11 de abril de 2021

S.L.B.: VACUNACION EN CORDOBA ENTRE CARENCIAS, IMPROVISACIONES Y REMIENDOS - EN SITUACIONES CONFLICTIVAS POCO AYUDA LA HISTERIA - AGRADABLE SORPRESA EN LA PEATONAL - NO HABRA VERDADERA JUSTICIA EN LA MEGACAUSA SI DESIGUALDADES Y – PRIVILEGIOS SIGUEN SUBSISTIENDO - CON MAYORES CONTROLES TENDREMOS MENOS CONTAGIOS - UN MINUTO PARA DESDRAMATIZAR - NARCOTRÁFICO IMPUNE, MALESTAR SOCIAL Y LOS RIESGOS QUE SE INCREMENTAN - ALGO EN COMÚN ENTRE DI CAPRIO Y BOUDOU, ETC.

Desgrabación de los comentarios del periodista Gonio Ferrari en su programa “Síganme los buenos”, edición nº 668 del domingo 11/04/21, difundida en dúplex por AM580 y la FM88.5 ambas dependientes de Radio Universidad Nacional de Córdoba. 

Desorientación en la gente
VACUNACION EN CÓRDOBA: ESTÁ MÁS SUJETA
A IMPROVISACIONES QUE A  LA PLANIFICACIÓN
 
   La manera en que fueron creciendo las expectativas allá lejos -y lejos consideramos ahora a junio del año pasado- cuando en el mundo se comenzó a mencionar esa mágica palabra: vacuna, que era toda una síntesis de la salvación universal, más allá de todos los vericuetos políticos, económicos, ideológicos, empresariales y mafiosos que pudiéramos imaginar acerca de su aparición masiva.
   La desesperación lentamente fue dando paso a la esperanza, el temor a la confianza en el futuro, el encierro a la ansiada y definitiva libertad: en síntesis, fue como si se hubiera producido un reseteado sin fronteras ni diferencias; como si a la mente le hubiéramos colocado el cuentakilómetros en cero y comenzáramos a vivir tiempos venturosos.
   Las cosas se fueron dando más o menos con lo previsible, por eso del juego de tan variados y trascendentales intereses en juego y así fue que se especuló abiertamente con la calidad de cada vacuna según fueran los que las juzgaban, y de acuerdo con la procedencia de las dosis que nos asegurarían indemnidad frente al maldito y minúsculo bicho, que iba aumentando escandalosamente el número de quienes sucumbieron frente a su endiablado y silencioso accionar.
   Y como siempre pensando en función de nuestra posición históricamente tercermundista, asegurábamos al menos íntimamente que estábamos posicionados más cerca del final de la cola que encabezando a las potencias que tendrían su vacuna propia y por lógica, una salvación más segura y sin tanta espera.
   Pasó todo lo que tuvo que pasar, descalificaron a los rusos, a los ingleses, a los yankis, a los chinos, a los cubanos y a otros más pero seguíamos pendientes de la capacidad diplomática y operativa de nuestras autoridades que se movieron con amplitud tanto geográfica como ideológica hasta que comenzaron a llegar las cargas soviéticas y después se agregaron las restantes.
   Dejemos de lado los cuestionamientos emergentes, los errores cometidos, los negocios concretados y todo lo demás, para llegar al día en que comenzaron las vacunaciones con una llamativa pulcritud salvo aquellos casos de los vacunatorios privilegiados, el derrape del científico mayor que en su momento no creyó que el virus se aposentara entre nosotros por la distancia de su origen y algunas otras situaciones.
   Las provincias algo habrán negociado con el nivel superior para no quedar marginadas, cada una se las compuso para organizar los pinchazos y todo empezó a caminar, lentamente y con cuentagotas y aún no sabemos si era por falta de dinero, por nuestros antecedentes de morosidad mundial, por la insuficiente cantidad de frasquitos de vidrio, por las extremas condiciones de temperatura que era necesario contar en los aviones, por la gran cantidad de costosos viajes que se hicieron para traer cantidades reducidas con relación a las necesidades o por otros factores.
   En Córdoba se habilitaron amplios y ventilados recintos para aplicar las vacunas, en especial primeras dosis, con una curiosa concepción acerca de las prioridades etarias, porque muchos jóvenes de la polìtica, del sindicalismo, del empresariado y con conexiones importantes, fueron beneficiarios del pinchazo aunque su cantidad por ser mínima -aunque elevada por la forma con la que tuvieron acceso sin merecerlo ni necesitarlo- no representó un problema mayor.
   ¿Qué pasó luego? Las vacunas comenzaron a escasear, se manipularon las reservas, se cambiaron prioridades, se remendó lo improvisado, mientras crecía el número de infectados al amparo de la irrespetuosidad que muchos demostraron y demuestran tanto por la vida propia como la del prójimo.
   Muchos, demasiados, receptores de la primera dosis quedaron en banda cuando tenían fecha para recibir la segunda, llegaron de Buenos Aires miles de vacunas que no eran las que debían remitir, la desesperación ganó a muchos especialmente de avanzada edad que veían desvanecerse sus ansias y por ahora ellos están en el aire, sin saber còmo superar su desorientación que es pequeña, si la comparamos con la de las autoridades que deben resolver esta cuestión antes que se venzan los efectos de la primera dosis, que inicialmente se aseguró que debía aplicarse entre 21 a 28 días después de la primera pero que luego, frente a la contingencia, mágicamente ese período se extendió a unos tres o cuatro meses según se comenta y al respecto, oficialmente el gobierno provincial sostuvo que ese tiempo de demora “puede extenderse, resultando en algunos casos beneficioso”.
   Que lo sea o no, quedará demostrado en la práctica, pero sin que sean necesarias otras consideraciones, es imperioso que las autoridades regresen a la coherencia de la exactitud en las fechas, porque estas demoras no son una cuestión de plazos, sino de real expectativa de vida frente al crecimiento de la amenaza pandémica en su segunda ola, mientras algunos ya vienen hablando de una tercera.
   Es entendible que existen trabas políticas, económicas, diplomáticas y de otros órdenes, pero es hora que ese valor, el de la vida, sea puesto por encima de cualquier curiosa y deplorable especulación.
 
La “grieta” vuelve a ensancharse
NO SON MOMENTOS DE APELAR A LA HISTERIA
PARA  SUPERAR  SITUACIONES  CONFLICTIVAS
 
