ciudad, nada cambiará
en el desquiciado paisaje urbano.
Es muy simple: están los que mandan sin ser
autoritarios y los que obedecen, sin ser esclavos.
Lo bueno sería que ambos estamentos, tengan
la grandeza y el buen criterio de ser ubicados.
FAVIO SE FUE DE GIRA
Fue un
baluarte del romanticismo para un par de generaciones que décadas atrás, nos
prodigábamos la dulzura de bailar apretados, fundidos en un abrazo inolvidable
y sin desplazarnos más allá de una baldosa.
Era el Favio cantante, sentido, expresivo y
avasallante que había saltado de la gran pantalla a las radios, al disco y a
las tenuemente iluminadas pistas de los que eran nigth clubes, y que el
progreso transformara en disquerías y boliches.
Leonardo Favio era un tipo tan jugado en su
calidad de creador cinematográfico, como en sus convicciones políticas.
Un ídolo integral, respetable y querible.
Un luchador contra todos los fantasmas de
una enfermedad que le impuso el pañuelo anudado que derrotó al sombrero.
El mal, ese mal que siempre vence, lo
derrotó en su postrer intento de quedarse entre nosotros.
Por eso, Leonardo Favio se fue de gira,
cerca o lejos es lo de menos, pero siempre en el recuerdo y en la memoria de
quienes, sin haberle jamás abrazado, nos considerábamos sus amigos.
Los ídolos son así, con su merecida
eternidad.
AHORA QUE PAGUE EL CAMPO
Algunos consideran como un apriete las
palabras que el gobernador deslizó en Jesus María, cuando requirió del campo,
un mayor compromiso tributario.
Si ese fue el sentido del discurso, más allá
de cualquier interpretación interesada, es para despojarse de pasiones y
reconocer que De la Sota
dió en el clavo.
El campo no revalúa sus propiedades como lo
hace la planta urbana, y es notable el atraso que existe en tal sentido con
relación al pago de impuestos.
Entonces el Gallego -.cariñosamente
hablando- les dejó las alternativas: un aporte extra o lisa y llanamente la
actualización de los valores reales de cada hectárea según la región.
Tampoco es cuestión de suscribir esa vieja
impresión popular y urbana, de que la gente del campo vive llorando.
Si no llora, según los campesinos, y es uno
de los principales sostenedores de nuestra economía, nada más justo que
ponerlos en vereda para superar una virtual evasión debida a la subvaluación.
Despues de todo, lo que se puede sintetizar
con relación a la exigencia del gobernador, que no fue otra cosa que un acto de
justicia.
A DOS AÑOS DE UN HISTORICO VETO
Dos años atrás, la Sra. Presidenta de la Nación vetaba la ley que
contemplaba el 82 por ciento móvil para los jubilados.
Ella dijo entonces que no podía permitir que
el Estado quebrara.
Se fortaleció la Anses, hubo tres o cuatro
incrementos para los pasivos nacionales, pero la enorme mayoría de ellos cobra
el mínimo, de 2000 y pico de pesos, muy por debajo de la canasta normal de
supervivencia.
Lo malo de todo esto es que aparte de la
nueva postergación a la clase pasiva, los dineros de aquel organismo fueron
destinados a otros fines, más allá de los naturales.
Hasta el fútbol para todos, que es un
negocio de los clubes, de sus dirigentes, de los jugadores, de los directores técnicos
y de los barrabravas, resultó beneficiario de altos subsidios, con réditos solo
para quienes lucran con una actividad deportiva que más que eso es un comercio.
Sin embargo, existe otro antecedente de
vetos similares, ya que Cleto Cobos, cuando era gobernador de Mendoza, en el
2006 hizo lo propio con el 82 por ciento que se había dispuesto para los
docentes de su provincia.
La
cuestión es que en ninguno de los dos casos, la medida sirvió para fortalecer
al sector, siempre postergado.
