30 de diciembre de 2021

La oficialización del vicio

EL COVID LETAL, LOS MIEDOS Y SU
NOCTÁMBULO APROVECHAMIENTO
 
   Pensar que más de un incauto cordobés debe haber soñado con un debate amplio, fundamentado, provisto de bases científicas y sensibilidad social, cuando no quedaba otra -como ocurrió- que llevar la dignidad política al matadero y poner a consideración un instrumento legal que posibilitara -en tan sólo 15 minutos- que la creciente pobreza cordobesa en una especie de maldito delivery, fuera llevada a domicilio.
   Y como muchos de los llamados “instrumentos legales” que son en realidad y por lo general, negociados con maquillaje, siguió la costumbre de una celeridad totalmente contrapuesta a lo que demandan los grandes temas pendientes que se apoliyan “per seculam seculorum” en los escritorios, o pasan a ese nefasto sitio de los olvidos que es la tumba de cualquier archivo.
   Se advierte además, un estudiado aprovechamiento del miedo instaurado en la sociedad a través de la pandemia y sus variadas versiones y vertientes con la previsible reiteración del encierro y sus derivaciones entre ellas el no salir a la calle a protestar, a lo que se suma el tratamiento nocturno de un tema tan sensible.
   De todas maneras debemos ser agradecidos a la Unicameral que con su estructura exagerada para el escaso trabajo que hace en beneficio de la sociedad, ya que al sancionar por curiosa mayoría un mecanismo que beneficiará a unos pocos y fortalecerá la pobreza de los más, nos deja el consuelo a los cordobeses de haber ubicado en la vidriera de nuestra memoria en tan sólo un cuarto de hora, todas las caretas que se cayeron -de una vereda y de la otra- para mostrar el verdadero rostro de la desvergüenza, la inexplicable prisa y un inequívoco aroma que deja el inusitado interés.
   El metálico tintineo de las monedas que se obtienen del juego para aplicar en beneficio de la gente deben transformarse en campanas que repiquen sobre las conciencias de quienes se rindieron a levantar sus manos para legalizar el vicio y enriquecer a sus mentores, de cuya nómina pasan a formar parte esencial.
  Más allá de la suerte que supo acompañar a muchos argentinos a través de apuestas en el fútbol o en sorteos semanales, seguirán las ausencias de grandes montos alcanzados por la modalidad que ahora se implanta entre nosotros y allá lejos quedan los 9.357.489,41 dólares que ganara una tal Dolores Adams en el Reno Casino Hotel de Nevada, EE.UU. el 30 de mayo de 1992 jugando en una tragamonedas. Entre nosotros quedarán las secuelas de los lamentos, los quebrantos, los hogares destrozados, las viviendas perdidas y los tardíos arrepentimientos.
   Quiera el Altísimo (con el nombre que le quieran asignar) refrescar en la memoria de los responsables que esto sucediera, aquel metálico y sensual tintineo de las monedas como activador del facturero que tiene cada conciencia humana a la hora del íntimo examen de su comportamiento y decisiones. Salvo que alguien y si de acuerdo con la ley tiene el poder y la facultad del veto, aprovecha la oportunidad de pasar a la historia por algo bueno que hizo desbaratando una jugada vil, humillante y vergonzosa cuyos efectos nocivos, degradantes e insalvables, nos irá mostrando el paso del tiempo.
   A la hora de profundizar mi enfoque personal más allá de lo que significa la oficialización de la timba clandestina disfrazada de domiciliaria legalidad, opto por evaluar el término “perdón” por si alguien adhiriera a su otorgamiento y dejo al ciudadano para analizar una formidable sentencia de Shakespeare (para los políticos que no lo sepan se pronuncia “shespier”): “El perdón es casi siempre el padre de las reincidencias”.
Gonio Ferrari

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