   La histeria en cualquiera de sus manifestaciones supone desequilibrio emocional, insatisfacción, consecuencia de frustraciones y equívocos, desencantos, incomprensión y vaya a saber qué otros motivantes son los que la generan y a veces arrastran consecuencias lamentables o se llega a situaciones incontrolables, de extrema gravedad y con derivaciones institucionales que suelen transformarse en insalvables.
   Eso de la descalificación del adversario en cualquier orden no deja de ser una bajeza, o la demostración palpable de la falta de argumentos sólidos que permitan oponer reparos al pensamiento ajeno y a esto, lamentablemente lo estamos viendo crecer en todos los ámbitos de la actividad ciudadana, ya sea en el deporte, en las finanzas, en el empresariado pero especialmente ha pasado a ser una especie de pesado distintivo en las discusiones o en los enfrentamientos políticos o ideológicos.
   El maltrato que en las parejas -conformadas de la manera que ustedes quieran imaginar- se castiga con el peso de la ley, pareciera que la impunidad que le otorgan otros ámbitos donde ocurren los fortaleciera y por eso su crecimiento y abuso que se acrecienta con el paso del tiempo.
   Altos funcionarios del oficialismo nacional y exponentes de la oposición en los últimos días han protagonizado un lamentable espectáculo, que más allá de sus motivaciones puntuales, han dejado para los tiempos y las generaciones venideras la evidencia que la grieta de la que todos hablan, muchos niegan y no pocos sostienen que no existe, se acrecienta y ensancha alimentada por la intolerancia en momentos tan críticos, que es cuando se imponen el buen criterio, el respeto recíproco y en buena medida una necesaria cuota de indulgencia.
   Se pelean como lo hacen o al menos lo hacían las barras de tribunas opuestas en una cancha de fútbol o en otros ámbitos de competencia: se pelean como pendejos calentones pese a estar más cerca de ser jovatos, como si a mayor calidad, le llamemos, de insultos, la ovación de sus seguidores alcanzara a ser mayor.
   ¿No se dan cuenta, pese a los años y eso que le llaman experiencia y sabiduría de ancianidad, que representan un papel deplorable y que así se alejan de plasmar su vocación por erigirse en ejemplos para las nuevas generaciones?
   Así como la histeria no tiene banderas al igual que la estupidez o la imbecilidad, debieran sacar de su fuero íntimo eso que se llama autoestima, quererse un poquito y pensar que su prójimo actuará de igual manera, a igual trato.
   Los medios periodísticos, muchos de los cuales se alimentan y pretenden alimentar al pueblo con basura de esas características incomibles, debieran tener la cautela ciudadana de dosificar esos bocados de porquería que le obligan a consumir a una sociedad que pregonan servir, sin que esto signifique censura sino la aplicación lisa y llana del sentido común y la consideración hacia la gente, aparte del buen gusto de no caer en bajezas que por lo general hablan más de quien las aplica que de quien las recibe.
   Dejen por favor las bravatas para los pendencieros, para los quilomberos de las canchas, de las esquinas o de los boliches de dudosa fama y notoriedad, porque la ciudadanía, el pueblo, no los necesita para saber quien es más bravo, macho o patotero que el otro, sino quien tiene la suficiente grandeza ética y moral para tomarlo como modelo.
   Tengo entendido que en la historia, ningún histérico o histérica ha sido ejemplo cívico para nadie.

Agradable sorpresa en la peatonal
DESTACABLE  ACTITUD EN MOMENTOS QUE
LA SOLIDARIDAD SE HACE IMPRESCINDIBLE
 
   Es común aquel viejo dicho felizmente desvirtuado por muchos episodios de la realidad, cuando sostiene que “nadie regala nada” y al respecto es oportuno citar a Eurípides quien desde el fondo de la historia supo sostener “Dícese que los regalos persuaden aún a los dioses” porque no debe existir entre nosotros una satisfacción mayor que recibir un regalo y no solamente de cumpleaños, o por la graduación, o por un aniversario o por cualquier otra motivación.
   Recibir un obsequio porque es necesario para su destinatario asume el enorme valor solidario de quien lo ofrece y lo entrega, incluso sin saber quién resulta afortunado receptor. Y es cuando cualquiera de nosotros con algo de sensibilidad y compromiso con la sociedad entiende que se trata de una actitud más que digna de ser divulgada, se transforma en necesaria especialmente en tiempos de crisis como los que estamos viviendo.
   Agradable sorpresa reciben quienes pasean por nuestra peatonal, cuando se enfrentan a un cartel, tan casero como sencillo, que ofrece prendas como obsequio para cualquier persona que la necesite, en un gesto que lejos de merecer explicaciones, impone transformarlo en costumbre cuando la generosidad forma parte de toda persona consciente de nuestra realidad de carencias que nos oprime el alma.
   En 9 de Julio 114 “La Rosa” es un negocio pequeño, dedicado a la venta de ropas y seguramente sus responsables poseen sentimientos y percepción como para integrar su criterio solidario a un actual escenario, donde son más las privaciones que los logros y en tal compromiso -silenciosos porque no salieron a vociferar que son generosos- decidieron regalar prendas de vestir, como se puede advertir en el cartel ubicado en un perchero exterior.
   ¿Es un baño de frescura dentro del drama pandémico? ¿Es acaso una manera de llamar a muchos otros comerciantes que pudieran imitarlos? ¿Es una acción de desprendimiento propia de aquellos magnánimos y desprendidos que son practicantes de la caridad y el altruismo? No le busquemos explicaciones al derroche de amor a la sociedad necesitada que lleva implícito este hecho por ahora aislado, pero valioso inspirador de conductas.
   Se impone entonces citar a Ovidio, otro de los grandes pensadores de la historia universal: “Siempre son los mejores recibidos aquellos regalos que toman todo su valor de quien los hace”.
   Si “la Rosa” es una persona, no hace falta que la nominen como tal, porque ya es una ciudadana ilustre.
 
Virtualmente eterna Megacausa
DESIGUALDADES Y PRIVILEGIOS  ALEJAN
LA APLICACIÓN DE JUSTICIA VERDADERA
 
   El principio de igualdad ante la ley, consagrado en el artículo 16 de nuestra Constitución Nacional, establece que todos los seres humanos son iguales sin privilegios de sangre, nacimiento, fueros personales ni títulos de nobleza. 
   En la causa del Registro de la Propiedad de Córdoba tal principio parece bastante marginado cuando se considera por ejemplo que trabajadores y empleados comunes, sin fortuna, contactos ni poder fueron encarcelados, ignorando todo principio de inocencia, con  justificativos  como estar en la agenda o contacto telefónico de otro imputado, mientras que funcionarios de alto rango, poder e influencias,  no fueron si quiera citados a declarar, pese a existir denuncias y acusaciones concretas en su contra.
   Para sumar, mientras estos mismos trabajadores imputados cumplen condenas anticipadas de hasta tres años sin ir a juicio, miembros del Poder Judicial, como el propio Juez que fue denunciado por el Fiscal por recibir coimas, o sus familiares, son velozmente sobreseídos sin ningún juicio, o sus causas guardadas y archivadas con destino de olvido. 
   Y ni qué hablar cuando desde Tribunales se pretende catalogar de chicanas o artimañas a los legítimos reclamos en contra de la prisión preventiva sistemática, mientras se justifican los encierros con indicios, datos insuficientes, hipótesis o convicciones personales de una comisión especial, prohibida por la Constitución, nombrada para este proceso.
   A esto lo confirmó la Corte Suprema de Justicia de la Nación, al concluir que el riesgo y peligro invocado para detener no está fundamentado, que se hace cargo al imputado de la ineficacia del Estado para investigar o que se predicen fugas y vidas clandestinas en personas sin recursos.  
   Con esta desigualdad y reinado de privilegios, aún está lejos la Justicia.
 