"El país no necesita beneficencia
sino justicia social. Yo creo en la equidad social” dijo dos años atrás la Sra. Cristina.
Palabras que se llevó el viento o al menos
las desparramó, porque a los jubilados nacionales, merecedores de aquel vetado
82 por ciento, en su gran mayoría siguen siendo los ofendidos y maltratados por
el sistema.
Un sistema que, visto este asunto, es más
expulsivo que inclusivo.
LA MINISTRA GARRE Y SUS SENSACIONES
Llama la atención que desde algunos niveles
del poder, se siga insistiendo con que la inseguridad que padecemos es solo una
sensación.
Y que para colmo, es una sensación
instrumentada por los medios periodísticos que siembran la zozobra en la
población.
Como si los asaltos no existieran, los robos
a bancos tampoco, los secuestros virtuales fueran un invento o el comercio de
drogas solo una fantasiosa interpretación de una realidad que no existe.
Una ministra de la Nación, que creció en un
ambiente generado por la propia violencia, no puede ahora ofender la
inteligencia de la gente apelando a la liviandad del análisis epidérmico, sin
hurgar en las entrañas sociales del problema.
La delincuencia es hija de la impunidad, de
la desocupación, de la droga, de las privaciones y no de la imaginación
enfermiza de los editores de noticias.
Es para pensar que con un análisis tan
elemental, reduccionista y primario, será complicado atacar un mal que desde
arriba de minimiza o se esconde.
La
Sra. ministra Garré debiera conferirle a la inseguridad un
tratamiento prioritario, como insoslayable cuestión de Estado.
Todo lo que se haga o se diga para pintarnos
una realidad inexistente, solo servirá para fortalecer a un sector, el más
peligroso y detestable de todos: la delincuencia.
9 de noviembre de 2012
PARTE DE LA SOBERBIA POLITICA: LA OLVIDADA HUMILDAD DE ESCUCHAR
Pareciera que para la historia de los argentinos serían necesarias varias expresiones populares como las de ayer en todo el país y en el exterior, si de sacudir la soberbia política de la dirigencia nacional se tratara. Lo que más debiera alarmar a esa sorda y ciega conducción, es el crecimiento de una convocatoria que no apeló a los ómnibus fletados, a los subsidios, a la promesa de nuevos planes o a la presión en sus mil formas. Nadie puede, ahora, adjudicar al 8N la paternidad formal de ningún partido político, organizaciones sindicales o entidades parecidas.
No se advertía la presencia de conspiradores, encapuchados, destituyentes o manipulados por los medios periodísticos que discrepan con las posturas oficiales. Tampoco había gente armada, símbolos nazis, estrellas de David ni banderas o estandartes rojos con la hoz y el martillo.
Porque su bandera -esa gigantesca e insobornable bandera de la gente- tenía los colores de la espontaneidad, del respetuoso reclamo por la bronca contenida, las frustraciones cotidianas, la impune corrupción que ampara a ciertos y encumbrados personajes, a los delirios de D'Elia y su prepotencia, a la desmemoria de Larroque, a la inmovilización y condicionamiento del dinero de los ciudadanos, a la creciente inseguridad, a la caida de nuestra imagen internacional y el crecimiento del riesgo país, al endeudamiento de la provincia, al caos de la ciudad, en fin, a todo lo que se viene transformando en un permanente y sintomático perjuicio hacia el pueblo.
No fueron "las clases dominantes", las señoras cogotudas, los sojeros ni los profesionales porque en las multitudes sobresalía por encima de cualquier consideración veladamente discriminatoria, la presencia de trabajadores, estudiantes, obreros y jubilados, todos hartos de la desidia; del maltrato, del atropello y del olímpico e injuriante desconocimiento, desprecio y avasallamiento a sus derechos.
Imprudente y exagerado sería considerar lo del 8N como una especie de plebiscito porque no fue tal ni por asomo y me animo a sostener que tampoco ese era el espíritu de quienes se daban el gusto de ejercer su democrática libertad de expresarse, aventando aquellos viejos miedos que se fortalecieran bajo el autoritarismo y el terror que sembraran los militares en su penosa y sangriencia experiencia de pretender gobernar. Aunque el miedo no fue patrimonio de esos genocidas, sino también de los que se autotitulaban "románticos luchadores" en la clandestinidad, que comenzaron a operar desde el seno mismo de un gobierno democrático y peronista.
No es ni siquiera una velada manera de reivindicar la devaluada teoría de los dos demonios, sino apelar a la memoria y no olvidar esos oscuros tramos de la historia de los argentinos, esa parte que ahora se pretende ignorar en un absurdo intento por santificar a ciertos protagonistas, responsables de la masacre de jóvenes y del desperdicio político de toda una generación.
Repudio aparte hacia la agresión a un periodista, hecho aislado que los medios kadictos se cansaron de multiplicar como ejemplo de violencia, olvidando la violencia acostumbrada que cae sobre los jubilados, los ahorristas, los empresarios o toda aquella provincia o entidad que no comulgue con el estilo y la ideología instalados desde hace casi una década en el gobierno nacional.
El 8N no fue tan solo un grito, un reclamo o la catarsis de una parte de la población, sino más bien un moderado -por ahora- pedido de auxilio en un intento por hacer cambiar algunas cosas y ciertos rumbos con futuro de abismo.
Pero por encima de cualquier especulación, ha sido un poderoso llamado de atención, un clamor por justicia independiente, un reclamo de igualdad ante la ley, un angustioso alarido de los que han dejado de creer.
Es una pena, una pena enorme y ominosa, que se cierren los oidos de la mayoría de los funcionarios nacionales, en una obsecada, lamentable y soberbia actitud de mirar hacia otra parte y negar -o disfrazar- una realidad agobiante que se instaló en casi todas las plazas del país y viajó raudamente a las principales capitales del mundo.
A eso se le llama arrogancia política, falta de respeto o deliberada ignorancia de los problemas que más nos afligen.
No deja de ser un síntoma alarmante de autoritarismo, cuando la grandeza impone la sinceridad de reconocer errores y tratar de solucionarlos partiendo de la saludable humildad de no negar una crisis instalada en distintos estamentos que a todos, en distinta medida, nos afecta.
"Vox populi, vox dei", la voz del pueblo es la voz de Dios.
Siempre y cuando la vocación atea no sea tan fuerte como la hipoacusia o la ceguera.
5 de noviembre de 2012
SLB 04-11-12 LARROQUE DEMOSTRO AL MENOS QUE YA NO ES IMBERBE
Desgrabación
de comentarios del periodista Gonio Ferrari difundidos en el programa
“Síganme los buenos” emitido el domingo 04/11/12 por AM580 Radio
Universidad de Córdoba
LARROQUE,
PERON Y LA MEMORIA
En un soleado Dia del
Trabajador, 1º de mayo de 1974, el viejo líder que ocupaba por
tercera vez la Presidencia de la República, cumplía con el rito de
hablar a la multitud desde los balcones de la Casa Rosada frente a
una repleta Plaza de Mayo.
Lo recordemos, con la
magia insobornable del archivo:
GRABACION
(Youtube/Perón se dirije a los Montoneros) 1’ 19”. Se la puede
escuchar en el archivo de audio, ubicable en el costado derecho de
este blog.
Mayor claridad,
imposible.
El rigor histórico es
indiscutible e innegociable y más en el terreno de la política.
Por eso llama la
atención, y supongo que a los peronistas les provoca desconcierto,
que un diputado nacional enrolado en su movimiento, haya cometido la
imprudencia de descalificar a un gobernador con un argumento que al
final se le vino en contra.
Las fronteras se vigilan
y controlan desde el nivel nacional.
Porque si se pensara con
la misma ligereza con la que el gerenciador de La Cámpora acusó al
socialista Binner, no sería alocado suponer que la droga ingresa al
pais y se exporta al mundo, por las facilidades que se les otorga a
los narcos desde las altas esferas.