¿Etapa de relajamiento?
EL OBLIGADO ENCIERRO DEMANDA SEVEROS
CONTROLES  PARA  EVITAR  MÁS CONTAGIOS
 
   Realmente cuando buena parte de la población mundial aún no ha terminado de digerir, aceptar ni asumir las consecuencias del encierro emergente de la primera ola de esta pandemia cruel, sobreviene la segunda y todavía en el inicio de su ataque no son pocos los que ya vislumbran el arribo de la tercera y son tan disímiles los criterios para manejarse y sobrevivir de esa obligada cárcel, que la desorientación pareciera ser la consecuencia inevitable de cara a la realidad.
   Las ominosas agorerías lejos de acentuar en la gente ese espíritu de resguardarse, de cuidarse, de no exponerse, es como si hubiera despertado un dormido respeto por la libertad aunque le signifique todo lo contrario, que es resultar prisionero de un mal insalvable, con el agravante de su multiplicación hacia la familia y su exterior, precisamente por no mantener una conducta de imprescindible aislamiento.
   Es hora de reinventar actividades caseras tanto educativas como distractivas y más cuando hay pequeños en la familia, siempre difíciles de contener pese a la TV, los jueguitos electrónicos, la meditación adolescente o del abuso del celular.
   Ya el barbijo molesta, el alcohol agrieta las manos, el gel se transforma en pegajoso y las indicaciones de quedarse en casa suenan a expresión autoritaria aunque sean decididas por imperio de circunstancias en resguardo de todos.
   Nuevas medidas preventivas se vienen aplicando desde hace pocas horas, con distintos rigores según sea la gravedad de la situación en el lugar geográfico que se determinen, y en tal sentido las opiniones están divididas, como si se formara una nueva grieta que separe a los prudentes de los descuidados e irrespetuosos de la salud, tanto propia como del prójimo.
   Los nuevos horarios, las limitaciones de movimientos, la prohibición de la circulación nocturna que es un virtual toque de queda, si no se controlan adecuadamente, serán medidas solo declamatorias porque bien sabemos que los argentinos somos por naturaleza rebeldes a que nos condicionen cualquiera de los aspectos de nuestra existencia.
   Entonces las autoridades deben extremar políticas y recursos para que las medidas de aislamiento sean debidamente respetadas, sin miramientos ni excepciones, porque de esas fallas es que surgen los dramas irreversibles, asi se dicte que de tal hora a tal hora queda vedado andar por las calles, que la autoridad aplique la ley con firmeza porque de lo contrario somos todos los que perderemos ese sagrado beneficio que nos otorga el hecho de estar vivos y sanos.
   No se trata de cercar una ciudad, o un barrio, sino de despertar en la gente la responsabilidad de respetar la ley, porque entendemos que se ha instrumentado en beneficio común y no para favorecer la campaña de nadie.
   Porque si no nos cuidamos y descuidamos a los más próximos, las elecciones de las que tanto hablan como si nada raro estuviera ocurriendo en el mundo, pasarán a ser una utopía por falta de votantes.
   Procuremos, con firmeza y responsabilidad, no engrosar las listas de aquellos que ya no están…
 
 
Inocente humorada
UNA ESPECIE DE PAUSA PARA QUE LA
DESDRAMATIZACIÓN SERENE MENTES
  
   Está de más  consignar que el cordobés, por idiosincrasia, es un gran creativo de humor aunque se trate de situaciones dramáticas, siempre y cuando se practique respetuosamente y con la sana intención de atenuar los efectos de alguna desgracia. Por fortuna en estos días de sufrimientos y angustias surge esa inimitable condición de desdramatizar a través de algo gracioso y como tal bien se puede calificar a la intervención de un mediterráneo con relación a la vacunación anti viral. La participación del gracioso personaje puede ser escuchada en la columna de audios, ubicada en la parte superior de la columna derecha de este blog.
 
   “Daños colaterales” de la pandemia
NARCOTRÁFICO IMPUNE, MALESTAR SOCIAL
Y EL CRECIENTE RIESGO QUE YA SE CIERNE
 
   Vemos con creciente alarma especialmente en estos últimos meses de vida realmente irregular en todo sentido, que una de las actividades que viene desarrollando un crecimiento tan peligroso como incontrolable, es la delictiva y basta con leer los diarios, escuchar las radios o seguir todos los episodios de esa naturaleza que incluso en vivo, difunde la televisión no tan solo cordobesa o argentina, sino en el mundo entero.
   Pese a que la policía cordobesa sigue sin informar en detalle como debe ser, todos los hechos delictuosos que se perpetran en el territorio provincial en la creencia que si no se divulgan terminan por no existir, el crecimiento del hampa es abrumador y de nada sirven los controles en los puentes ni la concentración de efectivos y de vehículos en los precintos, porque estamos hartos de sostener que la prevención se hace con presencia, con saturación y no alcanza con desfiles cuando incorporan 20 patrulleros, diez camionetas o 500 nuevos efectivos.
   Y un detalle fundamental es el que alimenta esta explosión delictiva incontrolable, pese a que la fuerza azul en los últimos días ha desbaratado a un par de bandas al margen de la ley que operaban en el territorio cordobés, es el crecimiento también exponencial, del narcotráfico en todas sus etapas: la llegada de la droga, su estiramiento, su venta al por mayor o al menudeo y el ingreso al consumo de personas menores de 15 años.
   Duele advertir, conversando con los vecinos, cuando en muchos casos coinciden en que la policía no ignora dónde, quiénes y a cuanto se comercializan las sustancias prohibidas y hay barrios estigmatizados por ello, pero las fuerzas legales a veces se mantienen alejados de esos sectores con lo que se facilita la proliferación de este flagelo social.
   Además poca es la utilidad que presta un difundido modo de individualizar a los mercaderes por la oportuna y comprometida llamada de ciudadanos a un número telefónico, donde se pregona que no se divulgará el origen de la aportación de datos, porque a quien llama en lugar de preservar su identidad le dan cien vueltas preguntándole la dirección exacta del puesto de venta, de la cocina o de la distribuidora y poco falta para que le pidan nombre, apellido, dirección personal, número de documento y certificado de domicilio.
   Cuando se controle realmente el despliegue de los narcos por donde todos sabemos que andan, es probable que decline la explosión de delincuencia que nos viene afectando, cambiándonos la vida, modificando hábitos y sufriendo cuando un ser querido demora en volver a casa en un día cualquiera.   
   Si la policía, por ejemplo, controlara el desplazamiento de poderosas motos y autos de alta gama en los sectores donde no se entiende su circulación y especialmente después de las 23, con pandemia incluida, tendría las pistas suficientes para pedirle a la Justicia que también suele ser demasiado exigente frente a las denuncias que pretenden ser anónimas, una actuación inmediata.
   En muchos sectores el avance de la delincuencia al amparo de su impunidad, está empujando a que los vecinos se armen por su cuenta y en defensa propia.
   Calculen lo que sería la ciudad si eso se generalizara…
 
Caso verídico llevado al cine
LA EXTRAÑA  HISTORIA DEL DELINCUENTE QUE
PASÓ A SER INSTRUCTOR DEL LADO DE LA LEY

   Les voy a comentar, aunque no vayan a creer que quiero erigirme en crítico de cine porque es una especialidad periodística que merece mi amplio respeto, especialmente cuando me acuerdo de valiosos exponentes de esa disciplina como lo fuera el desaparecido y querido colega Daniel Salzano o el aún vigente Ricardo “Perro” Cèsari, una deliciosa película que pese a que me cansé de ver cada vez que la anunciaron por TV, me cautivó por su desarrollo, su definición y la profunda moraleja que deja para la posteridad, incluso la argentina.
   El actor principal es Leonardo Di Caprio y la titularon “Atrápame si puedes”, la verídica historia de un jovencito que desde más o menos sus 18 años de edad, pintón y cautivante, comenzó por falsificar documentos, apareció como piloto de aviones al servicio de una importante empresa aérea de los Estados Unidos, dictó cursos a candidatas a azafatas, terminó casándose con una de ellas y mientras tanto, para despuntar el vicio de su habilidad predilecta, elaboraba cheques tan pero tan bien hechos, que cuando se iban descubriendo despertaban la admiración tanto de los afectados  por esas maniobras como de los pesquisas que seguían sus andanzas sin poder detenerlo.
   Les hizo una de cada color, cobraba sin problemas los cheques truchos,  una vez lo sorprendieron, el detective lo apresó y minutos antes de llegar en un
vuelo a Nueva York el pibe y su captor, logró huir escapándose desde el baño del avión que tanto conocía, hasta el habitáculo del tren de aterrizaje por donde ganó la libertad apenas aminoró la marcha de la aeronave en la pista, mientras su detective se tiraba de los pelos viéndolo desde la ventanilla como Di Caprio huía ganando su libertad.
   Hasta que cayó preso y despertó aún más admiración, tanta que por la perfección de su trabajo ilegal que lo hiciera transitoriamente millonario, fue convocado por el departamento de Estado de los Estados Unidos para instruir a los investigadores de hechos similares, todo esto a cambio de su libertad.
   En una palabra, un delincuente sabio que sabía el terreno que pisaba y conocía las reacciones que generaba. Así terminó la película que les aconsejo ver.
   ¡Ahhh! Y antes de olvidarme, debo comentarles que el dentro de unos días en la Universidad de Buenos Aires, Amado –Aimeé para sus íntimos- Boudou, condenado por haber querido vender una imprenta donde se imprimía nuestra moneda nacional, será expositor o sea que dictará una conferencia en esa casa de altos estudios.
   El tema que abordará nuestro ex vicepresidente de la Nación será “Casos emblemáticos de Noticias falsas y guerra jurídica”, en el marco de la carrera de Comunicación Social o sea de Periodismo, dentro del programa “El periodismo argentino en su laberinto”.
   Será el lunes 3 de mayo próximo y seguro Di Caprio no se lo perdería, por eso de alguna afinidad… ¿No le parece?

9 de abril de 2021

Sorpresa en la peatonal

DESTACABLE ACTITUD EN MOMENTOS QUE
LA SOLIDARIDAD  ES MÁS QUE  NECESARIA
 
   Es común aquel viejo dicho felizmente desvirtuado por muchos episodios de la realidad, cuando sostiene que “nadie regala nada” y al respecto es oportuno citar a Eurípides quien desde el fondo de la historia supo sostener “Dícese que los regalos persuaden aún a los dioses” porque no debe existir entre nosotros una satisfacción mayor que recibir un regalo y no solamente de cumpleaños, o por la graduación, o por un aniversario o por cualquier otra motivación.
   Recibir un obsequio porque es necesario para su destinatario asume el enorme valor solidario de quien lo ofrece y lo entrega, incluso sin saber quién
resulta afortunado receptor. Y es cuando cualquiera de nosotros con algo de sensibilidad y compromiso con la sociedad entiende que se trata de una actitud más que digna de ser divulgada, se transforma en necesaria especialmente en tiempos de crisis como los que estamos viviendo.
   Agradable sorpresa reciben quienes pasean por nuestra peatonal, cuando se enfrentan a un cartel, tan casero como sencillo, que ofrece prendas como obsequio para cualquier persona que la necesite, en un gesto que lejos de merecer explicaciones, impone transformarlo en costumbre cuando la generosidad forma parte de toda persona consciente de nuestra realidad de carencias que nos oprime el alma.
   En 9 de Julio 114 “La Rosa” es un negocio dedicado a la venta de ropas y seguramente sus responsables poseen sentimientos y perceptividad como para integrar su criterio solidario a un actual escenario, donde son más las privaciones que los logros y en tal compromiso -silenciosos porque no salieron a
vociferar que son generosos- decidieron regalar prendas de vestir, como se puede advertir en el cartel ubicado en un perchero exterior.
   ¿Es un baño de frescura dentro del drama pandémico? ¿Es acaso una manera de llamar a muchos otros comerciantes que pudieran imitarlos? ¿Es una acción de desprendimiento propia de aquellos magnánimos y desprendidos que son practicantes de la caridad y el altruismo? No le busquemos explicaciones al derroche de amor a la sociedad necesitada que lleva implícito este hecho por ahora aislado, pero valioso inspirador de conductas.
   Se impone entonces citar a Ovidio, otro de los grandes pensadores de la historia universal: “Siempre son los mejores recibidos aquellos regalos que toman todo su valor de quien los hace”.
   Si “la Rosa” es una persona, no hace falta que la nominen como tal, pero ya es una ciudadana ilustre.
Gonio Ferrari

4 de abril de 2021

S.L.B.: LA FÁBRICA DE POBRES YA ES INDUSTRIA NACIONAL - A 39 AÑOS DEL ETÍLICO ERROR MILITAR - EL CASO DE BLAS EN LOS EE.UU. - LA MEGACAUSA CON ANSIAS DE LIBERTAD Y DE VIDA - DESORIENTACIÓN CIUDADANA ALREDEDOR DE LAS VACUNAS - LA PASCUA CRISTIANA Y UN SONETO LUNFARDO - ES IMPERIOSO QUE SE ACTUALICE PÚBLICAMENTE LA SALUD DEL SR. PRESIDENTE - UN COMENTARIO CON 6 AÑOS DE VIGENCIA.

Desgrabación de los comentarios del periodista Gonio Ferrari en su programa “Síganme los buenos” del domingo 4/4/21 difundido en dúplex por AM580 y la FM88.5 ambas dependientes de Radio universidad Nacional de Córdoba.


Somos un país rico y por eso duele tanto
FABRICAR POBREZA MÁS ALLÁ DE LA INDIGNACIÓN ABRE
SOSPECHAS ACERCA DE UNA MANIOBRA PREELECTORAL
 