A veces, los
apresuramientos en el afán de conquistar espacios, producen
resultados no deseados.
De mucho sirvieron para
la historia, las encendidas palabras del diputado Larroque.
Al menos dejó en claro,
meridianamente, que ha dejado de ser imberbe.
EL
NARCO VIVIA ENTRE NOSOTROS
En un alarde de
imprudente apresuramiento, se anunció con bombos y platillos que en
nuestro país se había logrado la detención del narco más buscado
del mundo.
Con el correr de las
horas, y no por culpa de Clarín, nos fuimos enterando de algunos
pormenores que desdibujan el éxito de un operativo que para algunos
analistas, mejor hubiera sido que no trascendiera.
La verdad es que la
familia del poderoso narco de nacionalidad colombiana había
conseguido quedarse en Argentina en el 2007, gozando de asilo
político que sin dudas alguien le otorgó.
Ese estatus de privilegio
le duró un año y quedó sin efecto.
En ese tiempo, nació
también en nuestro país un hijo del hombre que venía huyendo de la
justicia como parte de una vida azarosa pero llena de riqueza,
calculada en varios millones de dólares.
Entonces surgen preguntas
inevitables.
¿Por qué se vino aquí?
¿Se radicó en una
tierra donde se sentía seguro de que nadie lo molestaría?
¿Qué trámites
diplomáticos se cumplieron para otorgarle a su familia la condición
de asilados?
Lo gracioso del mensaje
que este muchacho Larroque lanzó con su desafortunada expresión de
“narcosocialismo” que le endilgó a las autoridades de Santa Fe,
es que a las fronteras no las vigilan las provincias, sino la Nación.
Ese muchacho, víctima de
la desmemoria, debiera pedir disculpas.
Disculpas por dos temas.
Por haber ofendido, y por
ser Diputado de la Nación.
VOTO
A LOS 16
No me quisiera arriesgar
en suponer con fundamento que se resolvió hacer votar, o dejar que
voten, a los chicos de 16 años, sin previamente agotar debates y
consultas.
Lo curioso, si es que se
le puede llamar debate, que los involucrados en la cuestión no
tuvieron manera de expresarse porque no recuerdo que nadie los haya
consultado orgánicamente, como para darle algo de seriedad a la
iniciativa más allá de sus costados partidistas.
Los mecanismos de la
participación en este aspecto estuvieron reservados a los adultos,
que para colmo no ocultaron sus segundas intenciones de incorporar
una masa no tan importante de electores.
En los tiempos actuales
que los políticos en general no les caen bien a la sociedad y los
jóvenes ni siquiera tienen en cuenta a quienes los mandan,
encomendarles la cívica tarea de elegir autoridades suena como que a
los chicos, les queda grande.
Porque lógicamente si
están en condiciones y con criterio para algo tan trascendente,
bajemos entonces la edad de imputabilidad, les asignemos otro tipo de
responsabilidades que por el momento nadie les encomendó y dejemos
de tratarlos como jóvenes porque ya son adultos.
Que, por ejemplo, compren
propiedades, que tomen créditos o que se casen sin pedirle permiso a
nadie.
Que puedan entrar a los
cines porno y que tomen todas las bebidas alcohólicas que quieran, y
que nadie ose condicionarlos en ese aspecto.
Y si no están en
condiciones de asumir todas estas responsabilidades, menos lo están
para elegir a quienes nos vayan a gobernar.
LA
DROGA MAS ACCESIBLE
Lo que está ocurriendo
en el país con relación al incremento en la elaboración, el
comercio, el consumo y la exportación de drogas alucinógenas, se
veía venir desde tiempo atrás cuando los argentinos caimos en
cuenta de lo poco que se hacía para evitarlo.
Algunos procedimientos
aislados pretendían hacernos creer que la lucha era a brazo partido,
pero solo caían en manos de la ley los segundones, algunos
vendedores al menudeo y nunca los peces gordos.