   La verdad, si dentro de las humanas aspiraciones adhiriéramos a los conceptos de San Lucas debiéramos estar festejando porque él sostenía “Bienaventurados los pobres porque de ellos es el reino de los cielos” y ya tendríamos, al menos casi la mitad de los argentinos, que ir reservando una parcela en tan celestiales lejanías.
   En realidad, se hace necesario convenir que la pobreza elaborada desde el poder, ha servido en muchas ocasiones para consolidar la autoridad de alguna corriente política que a través de la demagogia utilizó y aún utiliza a los pobres para alimentar el asistencialismo, que luego los fortalece porque acudiendo en su ayuda sin el compromiso de trabajar, es que se deja de lado la dignidad para transformar a esos pobres populistas atendidos, en rehenes de las urnas.
   Los tiempos de crisis imponen la creación de trabajo genuino a través de un correcto manejo de la economía, pero los demagogos prefieren instaurar la dádiva, los planes mal llamados asistenciales y todos los organismos del Estado que devienen en bolsa de trabajo especialmente para los seguidores de esas manifestaciones ideológicas a las que poco les importa aquello de la dignidad.
   Vemos con pena e impotencia que desde mediados del siglo pasado al menos en nuestro ubérrimo país donde tenemos de todo durante todo el año, fuimos decayendo en cuanto a demanda laboral. Y muchos han sido los problemas que provocaron una creciente retracción patronal, por factores que en ese sector consideran negativos como lo es la conflictividad gremial, alimentada por una dirigencia sindical que encontró en el enfrentamiento, la manera de fortalecer posiciones para lanzarse luego a la arena política o para eternizarse en la conducción.
   Por eso es que duele tanto la creciente pobreza argentina, especialmente por no merecerla.
   Y otro de los sectores de la sociedad inclinado hacia eso que le llaman “fabricación de pobres” es nuestra Iglesia oficial que amparada en una incomprensible como inhumana hipocresía, su cúpula ostentosa maneja siderales sumas de dinero que bien pudieran ser volcadas en acciones solidarias, precisamente, para que al menos se atenúe esa pobreza que muchos países, incluyendo el nuestro, vienen padeciendo.
   Las únicas excepciones en tal sentido están en el clero comprometido y dispuesto a ocuparse de disminuir la pobreza con acciones más individuales que institucionales.
   “Si una sociedad libre no puede ayudar a sus muchos pobres, tampoco podrá salvar a sus pocos ricos” sostenía John Fitzgerald Kennedy pero la realidad nos viene demostrando que a la opulencia poco le interesan los dramas ajenos.
   El dolor más lacerante es ver, aparte del sufrimiento de los pobres, el aprovechamiento de esa desgracia por parte del poder porque al no instrumentar medidas de real recuperación de la economía, no deja de ser una manera vil de crear más pobreza que luego atienden y se aseguran un caudal electoral que les permite mantenerse y proyectarse en el tiempo.
   Si aquí como en países realmente avanzados en la conciencia de lo que es ayuda social, se impusieran límites a la ayuda creando y alimentando fuentes de trabajo, los beneficiarios de ayuda estatal no debieran votar porque es por tal derecho que pasan a ser, como lo comentara recién, rehenes de un sistema perverso e indigno.
   Más aún, cuando es simple advertir en el poder actual un cierto temor a perder la conducción, lo que significaría también responder a una justicia independiente y no “domesticada” como ahora se la pretende.
   Para asegurarse mayoría legislativa, el voto de los pobres, aunque tardíamente asistidos, puede ser vital.


Malvinas nuestras, un nuevo aniversario
HAN PASADO 39 AÑOS DE AQUEL DÍA QUE
EL PODER MILITAR BUSCÓ PERPETUARSE
 
   Poco hizo el paso del tiempo para mitigar el dolor que dejara la guerra de Malvinas, especialmente en las familias de quienes dejaron allí sus esperanzas, su espíritu de lucha y su propia vida.
   Pasaron 39 años y aún se escuchan reclamos de muchos sobrevivientes marginados del mercado laboral, desatendidos en sus requerimientos de un tardío apoyo sicológico y no pocos transformados casi en parias, mientras para otros sectores existe la obsequiosa política del subsidio, el festival de planes y otras morosas manifestaciones de la demagogia.
   Sentimiento y dolor aparte hacia la respetuosa memoria de aquellos jaqueados por las penurias terrenas, después de su ofrenda a la Patria, que encontraron en la auto eliminación la salida a tanta desidia; a tanta indiferencia y a tan incomprensible olvido e ingratitud.
   Como si la historia reconociera más méritos patrióticos a los que se decían románticos y armados setentistas, que a los que debieron ir a enfrentar la superioridad británica menoscabados por una tecnología bélica notoriamente obsoleta e insuficiente, empujados al previsible infierno por el desborde etílico del entonces presidente usurpador de la Casa Rosada.
   Algún día llegará la hora de la redención para aquellos que no vacilaron en colocarse muy junto a la muerte, amparados por nuestra bandera, el paupérrimo armamento, el frío calando el alma pero con el heroísmo que le aportó calor a sus patrióticas convicciones.
   Será la hora en que unidos y no tan engañados, como estuvimos al menos aquel 2 de Abril, entonemos nuestro Himno recordando el extremo y sacrificado valor de los soldados argentinos.
   Si no hubiera sido por la derrota y el holocausto de tantos jóvenes inexpertos guiados por quienes siquiera habían jugado a la batalla naval en papel cuadriculado, todavía tendríamos régimen de facto.
   Una de las patas de la democracia recuperada, si amamos la justicia histórica, tiene el multitudinario nombre de los titanes del ’82 -ahora cenizas y recuerdos- cuyo fracaso militar significó que empezáramos a ver una luz de esperanza al final del oprobioso túnel de nuestro doloroso pasado de aquellos años de plomo, de secuestro, de capucha, de tortura y de muerte.
   Y las familias de muchos de nuestros soldados pudieron al menos rezarles el dolor contenido durante tantos años, frente a sus restos en las tumbas de los helados confines isleños, nuestros por siempre.
   Por todo eso, y pidiéndoles perdón, sean eternos esos héroes que no pocos optaron por olvidar.
 

El caso Blas en los EE.UU.
FORMAMOS PARTE  DE  ALGUNAS
POCO  HONROSAS  ESTADISTICAS
 
   No se quedó encerrado en los muros provinciales y ni siquiera en los nacionales, aquel gravísimo episodio que protagonizaran elevados funcionarios de la Policía de Córdoba y más de una decena de subalternos.
   Llamó y aún llama la atención que los responsables directos en la escala de importancia como lo son el Ministerio de Gobierno y la mismísima Gobernación se hayan limitado a tibios comentarios y promesas o a ominosos como inaceptables silencios, como si íntimamente el poder se avergonzara de su impericia en el manejo de la fuerza azul.
   Una importante organización estudiosa y analítica del respeto por los derechos humanos en el mundo, con sede en los Estados Unidos de Norteamérica y dependiente de su gobierno, aludió al caso del asesinato a manos policiales del joven Valentino Blas Correa, perpetrado el pasado 6 de agosto, en un reporte de los numerosos casos acaecidos en Córdoba a lo largo del año 2020 y en su informe, señala entre otros conceptos que “la impunidad siguió siendo un problema importante en las fuerzas de seguridad a todos los niveles. La corrupción y el sistema judicial lento y politizado obstaculizaron los esfuerzos para investigar los abusos” señalando además que estos hechos fueron denunciados y las fuerzas de seguridad fueron capacitados en el tema del respeto por los derechos humanos.
   Señala los hechos irregulares que se cometieron en torno del asesinato del joven y detalla la forma en que fuera asesinado, los resultados de los peritajes que confirmaron la gravedad de lo sucedido y no omite el detalle fundamental, que dos de los policías intervinientes en el crimen “estaban trabajando armados esa noche, pese que sobre ellos ya pesaban imputaciones por otros supuestos delitos”.
   La historia es conocida, la familia de Blas aún espera la palabra directa de la máxima autoridad de la provincia y mientras tanto aquella movida sirvió para que en parte se quitara el herrumbre mental que mostraba la conducción policial, se hicieron cambios hasta su cúpula, se aseguró que la seguridad sería recuperada pero los esfuerzos, si se hicieron, dieron escasos resultados.
   El hampa sigue siendo dueña de la ciudad y ataca aquí, la policía por unos días cuida el sector mientras los delincuentes actúan en otros barrios, cuando atienden a uno desprotegen a otros y así, Córdoba es ya una enorme zona roja donde el peligro acecha en cualquier rincón de la ciudad, en su periferia y en el interior provincial con la misma virulencia.
   Ya no existen palabras para calificar la gestión porque han quedado obsoletas la inoperancia, la indiferencia, la falta de insumos, la cuestionable manera de incorporar efectivos como si fuera una bolsa de trabajo para los recomendados políticamente, en fin… es para llegar a suponer que la delincuencia ha ganado la batalla.
   Roguemos que este internacional tirón de orejas sirva para despertar en las autoridades no tan sólo de la Policía de la Provincia, sino en los niveles superiores del gobierno, la voluntad de ocuparse seriamente de instaurar una política integral de seguridad con influencia tanto externa como interna, para que recuperemos la tranquilidad provinciana que tiempo atrás fuera un orgullo tanto de las autoridades como de la población cordobesa.
 