Se habla del porro de
marihuana, del paco, de la cocaina y de otros productos más pesados
como el ácido lisérgico y las drogas sintéticas.
Es curioso para la
ciudadanía, que cualquiera sabe en qué lugares se vende, a cuánto
está cada dosis y otros detalles relacionados con este hijaputesco
comercio.
Sin embargo -dos palabras
que nuestros dirigentes nacionales no pueden pronunciar- se ha dejado
al márgen el abuso en la venta de bebidas alcohólicas a menores,
hasta el punto de fomentar esa práctica mediante el pretexto de
distintas celebraciones.
Lo que se anunciaba en
Mendiolaza como explosión en el consumo de fernet, o lo que se
promociona en Villa General Belgrano con la cerveza o cualquier otro
pretexto parecido, son apenas inocentes muestras de una realidad que
desnuda el alarmante crecimiento del alcoholismo cada vez a más
temprana edad.
Es penosamente lamentable
el espectáculo que ofrecen chicos y chicas tirados en las veredas,
cuando amanecen sábados y domingos.
Alguien les vendió el
alcohol y como con la droga, cualquiera sabe donde comprar, menos la
policía.
No considerar como un
peligro la venta libre e indiscriminada de bebidas alcohólicas, es
como estimular su consumo, por las facilidades que existen para
conseguirlas.
Si de manera inmediata no
se aplican correctivos en ese sentido, seguramente las lamentaciones
vendrán a breve plazo.
Y de la misma manera que
con las drogas, por lo menos para una generación, será ya demasiado
tarde.
Porque la droga mata, y
el alcohol también.
ALGO
MAS ACERCA DE LA MEGACAUSA
El jueves pasado se
realizó una marcha de familiares de personas detenidas en el marco
de la megacausa del Registro de la Propiedad.
Medio millar de personas
se reunió en la Plaza de la Intendencia y luego un grupo de
representantes de los afectados se cruzó hasta el edificio de
Tribunales, donde dejó un petitorio destinado al Superior Tribunal
de Justicia.
En el escrito, se indica
“Que el TSJ asegure
"como debe" el cumplimiento de la "Garantía
Constitucional de la Libertad"
"El
derecho exige que el poder punitivo no sea una herramienta para el
castigo sino para la reconciliación; exige que los procesos penales
no vacíen la ley del valor de la justicia, reduciéndola a una
herramienta para la opresión sino para la libertad; exige celeridad
en la resolución de las causas.
Esto
es posible sólo si se cumple con la Constitución que consagra la
inocencia como manifestación primigenia de la dignidad humana.
Todos
los formulismos y elucubraciones que se utilicen para encarcelar a
los ciudadanos ‘por las dudas’, o por que ‘algo habrá hecho’,
o para asegurar ‘la posible condena’, son violaciones
palmarias al orden público internacional de los derechos humanos y
al sentido natural de la justicia.
Por
ello –continúa el documento- solicitamos que, sin tecnicismos ni
intermediación burocrática, el Tribunal Superior de Justicia siente
doctrina legal y resuelva, que en todo el territorio de la Provincia
se cumpla con el mandato constitucional que ordena respetar la
libertad de las personas, que solo puede ser restringida por
una sentencia firme, que demuestre con certidumbre la culpabilidad, y
dictada dentro de un plazo razonable.
Hasta
tanto debe aplicarse el principio de inocencia sin mengua.
Como
Autoridad de la Provincia, el Tribunal Superior de Justicia en pleno,
es el responsable ante la comunidad de la Provincia y de las
naciones, en asegurar la vigencia efectiva y plena de los
derechos humanos, y garantizar, sin retórica académica, su tutela
jurídica efectiva, debiendo tomar las medidas que correspondan".
Debido
a estas situaciones violatorias de derechos constitucionales
elementales que están sucediendo en Córdoba es que el Colegio
de Abogados y la Federación Argentina de Colegios de Abogados han
solicitado una reunión con el Dr Eugenio Zaffaroni.