Megacausa del Registro
EN  ESTE PROCESO LA PASCUA  NO  SIGNIFICA
EL  ANSIADO PASO A LA LIBERTAD Y A LA VIDA
 
   Cada domingo de Pascuas se cumple un nuevo aniversario reflexionando sobre el particular manejo de la prisión preventiva realizado en la difundida causa del Registro de la Propiedad de Córdoba.
   En la historia religiosa, la Pascua significa el paso a la libertad y a la vida, después de sobreponerse a la esclavitud, al sufrimiento, el dolor y la muerte, causados por los opresores del momento. Podríamos encontrar un paralelo tangible de esta historia en la causa del Registro, como la esclavitud de un encierro injusto, al realizarse sin juicio previo y contra las normativas de la ley, el sufrimiento y el dolor de la separación familiar, la marginación laboral y el escarnio social, y la muerte, literalmente la muerte, de los que fallecieron en esos años de prisión preventiva sin haber sido nunca juzgados.
   Muertes tal vez evitables, que quedarán como injusticia eterna.
   Y si nuestra Constitución garantiza la vida y la libertad y por ello prohíbe la prisión preventiva, las comisiones especiales o los juicios repetidos, en el mismo paralelo podremos considerar como opresores del momento a quienes, contrariando esas normativas, toman las decisiones en este proceso.
   Pese a la renuencia judicial a recibir críticas por sus actuaciones, los inocentes muertos en la causa, los poderosos denunciados que no se investigan y los beneficiados que no se buscan, son amargo sabor de justicia ausente, en una causa que aún aguarda poder festejar su Pascua.  
 
¿Inmunizan? ¿Completarán la 2ª. Dosis?
DESORIENTACIÓN  CIUDADANA  POR EL  TRATAMIENTO
OFICIAL DE LA FALTA Y EFECTIVIDAD DE LAS VACUNAS
 
   Así como en fútbol los argentinos nos damos el lujo de tener como 40 millones de directores técnicos, en materia de pandemia vamos por el camino que lleva a los 40 millones de epidemiólogos por la seguridad y firmeza con la que se refieren al tema desde el repartidor de soda, hasta los especialistas en dietas mágicas, engordes o adelgazamientos.
   Todos saben de todo, mientras desde las esferas más encumbradas del poder no se consigue unificar no tan solo los conocimientos, sino el claro y adulto mensaje de claridad y orientación que merece una ciudadanía ávida de noticias ciertas; de análisis realmente científicos y no de elucubraciones delirantes o de un regreso a la peligrosa chantocracia.
   Convengamos que en estos últimos tiempos la seriedad no ha sido la característica de las noticias que se divulgaban, que con el paso de pocas horas se transformaban en nubes de humo con las que, también desde el seno del poder, se procuraba maquillar la demagogia encerrada, los anuncios de improbable concreción y otras maniobras propias de la desorientación y esa marcada vocación por el remiendo, el parche y la improvisación.
   Nunca llegaron tantas vacunas como las que pomposamente se anunciaron y las que pudimos recibir, jamás lo fueron en los tiempos de la demanda desde el momento que se asegurara que más o menos por diciembre tendríamos una buena proporción de inmunizados cuando entraron a jugar vacunas de distintas procedencias, pero todas con el rótulo ideológico de su origen.
   A duras penas se movieron las agujas del conteo y con un mínimo cercano al uno y medio por ciento de quienes recibieran el pinchazo, el apresuramiento por ocuparse de la inminente segunda ola llevó a vacunar con lo que restaba en las heladeras -y al margen sea dicho ni esas heladeras se llenaron- mientras por falta de dosis quedaban colgados del pincel muchos de quienes tuvieron la suerte de recibir la primera vacuna, agregándole un detalle que alimentaba la confusión.
   Me refiero al tiempo que debe transcurrir entre un pinchazo y el otro que al principio se dijo que debía ser entre los 21 y los 28 dìas, pero en una de esas la falta de vacunas y de ideas concretas llevó a descubrir, con algo de inestabilidad científica, que dejando tres o cuatro meses entre uno y otro, el efecto sería mejor.
   Todo fue reprogramado y no me vengan con que surgieron imprevistos porque esa fue la excusa inicial que la dieron por superada pocos días después que capotara GGG y que ocupara su lugar una de sus protegidas, sindicada como científica en serio pese a su inclinación por los mensajes a cargo de una payasa.
   El mundo está sumamente jaqueado por el recrudecimiento del mal, por la aparición de nuevas cepas y por la inconciencia generalizada de la gente que aún piensa que esto es joda, que no es tan grave, que el barbijo es una mariconería y que la distancia social y privarse del baile nada resuelven.
   Ha llegado la hora -si es que no la hemos dejado pasar- de tomar las cosas con la celeridad y la dureza que vienen imponiendo las circunstancias que vemos como consecuencias en muchos rincones del mundo, especialmente los que han entrado a la tibieza del verano que ayuda, mientras que a nosotros el invierno nos viene pisando los talones y el alma, reinstalando aquel miedo angustiante y ominoso que nos encerrara e hiciera naufragar a familias, a empresas y a gobiernos.
   Es preciso que cuanto antes se diga oficialmente y por necesaria e imprescindible cadena nacional cuándo llegan las vacunas, qué cantidad es la que recibiremos y de qué manera se comienza a reprogramar, de inmediato, el esquema para las vacunaciones de todos los segmentos etarios, priorizando siempre a los más vulnerables y a las ocupaciones esenciales.
   Porque si se promovió un paro nacional docente por la muerte de un educador, lamentable por cierto, calculen lo que sería que los médicos y afines hicieran lo propio frente a tantos sacrificados exponentes de esas disciplinas que corriendo los riesgos que nos podamos imaginar, fueron carne de cañón.
   Lo digo por todos aquellos a los que ahora estamos llorando, agradeciendo y extrañando…
 
Aunque la casa no esté en orden…
PASCUA CRISTIANA, NOSTALGIAS NO MUY LEJANAS Y
LA  DESACRALIZACIÓN DE  LA PASIÓN EN  UN SONETO
 
   No es un día cualquiera, más allá de sus connotaciones religiosas para el cristianismo y la Humanidad en general y de algunas nostalgias alfonsinistas que nos remiten a jornadas turbulentas de amenazas, caras pintadas y remembranzas de autoritarismos -roguemos- superados por la democracia, y quedaría fresco y actual el marco de la reunión familiar, ampliamente convocante, bulliciosa y por lo general dentro de un tentador escenario gastronómico donde el lucimiento es para el ácido úrico y el colesterol.
   Y al enfocarlo desde el mirador de la fe, es el reencuentro con la vida; es la resurrección de los valores y es, en suma, un anhelo de reconciliación universal y roguemos que al menos sirva para eso.
   En el seno de la familia, que es la base de la sociedad, las rencillas y las diferencias terminan cuando prevalece el atávico y fraternal concepto de unión que la consolida; el amor, la tolerancia y el sentido solidario y se me ocurre que comparándola con la ciudad ocurre lo mismo, pero en escala mayor, porque la ciudad que consideramos nuestra es la casa grande, de la gran familia, donde convivimos.
   Ni que hablar entonces de la situación en la provincia y en el país, que nos demandan siempre mayor indulgencia, para combatir la propia y cerrada incomprensión que por lo general se ha enquistado en muchos de quienes nos gobiernan.
   Que esta Pascua, fiesta religiosa para la mayoría, y sin distinción de creencias, sirva también a la hora de plantearnos la reconciliación nacional, en momentos críticos para los argentinos postergados y marginados, azotados por el fantasma de un virus inclemente que resiste y avanza pese a la ciencia, algunas buenas intenciones y también los errores, las falencias y los parches con los que se pretende desde el poder universal llegar a dominarlo y desterrarlo.
   Pero es, de cualquier manera, un día de reencuentros en la familia que bueno sería proyectarlos a todos los niveles de la sociedad, como la nuestra, que más se alimenta de desencuentros que de acuerdos. Estos últimos tiempos han estado signados por la profundización de una grieta que separó familias y amigos, porque desde el poder se aplicó sin sutilezas el perverso estilo de dividir para reinar.
   No es hora de palabras, de discursos ni de censuras a esas actitudes que los argentinos buscamos superar con respeto, tolerancia y armonía, sentimientos imprescindibles para el sostenimiento del sistema democrático.
   Entendamos de una buena vez que hacer sinónimos entre opositores y enemigos, acentuará la postración de la que se intenta salir para superar todos los problemas que nos aquejan y disipar los nubarrones que aparecen en el horizonte argentino.
   En un país tan rico como el nuestro, no merecemos padecer las secuelas de la corrupción, de la inflación, de la rapiña. Demasiados han sido los sacrificios vividos en los últimos años -y no tan sólo en la pasada década- como para que pongamos a prueba otra vez nuestra capacidad de superar los temporales porque siempre dejan campo arrasado.
   A la hora del abrazo, de augurarnos paz y felicidad, lo hagamos con la fortalecida convicción del sacrificio y la grandeza por la que tantos cayeron y será el mejor homenaje a quien por nosotros, murió en la cruz.
   Porque ser parte de un espejismo no es mágica solución a los problemas ahora que en la madurez no soportamos la cosmética.
   Al margen les comento que Enrique Otero Pizarro, nació en Córdoba allá por 1915, fue un atildado sonetista, parafraseó a Lope de Vega y abordó temas tan delicados y hondos como el de ciertos pasajes bíblicos que se refieren a Jesucristo.
    Para nada irreverente resulta su desacralización, aunque sí grotesca por la conjunción de gracia y patetismo que alcanza especialmente con la utilización del lunfardo, ese lenguaje de los bajos fondos rioplatenses.

   El drama del Gólgota en la visión de Otero Pizarro y en
 el mencionado argot, es una magnífica creación que llamó “Dos ladrones”, un soneto para guardar, respetuosamente:
 
Hay tres cruces y tres crucificados.
En la más alta, al diome, el Nazareno.
En la de un güin lloraba el chorro bueno
mangándole el perdón de sus pecados.
 
Escracho torvo, dientes apretados
mascaba el otro lunfa el duro freno
del odio y destilaba su veneno
con el rechifle de los rejugados.
 
¿No sos hijo de Dios? ¡Dale! ¡Bajate!

¿Sos el rey de los moishes? ¡Arranyate!
¿Por qué no te bajás? ¡Dale, che guiso!
 
Jesús ni se mosquió. ¡Minga de bola!
Y le dijo al buen chorro estate piola
que hoy zarparás conmigo al Paraiso.
 
Necesarias explicaciones:
“al diome” es el lunfardo “vesrre” de “al medio”.
“arranyate” significa “arreglátelas”.
“guiso” equivale a imbécil, tonto
 
Por la integridad republicana
BUENO SERÍA QUE SE ACTUALIZARA PUBLICAMENTE
EL ESTADO DE SALUD DEL PRESIDENTE FERNÁNDEZ
 
   Quiero o al menos pretendo ganarles de mano a todos los maledicentes de cualquier color político que apenas se enteraron que el Sr. Presidente Fernández había dado positivo en un test de Covid, se lanzaron primero hacia adentro y luego haciéndolo trascender, a divulgar una serie de pronósticos alarmistas que conectaban esa situación con algunas apetencias de poder que por la historia reciente todos conocemos y tonto sería negarlas.
   Es cierto que algunos detalles llaman la atención, como por ejemplo que habiéndose vacunado a mediados de enero, día más o día menos y recibido la segunda dosis en término, haya terminado contaminándose, y por respeto y cariñosamente desde la tarima que me sostiene en mis casi 82 pirulos, que merecen tanto la investidura como su condición humana, las usinas de rumores siempre fueron para algunos indeseables de la mala polìtica y del mal periodismo, una bastarda ocupación desestabilizadora.
   Esos agoreros son los reales enemigos de la democracia, en estos momentos que la unión entre los argentinos debiera ser el común desvelo de todos porque al país lo salvamos entre todos o no lo salva ni Mongo.
   Por fortuna se comenta desde el seno del poder que el mal, en su estado actual, no es preocupante para la salud presidencial, así que se impone seguir muy de cerca y todas las veces que sea necesaria, la evolución de su estado y aunque suene hueco, hasta sería aconsejable su aparición diaria en micros de cadena nacional, para que el Dr. Fernández en persona nos ofrezca sin intermediarios, un panorama de su salud.
   Nada mejor que hacerlo así, sin odiosas intervenciones foráneas, para que los argentinos respetuosos de la imagen presidencial y su investidura como símbolo, tengamos la tranquilidad de no ser desviados por carriles que la desinformación, aviesamente, suele frecuentar.
 