El
domingo próximo, la alucinante nómina de muertes, suicidios y
enfermedades padecidas por los presos de esta megacausa del Registro
de la Propìedad.
Gonio Ferrari
1 de noviembre de 2012
EL CIRCULO PERVERSO DEL APRIETE Y LA IMPOTENCIA
Es un círculo venenoso que contradiciendo los indiscutibles designios de la geometría, tiene tres aristas definidas: el gremio que nuclea a los municipales, los vecinos y la intendencia cordobesa.
Y el resultado que estamos viendo y padeciendo, es tan lamentable como previsible: no hay conflictos ni asambleas a la vista, los más de 10.000 empleados están contentos, el joven intendente respira aliviado, pero la ciudad es un muestrario del abandono, del caos, del desórden, de la anarquía y con un horizonte más penoso que la realidad actual.
El impuesto al garage más que un nuevo, rebuscado y cómico tributo es el resultado de la creatividad nacida de la desesperación, de la inacción y del condicionamiento "danielista" sobre las finanzas comunales. Tenemos funcionarios muy bien pagos que han permitido y siguen permitiendo el cogobierno sindical y cuya principal preocupación es esquivar los enfrentamientos, aunque Córdoba retroceda y muestre cada día un motivo que nos obliga a ser pesimistas si miramos el futuro con la objetividad que nos impone una realidad tan acuciante como lamentable.
Que nadie se asombre si en el afán por satisfacer a los insaciables, que con toda certeza irán por más frente a la debilidad manifiesta de quienes debieran hacerlos trabajar, el ciudadano deba pagar impuestos por tener timbre, impuesto por la publicidad que supone identificar con un número a su casa, impuesto si se le ocurre pintar el frente, impuesto si usa cortinas en las ventanas, impuesto por estornudar en las plazas públicas, impuesto por barrer la vereda, impuesto por cada descarga del inodoro, impuesto por tomar sol en la terraza, impuesto por tener mascotas, impuesto por cada rollo de papel higiénico, impuesto por bajarse del ómnibus (por subir ya lo está pagando) o impuesto para pararse frente al Palacio 6 de Julio y hacer una catarsis de merecidos insultos hacia las otras dos patas que conforman este oneroso engendro de la inacción.
Si la autoridad es permeable a las demandas y a los caprichos, es porque las presiones son demasiado mafiosas o la espalda política de los que mandan no cuenta con la fortaleza ni la convicción suficientes para imponer la necesaria autoridad. No confundir a esto con el autoritarismo, porque de la misma manera puede ocurrir al comparar los reclamos con la prepotencia y el salvajismo del daño, ambos meticulosamente planificados aunque los dirigentes pretendan colocarse una aureola de santidad e inocencia que incluso exhiben ante la justicia, una justicia en muchos casos ciclotímica y timorata que ha perdido conciencia -o la olvidó- de lo que es la violencia organizada para el apriete.
La aplicación de la graciosa tasa al garage, que es el patético y deshilachado disfraz del nuevo impuesto, en una de esas sirve para recaudar lo necesario que bien se puede destinar a terminar los desagües, a cerrar los aljibes de las calles, a refuncionalizar el sistema de semáforos, a desyuyar las plazas, a pintar las sendas, a recuperar el alumbrado público, a mejorar el servicio municipal de transporte, a reequipar el Hospital de Urgencias y a todo aquello que antes de las elecciones fueron promesas y que se han transformado, ahora, en la síntesis del olvido, la inoperancia y el abandono.
Así como todavía quedan trabajadores municipales orgullosos de su condición, comprometidos con el prójimo y honestos en el cumplimiento de sus tareas, bueno sería hurgar en las entrañas de la planta de personal para saber por qué causas, más de 10.000 empleados con sueldos de lujo no pueden mantener a Córdoba como el vergel, el modelo de ciudad que fue alguna vez.