Comentario de agosto de 2015
CASI COMO SI NADA HUBIERA CAMBIADO Y
SIN MODIFICARLE SIQUIERA UNA PALABRA
 
   “De ninguna manera la intención es ventilar un pretendido análisis sociológico de la evolución y la realidad que está viviendo la sociedad argentina ni poner al descubierto lo que primero fue una sensación, se desarrolló creciendo como impensada cultura y se instaló en un trono que es más para sentar allí a los olvidos que a la cruda y dolorosa actualidad nacional.
   Cuando la ominosa barrera del miedo, la capucha y el silencio se quebró con la recuperación de la democracia allá por el ’83 creímos haber ingresado a un paraíso duradero, enaltecedor de nuestra calidad de vida y superador de tantas instancias dramáticas que nos tocara padecer a los argentinos.
   Recorrimos caminos de concordia dentro del disenso y las diferencias en el terreno político e ideológico se zanjaban con el debate encendido aunque enriquecedor; con la sana exposición de ideas y proyectos; con la revitalización del diálogo como instrumento de armonía en la saludable variedad del amplio espectro de la intelectualidad.
   La maduración que se venía operando en nuestra forma de pensar, de asumir las complejas y adversas circunstancias y de obrar con el ánimo de mejorarlas, se empezó a deteriorar cuando una incipiente soberbia se instaló urnas mediante en el poder, enarbolando estandartes de viejas y sufridas antinomias y tomando como de exclusiva propiedad la lucha por los derechos humanos, tan vulnerados por los malos cuarteleros que asaltaron la Patria en el ’76.
   De allí a la instauración de cierto fanatismo que no admite pensar distinto y se atribuye la propiedad de la palabra bíblica, transcurrió muy poco tiempo para que raudamente se erigiera en fundamentalismo tanto en lo político al igual que en lo ideológico y lo económico, con una peligrosa tendencia a descalificar, cerrar diálogos, manipular la Justicia y bajo el pretexto de luchar contra  corporaciones mediáticas, edificó la propia que crece con los dineros de todos pero con el mensaje único del modelo.
   Así las cosas, “fabricando” pobres que pasaron a ser parte de la realidad pero no de las estadísticas, desde el poder se fortaleció la poco digna política del subsidio que es enemiga del trabajo, de la producción y del desarrollo pero que alienta la continuidad del asistencialismo y la comida demagógica disfrazada de justicia social, elementos todos que al final de la rueda transforma a esos carenciados en rehenes de las urnas.
   Más allá de los inocultables logros alcanzados en distintos órdenes de la vida nacional -es obligación de todo gobierno trabajar para la gente y no sólo para el aplauso- queda el amargo sabor de la prepotencia en muchos aspectos, los desmanejos de la economía, las mentiras estadísticas, la superpoblación de los organismos del Estado, el manejo discrecional del presupuesto, la postergación de algunas provincias “no simpáticas” al poder central, los índices de corrupción, el exceso de “yoísmo” en las comunicaciones con el pueblo, la inseguridad que se pretende esconder, la inflación incontrolable que agota nuestras reservas, el brutal crecimiento del narcotráfico padre y señor del hampa enquistada, el escaso respeto por tantos miles de ancianos que después de haber dejado buena parte de sus vidas en el trabajo, están sometidos a necesidades cobrando como jubilación menos de lo que fija la línea de pobreza; el escaso criterio oficial para el manejo y la atención de prioridades … en fin, situación actual que solo beneficia a los especuladores y a los amigos del poder.
   Por eso cuando el asistencialismo se disfraza de solidaridad se inyecta en parte de la opinión pública -los beneficiarios- una sensación irreal de un bienestar que no es tal o no existe, pero son ellos -los gobernantes-  principales sostenedores de un sistema perverso que deriva lógicamente en fundamentalismo para la defensa de tantas ventajas a costa del sufrimiento ajeno.
   Este panorama lleva a pensar que ciertos procederes antipopulares no encierran el objeto “de constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general…” que son postulados constitucionales.
   Tal propensión a convencernos que vivimos en el país de las
maravillas y que toda opinión en contrario no merece ser escuchada y menos tenida en cuenta, ha llevado a desarrollar mentes en la obcecación del discurso único e inapelable, lo que en buen romance es una grosera forma que asume la prepotencia que es el umbral de las tiranías.
   Apena entonces y no es nada grato advertir el profundo e impensado cambio observado en la sociedad argentina en estos últimos años, porque se pasó del debate a la intolerancia, se fracturó el sentido solidario, se dividieron familias y se disgregaron sólidas amistades.
   La soberbia y el capricho no son estilos aceptables para gobernar ni siquiera un club.
   Es una situación que debemos superar entre todos regresando a la concordia y al diálogo; a la exposición de ideas susceptibles de ser mejoradas pero sin descalificaciones apresuradas; al debate civilizado que derrote salvajismos, obstinaciones y atropellos; volver a los viejos tiempos de la convivencia entre adversarios y no la actualidad de considerar enemigo y traidor a todo aquel que ose pensar distinto.
   No necesitamos salvadores mesiánicos ni delirantes nostalgiosos que nos sumerjan, sino gobernantes que nos respeten.
   No necesitamos próceres de cartón.
   Casi con desesperación necesitamos patriotas”.
   Aunque usted no lo crea y sin cambiarle una letra, con este comentario cerré uno de mis programas en agosto de 2015.

2 de abril de 2021

Malvinas nuestras, un nuevo aniversario

 HAN PASADO 39 AÑOS DE AQUEL DÍA QUE
EL PODER MILITAR BUSCÓ PERPETUARSE
 
   Poco hizo el paso del tiempo para mitigar el dolor que dejara la guerra de Malvinas, especialmente en las familias de quienes dejaron allí sus esperanzas, su espíritu de lucha y su propia vida.
   Pasaron 39 años y aún se escuchan reclamos de muchos sobrevivientes marginados del mercado laboral, desatendidos en sus requerimientos de un tardío apoyo sicológico y no pocos transformados casi en parias, mientras para otros sectores existe la obsequiosa política del subsidio, el festival de planes y otras morosas manifestaciones de la demagogia.
   Sentimiento y dolor aparte hacia la respetuosa memoria de aquellos jaqueados por las penurias terrenas, después de su ofrenda a la Patria, que encontraron en la auto eliminación la salida a tanta desidia; a tanta indiferencia y a tan incomprensible olvido e ingratitud.
   Como si la historia reconociera más méritos patrióticos a los que se decían románticos y armados setentistas, que a los que debieron ir a enfrentar la superioridad británica menoscabados por una tecnología bélica notoriamente obsoleta e insuficiente, empujados al previsible infierno por el desborde etílico del entonces presidente usurpador de la Casa Rosada.
   Algún día llegará la hora de la redención para aquellos que no vacilaron en colocarse muy junto a la muerte, amparados por nuestra bandera, el paupérrimo armamento, el frío calando el alma pero con el heroísmo que le aportó calor a sus patrióticas convicciones.
   Será la hora en que unidos y no tan engañados, como estuvimos al menos aquel 2 de Abril, entonemos nuestro Himno recordando el extremo y sacrificado valor de los soldados argentinos.
   Si no hubiera sido por la derrota y el holocausto de tantos jóvenes inexpertos guiados por quienes siquiera habían jugado a la batalla naval en papel cuadriculado, todavía tendríamos régimen de facto.
   Una de las patas de la democracia recuperada, si amamos la justicia histórica, tiene el multitudinario nombre de los titanes del ’82 -ahora cenizas y recuerdos- cuyo fracaso militar significó que empezáramos a ver una luz de esperanza al final del oprobioso túnel de nuestro doloroso pasado de aquellos años de plomo, de secuestro, de capucha, de tortura y de muerte.
   Y las familias de muchos de nuestros soldados pudieron al menos rezarles el dolor contenido durante tantos años, frente a sus restos en las tumbas de los helados confines isleños, nuestros por siempre.
   Por todo eso, y pidiéndoles perdón, sean eternos esos héroes que no pocos optaron por olvidar.

Gonio Ferrari