Gonio Ferrari
Y el resultado que estamos viendo y padeciendo, es tan lamentable como previsible: no hay conflictos ni asambleas a la vista, los más de 10.000 empleados están contentos, el joven intendente respira aliviado, pero la ciudad es un muestrario del abandono, del caos, del desórden, de la anarquía y con un horizonte más penoso que la realidad actual.
El impuesto al garage más que un nuevo, rebuscado y cómico tributo es el resultado de la creatividad nacida de la desesperación, de la inacción y del condicionamiento "danielista" sobre las finanzas comunales. Tenemos funcionarios muy bien pagos que han permitido y siguen permitiendo el cogobierno sindical y cuya principal preocupación es esquivar los enfrentamientos, aunque Córdoba retroceda y muestre cada día un motivo que nos obliga a ser pesimistas si miramos el futuro con la objetividad que nos impone una realidad tan acuciante como lamentable.
Que nadie se asombre si en el afán por satisfacer a los insaciables, que con toda certeza irán por más frente a la debilidad manifiesta de quienes debieran hacerlos trabajar, el ciudadano deba pagar impuestos por tener timbre, impuesto por la publicidad que supone identificar con un número a su casa, impuesto si se le ocurre pintar el frente, impuesto si usa cortinas en las ventanas, impuesto por estornudar en las plazas públicas, impuesto por barrer la vereda, impuesto por cada descarga del inodoro, impuesto por tomar sol en la terraza, impuesto por tener mascotas, impuesto por cada rollo de papel higiénico, impuesto por bajarse del ómnibus (por subir ya lo está pagando) o impuesto para pararse frente al Palacio 6 de Julio y hacer una catarsis de merecidos insultos hacia las otras dos patas que conforman este oneroso engendro de la inacción.
Si la autoridad es permeable a las demandas y a los caprichos, es porque las presiones son demasiado mafiosas o la espalda política de los que mandan no cuenta con la fortaleza ni la convicción suficientes para imponer la necesaria autoridad. No confundir a esto con el autoritarismo, porque de la misma manera puede ocurrir al comparar los reclamos con la prepotencia y el salvajismo del daño, ambos meticulosamente planificados aunque los dirigentes pretendan colocarse una aureola de santidad e inocencia que incluso exhiben ante la justicia, una justicia en muchos casos ciclotímica y timorata que ha perdido conciencia -o la olvidó- de lo que es la violencia organizada para el apriete.
La aplicación de la graciosa tasa al garage, que es el patético y deshilachado disfraz del nuevo impuesto, en una de esas sirve para recaudar lo necesario que bien se puede destinar a terminar los desagües, a cerrar los aljibes de las calles, a refuncionalizar el sistema de semáforos, a desyuyar las plazas, a pintar las sendas, a recuperar el alumbrado público, a mejorar el servicio municipal de transporte, a reequipar el Hospital de Urgencias y a todo aquello que antes de las elecciones fueron promesas y que se han transformado, ahora, en la síntesis del olvido, la inoperancia y el abandono.
Así como todavía quedan trabajadores municipales orgullosos de su condición, comprometidos con el prójimo y honestos en el cumplimiento de sus tareas, bueno sería hurgar en las entrañas de la planta de personal para saber por qué causas, más de 10.000 empleados con sueldos de lujo no pueden mantener a Córdoba como el vergel, el modelo de ciudad que fue alguna vez.
Gonio Ferrari
CON LOS DISCAPACITADOS, NADA NUEVO: HITLER TAMBIÉN LO HIZO
Obviamente debemos antes que nada salvar la enorme distancia que marca la historia, en la relación entre la sistemática eliminación o masiva eutanasia de discapacitados que instrumentara el nazismo hitlerista, Es ciertamente lógico poner en duda que pudiera existir alguna analogía en materia de procedimientos, pero lamentablemente los resultados si bien -y por fortuna- no son idénticos, patentizan un soberano menosprecio a la condición de ser diferente: en Alemania era la muerte y entre nosotros es la marginación impuesta por quien tiene la obligación de erigirse en Estado protector.
La quita de reintegros por prestaciones a personas de capacidad diferente por parte de la Superintendencia de Servicios de Salud, organismo nacional, es una burla que cae pesadamente sobre el repetido discurso de la inclusión y descalifica groseramente la práctica de esa actitud tan saludable que es la solidaridad.
No es cuestión de caer en el tremendismo hitleriano que sostenía que la guerra era el mejor momento para eliminar a los enfermos incurables, por la existencia de personas que no coincidían con el concepto de la "raza superior" y las discapacidades físicas o mentales transformaban a esos seres en inútiles para la sociedad y una amenaza para la pureza genética aria, redondeando el espantoso concepto que no merecían la vida.
Y en una especie de lenta y masiva eutanasia, si finalmente se concreta la medida de marginarlos de la atención médica que necesitan, los discapacitados argentinos pasarán a ser los parias expulsados de una sociedad que tiene la obligación de brindarles cobijo, apoyo médico científico y cariño, porque ese cariño no es tan solo una caricia sino la contención y especialmente la integración que ahora se les niega.
A ellos, a los discapacitados, es injusto agregarles otro motivo de sufrimiento aparte del que deben sobrellevar y hacerles sentir el rigor de la marginación que es pariente cercana del desprecio.
Tampoco las familias tienen la culpa ni merecen que un Estado con actitud abandónica, displicente o burocrática, los libre a su suerte y les impida brindar a sus seres queridos la atención y la protección que su condición reclama y merece.
Expulsarlos del sistema es condenarlos doblemente: a padecer la marginación y a soportar la hipocresía de quienes se llenan la boca con la palabra inclusión y lo primero que hacen es deshauciarlos y confinarlos a las sombras y la injuria del abandono.
Nuestros discapacitados por lo que son; por lo que sufren; por el amor que necesitan, no merecen ser víctimas de tamaño desamparo.
Gonio Ferrari
La quita de reintegros por prestaciones a personas de capacidad diferente por parte de la Superintendencia de Servicios de Salud, organismo nacional, es una burla que cae pesadamente sobre el repetido discurso de la inclusión y descalifica groseramente la práctica de esa actitud tan saludable que es la solidaridad.
No es cuestión de caer en el tremendismo hitleriano que sostenía que la guerra era el mejor momento para eliminar a los enfermos incurables, por la existencia de personas que no coincidían con el concepto de la "raza superior" y las discapacidades físicas o mentales transformaban a esos seres en inútiles para la sociedad y una amenaza para la pureza genética aria, redondeando el espantoso concepto que no merecían la vida.
Y en una especie de lenta y masiva eutanasia, si finalmente se concreta la medida de marginarlos de la atención médica que necesitan, los discapacitados argentinos pasarán a ser los parias expulsados de una sociedad que tiene la obligación de brindarles cobijo, apoyo médico científico y cariño, porque ese cariño no es tan solo una caricia sino la contención y especialmente la integración que ahora se les niega.
A ellos, a los discapacitados, es injusto agregarles otro motivo de sufrimiento aparte del que deben sobrellevar y hacerles sentir el rigor de la marginación que es pariente cercana del desprecio.
Tampoco las familias tienen la culpa ni merecen que un Estado con actitud abandónica, displicente o burocrática, los libre a su suerte y les impida brindar a sus seres queridos la atención y la protección que su condición reclama y merece.
Expulsarlos del sistema es condenarlos doblemente: a padecer la marginación y a soportar la hipocresía de quienes se llenan la boca con la palabra inclusión y lo primero que hacen es deshauciarlos y confinarlos a las sombras y la injuria del abandono.
Nuestros discapacitados por lo que son; por lo que sufren; por el amor que necesitan, no merecen ser víctimas de tamaño desamparo.
Gonio Ferrari
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